Una de las prácticas de captura de peces más destructiva que se ha desarrollado hasta el momento es el uso de explosivos para aturdirlos. El problema es que, con el impacto de la explosión, muere todo aquello que se encuentra cercano a los peces.
Esto significa que en los arrecifes tropicales se acaba con la vida de los corales, las estrellas de mar, las almejas, los caracoles, inclusive los gusanos. Pero en nada se compara el nivel de destrucción causado por esta técnica con la destrucción que ocasiona en los arrecifes otra técnica de captura, actualmente mucho más utilizada.
Esta técnica es la captura utilizando cianuro: un buzo desparrama esa sustancia por las grietas de los arrecifes, atormentando a los peces que se encuentran allí. Estos peces flotan hacia la superficie y luego son recolectados con facilidad en una red.
Se los coloca en pequeños contenedores de plástico y eventualmente un porcentaje diminuto de ellos logra recuperarse. De todas formas, esta industria es tan redituable que aunque sobreviva un pequeño porcentaje es suficiente para obtener una buena ganancia.
Los peces de los arrecifes se capturan vivos por dos razones:
1) Para ser servidos en costosos restaurantes europeos, norteamericanos y asiáticos.
2) Para que los dueños de los acuarios de estas mismas tierras prósperas puedan impresionar a sus invitados y clientes con sus preciosas (pero artificiales) muestras de peces de arrecifes tropicales.
Arrecifes en peligro
Semejantes despliegues están causando la destrucción de los ecosistemas albergados por los arrecifes de coral, ubicados a medio mundo de distancia de estos acuarios.
La destrucción se produce porque el cianuro interactúa con la mayoría de los procesos fundamentales del metabolismo, matando todo tipo de vida, tanto plantas como animales; lo que significa que cualquier organismo lo suficientemente desafortunado como para estar presente cuando se aplica el cianuro, muere.
Esto incluye particularmente a los corales, ya que son muy sensibles al cianuro. Primero exudan una mucosa aparentemente en un esfuerzo para purgar el veneno de sus cuerpos. Poco tiempo después, mueren.
Las cabezas del coral tardan muchos años en crecer y las más grandes pueden llegar a tener más de cien años. Así que, aunque fuésemos capaces de detener la captura utilizando cianuro en este preciso instante, deberemos esperar hasta el año 2300 para que nuestros descendientes puedan ver las cabezas del coral del tamaño que tienen las que se están destrozando en estos momentos.
Lo devastador de la captura con cianuro es que un área inmensa de coral puede ser destrozada por una sola persona en un pequeño lapso.
Hacia 1978, tuve un encuentro con alguien que trabajaba con este de método de captura, sólo que en vez de utilizar cianuro usaba cloro. Yo estaba trabajando en Hawaii y uno de los asistentes del proyecto era un buzo.
Había tenido varios trabajos alrededor de Hawaii, hasta que encontró una nueva fuente de ingreso, la captura de peces que viven en los arrecifes, que son considerados una preciada delicia entre los japoneses que viven y visitan Hawaii. Dijo que podría haber vendido "cualquier cantidad".
Un pomo de cloro
La técnica que utilizaba era sumergirse hasta los arrecifes de coral con un pomo lleno de cloro, y cuando divisaba un cardumen de peces adecuados, los arriaba hasta un arrecife y presionaba el pomo para que el cloro se repartiera por las grietas del coral.
Esperaba unos minutos, y luego recogía los peces que a esta altura se encontraban atolondrados y moribundos. El hombre había advertido que probablemente estaba matando los arrecifes, ya que recordaba haber capturado peces en ciertos arrecifes que ahora no eran más que un esqueleto de coral muerto, sin peces en su interior.
Me dijo que tenía que ir moviéndose alrededor de Hawaii para encontrar poblaciones de peces saludables, ya que necesitan "coral que no esté alterado para poder vivir en ellos".
Cuando lo conocí había estado haciendo esta actividad desde hacia varios años, y ya casi completado una vuelta entera alrededor de la isla.
Aunque parezca increíble, este hombre junto con un par de sus compañeros que vendían los peces en el mismo mercado, aparentemente, han arrasado grandes porciones de los arrecifes que se encuentran alrededor de Hawaii. Desde entonces no vive allí. Simplemente encontró un trabajo en Florida donde le pagaban más. "No hay problema", aseguró.
Pescadores de las Filipinas
En las Filipinas se estima que hay 3000 pescadores que utilizan el cianuro. Cada uno mata aproximadamente 50 cabezas de coral por día y trabajan durante 255 días al año, el total de cabezas de coral aniquiladas en un año asciende a 34 millones.
Pero esta cifra es válida por un año únicamente, y la técnica se introdujo en 1950. El número total de cabezas de coral muertas desde entonces se acerca al billón (y esto solamente en las Filipinas).
La presión del comercio de peces vivos ha resultado en una destrucción tan avasallante de los corales de las Filipinas que aunque este país haya dominado el comercio de este tipo de peces, sus arrecifes se encuentran tan destrozados que ya no pueden abastecer la demanda.
Por esta razón el dominio del comercio pasó a manos de Indonesia, Sri Lanka, Maldivas, partes de Micronesia, donde en todos los casos la captura de los peces vivos se basa en la captura con cianuro, lo cual significa que pronto sus arrecifes también morirán por esta práctica.
Tal vez se pueda comprender la dimensión de las consecuencias de la captura con cianuro si se considera que el área con mayor biodiversidad en los océanos, los arrecifes de las Filipinas, pudieron proveer a los acuarios del mundo de peces por tan sólo unas décadas.
Ahora que la captura con cianuro ha destrozado esos arrecifes, la industria (que continúa creciendo a grandes saltos) se está trasladando a otros arrecifes del mundo, destruyéndolos de igual manera.
La próxima tendré más para contarles acerca de este tema, pero esto es todo por hoy.
Por Roger Payne
Especial para LA NACION
Salven a las ballenas