PARIS.– Durante cinco años fue el ministro más expuesto a las rencillas entre la derecha del presidente Jacques Chirac y la izquierda del ex premier Lionel Jospin. Era la época de la "cohabitación", de 1997 a 2002. Pese a ello, Hubert Védrine supo ganarse la estima del presidente en política exterior sin ofuscar al Partido Socialista, al que le debe casi 20 años en las altas esferas del poder.
Comenzó a codearse con la dirigencia de su país en 1981, cuando el entonces recientemente elegido François Mitterrand, amigo de su padre, Jean Védrine, lo convocó al Eliseo. Fue secretario general de la presidencia y luego vocero del gobierno. A mediados de los 90, cuando la enfermedad de Mitterrand avanzaba, Védrine comenzó a ocupar funciones cada vez más importantes hasta asumir, según dicen, "la realidad del poder". Chirac lo nombró en 1997 al frente del Quai d’Orsay, lugar en donde está situado el ministerio francés de Relaciones Exteriores, a orillas del Sena.
En vez de calificarlo como un diplomático en el sentido clásico del término, la revista L’Express lo definió como un "experto en los asuntos del mundo". Analista perspicaz, Védrine es, a los 57 años, "consultor en geopolítica". Desde que abandonó su oficina en el Quai d´Orsay, dice que pudo organizarse para "pensar, viajar y escribir".
Además de calificar de simplista la visión del presidente George W. Bush según la cual todos los problemas del mundo se limitan a la lucha contra el terrorismo, Védrine declaró una guerra abierta al "unilateralismo estadounidense".
Su oficina en el último piso del edificio de un lujoso estudio de abogados es bastante austera. Muy diferente del Salón de la Rotonda, su despacho en el Quai d´Orsay. Un escritorio lleno de papeles, dos computadoras, una biblioteca baja y una mesa redonda constituyen todo el mobiliario. Allí recibe a LA NACION. La única ventana de la oficina da hacia el río. Desde esta oficina de la cours Albert Ier se puede ver perfectamente el ministerio. El ex ministro se sienta de frente a la ventana y mirando el Quai d´Orsay afirma que no excluye volver a ocupar su antiguo cargo otra vez. Védrine espera, con tranquilidad, un cambio de gobierno.
La "hiperpotencia", como denomina él a los Estados Unidos, ¿comienza a mostrar signos de decadencia, al igual que el Imperio Romano? Hubert Védrine aclara que esa expresión no es peyorativa. "Hay elementos de debilidad económica en el sistema estadounidense. Es un país que vive gracias a un endeudamiento colosal. Pero, a pesar de ello, la dominación estadounidense tiene aún varios años por delante. No hay que ver sólo el aspecto militar sino también la economía, el dólar, la cultura, el idioma, el prestigio de las universidades. El de Estados Unidos es un poder que continuará incluso si afronta una catástrofe total en Irak, catástrofe que todavía no se produjo", sostiene.
-¿Lo que pasa en Irak hoy no es una catástrofe?
-Por supuesto que hay aspectos catastróficos de la política estadounidense en Irak, pero se sacaron de encima a Saddam Hussein y hoy se puede pensar que habrá una evolución. Los estadounidenses pueden tener éxito si las cosas no se deterioran en los próximos meses. Los extremistas en Irak quieren que los norteamericanos se vayan lo antes posible. Quieren tomar el poder, pero cada uno por su lado. Sin embargo, la mayoría de los grupos -chiitas, sunnitas y kurdos- no tiene interés en que estalle una guerra civil y que Irak se desmembre. La situación puede seguir así hasta después de las elecciones estadounidenses.
-¿La guerra en Irak fue justificada?
-Fue un error, pero lo que es un error aún mayor es la incapacidad política de la posguerra para solucionar los problemas entre sunnitas, chiitas y kurdos. Todo me parece torpe.
-¿Qué piensa del traspaso de poder a los iraquíes?
-Se traduce como una mejoría en la situación estadounidense. Ahora hay un gobierno iraquí. Se puede poner en duda su legitimidad, pero existe. Funcionará, además, como un pararrayos para Estados Unidos. Es un cierto progreso. Probablemente veamos el despertar de un cierto nacionalismo iraquí, lo que sería algo bueno frente al islamismo.
-¿Qué cambió después del 11 de septiembre?
-El punto de inflexión más importante no fueron los atentados del 11 de septiembre, sino más bien el fin de la URSS, en 1990/1991, momento en que pasamos de un mundo bipolar a uno unipolar. El 11 de septiembre significó un cambio para los estadounidenses, ya que fue un acontecimiento traumático para quienes se consideraban invulnerables. En el mundo global, el terrorismo es global y utiliza todos los medios a su disposición, como en todas las épocas. No debería ser una sorpresa, pero lo es porque los estadounidenses no pensaban que podían ser atacados en su territorio y el resto del mundo tampoco podía imaginárselo. Es un traumatismo extraordinario, una humillación inmensa y un sufrimiento considerable.
-¿Y cuáles son las consecuencias?
-Tiene consecuencias políticas, porque modifica la psicología de los estadounidenses que hoy se sienten en guerra. Pero para el resto del mundo no es una fecha principal. Muchas de las evoluciones que se presentaban en su política ya estaban presentes antes de los atentados. El 11 de septiembre fue un elemento desencadenador.
-¿Marcó el fin de una ilusión?
