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Lunes 22 de octubre de 2001
 

A la espera de obras salvadoras

 

En diciembre se licitarían los trabajos en la cuenca del Salado

 

  • Las tareas de infraestructura, sin ser la solución definitiva, asegurarían la salida del excedente de agua
  • Pide el INTA que el problema sea analizado sin atenerse a "límites políticos"

 
 
 

Hasta hace dos semanas el ahorro de agua en el suelo era una promesa de buenos rindes agrícolas en la pampa húmeda. Luego, la concentración de lluvias se convirtió en mal presagio. Ahora, sólo en Buenos Aires la inundación cubre 3,5 millones de hectáreas y genera pérdidas por más de 300 millones de pesos.

Mientras el problema se dilata, los productores agropecuarios aún esperan obras de infraestructura que, aunque no ofrecerían una solución definitiva, asegurarían al menos la salida del excedente de agua.

El proceso de licitación de las obras en la cuenca del río Salado incluidas en el Plan de Infraestructura Nacional podría finalizar en diciembre, dijo Daniel Digiusto, subsecretario de Recursos Hídricos de la Nación. Se trata de la conexión de la laguna La Picasa con la cañada Las Horquetas, la adecuación de la capacidad de las lagunas La Salada y Mar Chiquita, la canalización de Las Horquetas y la regulación de las lagunas Gómez y Rocha. Estos trabajos demandarán una inversión de alrededor de $ 100 millones, incluidas las expropiaciones.

La cuenca del río Salado abarca 170.000 kilómetros cuadrados; allí se obtiene el 30 por ciento de la producción nacional de carne y el 25 por ciento de la de maíz, trigo, girasol y soja. Completar el programa de obras, cuyo costo total es de $ 1800 millones, demorará 18 años. Sólo entonces se aliviará el impacto del exceso de agua.

Un problema sin límites

"Para cambiar el panorama en la cuenca del río Salado, ésta tiene que ser vista como un sistema que no respeta límites políticos", señaló Stella Carballo, del Instituto de Clima y Agua del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Castelar. Esa evaluación integral de las inundaciones también apunta al compromiso de los productores en la evaluación de las obras planificadas: "Deben conocer los trabajos proyectados y participar activamente en su desarrollo", sostuvo Carballo.

La funcionaria espera que, así, se evite "la anarquía que fue palpable en el campo durante la inundación de 1987", cuando los propios productores construían canales para sacarse el agua de encima. Carballo propone buscar una solución compartida en lugar de una defensa individual frente al problema. "Mientras no haya una participación interdisciplinaria, no se frenarán las consecuencias de la inundación", aseveró.

Ante la preocupación de los productores, que temen recibir los excedentes aguas abajo sin contar previamente con obras de contención, Angel Maydana, director de Saneamiento y Obras Hidráulicas bonaerense, sostuvo que "los primeros trabajos asegurarán la retención aguas arriba". La decisión de empezar por el área noroeste -justifican en esa dependencia- se basa en la mayor productividad de esas tierras respecto de las del Salado inferior. Sin riesgo de inundación, allí la tasa de retorno es del 21 por ciento.

La provincia prevé licitar las obras a su cargo a principios de 2002. Los trabajos demandarán 85 millones de pesos y comprenden la ampliación de la capacidad de conducción del Salado inferior (para lo que habrá que remover puentes y lomas y construir terraplenes agrícolas), y en el aumento de la capacidad de la laguna de Bragado. También se ensanchará el canal San Emilio, el que se extiende al sur de la ruta 5 y el que va de Bragado a Gómez Cazón.

En el INTA evalúan que no hay una solución hidráulica estructural, dada la magnitud de la inundación. La región afectada comprende el noroeste y el centro de Buenos Aires, el sur de Córdoba, el nordeste de La Pampa y el sur de Santa Fe.

Ya el año último la zona fue castigada por lluvias que superaron los valores históricos.

La falta de piso y la cercanía de las napas presagiaban una situación extrema. Las persistentes lluvias prácticamente paralizan la producción: afecta el movimiento de hacienda, el traslado de la producción láctea y las labores agrícolas.

Analía H. Testa

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Infografía: LA NACION