-El 2000 y el 2001 marcaron el fin de cierto optimismo que se había establecido en el mundo, especialmente en Europa. La creencia en la pacificación del mundo, los valores universales, la solución al problema de Medio Oriente, la aplicación de la Carta Magna de las Naciones Unidas, la prevención de los conflictos. El texto adoptado por las Naciones Unidas al comienzo del tercer milenio, que es una expresión un poco ridícula, es un texto utópico de un idealismo increíble y es probable que no seamos capaces de alcanzar ninguno de sus objetivos, que incluye la reducción del 50% de la pobreza en el mundo en 10 o 15 años. Después de la elección de George W. Bush, del 11 de septiembre, del proceso de paz de Oslo... es el fin de ese período un poco inocente que comenzó en los años 90.
-¿Volvimos a la realidad?
-Volvimos a la realidad, que es la de un mundo duro, en el cual los 6000 millones de habitantes todavía no comparten los mismos valores y hay muchos problemas no resueltos. Muchos pensaron que vivían en una simpática comunidad internacional y en realidad siguen viviendo en la jungla.
-¿Y el 11 de marzo cambió algo?
-El 11 de marzo no tuvo el mismo efecto en Europa que el 11 de septiembre en los Estados Unidos, porque los europeos conviven desde hace siglos con la tragedia. Saben muy bien que es posible.
-Pero hay una diferencia entre el terrorismo de ayer y el de hoy...
-El de hoy es un terrorismo más fuerte, más espectacular y menos comprensible que los otros, pero no es una novedad. Los países de Europa no quedan estupefactos si hay un atentado en su tierra, ya que no tienen ese sentimiento de invulnerabilidad.
-Sin embargo, luego de los atentados del 11 de septiembre y del 11 de marzo, la vida cambió en Estados Unidos y en Europa...
-Ni el 11 de septiembre ni el 11 de marzo son fechas clave. Son acontecimientos trágicos, graves, pero no modifican el hecho de que estamos en un mundo unipolar en donde los idealistas pensaban que los problemas podrían ser resueltos con la Carta Magna de las Naciones Unidas, pero la realidad nos mostró otra cosa. El terrorismo forma parte de un todo, pero no podemos hacer foco únicamente sobre eso. De hacerlo, no comprenderíamos el mundo.
-¿Usted cree que la administración Bush es torpe?
-Sí. El principal error de la administración Bush es haberse alineado a la política del Likud. Es un error grave. La política del Likud es la oposición exacta a la política de Yitzhak Rabin, de Ehud Barak. La derecha israelí no busca una solución al problema palestino, no busca la creación de un Estado palestino. Por eso rechaza a los negociadores. Pienso que es deplorable que Estados Unidos haya adoptado esa política, porque así no puede solucionarse nada e incluso se agravan las cosas. Pero en Europa también hay administraciones torpes, incluso cuando actúan con buenas intenciones. Europa fue muy complaciente durante años con ciertas formas de islamismo radical en nombre de la tolerancia, el respeto de las culturas. En Europa se pensó que el conjunto de la humanidad está compuesto por amables boy scouts. Es ingenuo, y puede ser una concepción trágica.
-¿El terrorismo global busca una justificación en el problema palestino-israelí?
-Para Al-Qaeda la cuestión palestina es un pretexto. Su verdadero objetivo es derrocar el régimen de Riad y tomar el poder en Arabia Saudita. Pero es un pretexto que funciona y que sensibiliza a mil millones de musulmanes desde Marruecos hasta Indonesia.
-¿Opinar sobre todo es una actitud recurrente de los Estados Unidos?
-Los norteamericanos de todas las épocas intervinieron en casi todos los temas. Siempre dijeron a los otros países lo que hay que hacer y no hay que hacer.
-Se puede decir lo mismo de Francia...
-De cierta manera sí, ya que Francia piensa que tiene ideas universales. Francia y Estados Unidos tienen puntos en común en ese sentido, en la declamación.
-¿Compiten entre sí?
-A veces Francia tiene celos.
-¿Pueden Francia y Estados Unidos superar sus diferencias?
-No conoceremos jamás una situación en la que franceses y estadounidenses vayan a estar de acuerdo en todo. Eso jamás existió. Hay que adaptarse a esta idea: tenemos puntos en común y puntos de desacuerdo. Tenemos que aprender a controlar nuestras divergencias sin exagerar.
-¿La política exterior estadounidense puede cambiar si gana las elecciones Kerry?
-Si Kerry gana, bajarán las tensiones que desde hace cuatro años dominan en las relaciones entre la administración Bush y el resto del mundo. Habrá un cambio espectacular en las relaciones con América latina, con Europa y con muchas otras regiones del mundo. Pero no pienso que Kerry tenga una política totalmente diferente. Será más amable, consultará a sus aliados, será menos brutal, el recurso de la fuerza será menos sistemático. Pero Estados Unidos seguirá siendo Estados Unidos. No dejará a los otros dictar su política. Sería ingenuo esperar un cambio total.
-¿Cuál es su visión de América latina?
-Tengo una visión optimista, ya que no olvido el período de las dictaduras. En una época parecía que toda la región estaba bajo gobiernos militares y nadie pronosticaba el regreso a la democracia, que fue bastante rápido y fácil.
-Sin embargo, hoy las sucesivas crisis acarrean las renuncias de presidentes elegidos y generan inestabilidad en la región...
-Tras el regreso de la democracia, muchos quedaron decepcionados. Hay una visión según la cual la democracia no es muy eficaz y habría que encontrar otra cosa. También se nota una vocación populista aún presente en América latina. Hay un riesgo, alimentado por los problemas sociales y económicos. Pero depende mucho de los gobiernos y su capacidad de reformar y disminuir las injusticias y desigualdades sociales.
-¿Qué piensa de la crisis que vivió la Argentina en diciembre de 2001?
-La crisis que tuvo la Argentina fue artificial. Los recursos, el espacio geográfico, la población son cosas favorables para todo el país. Además, no hay fallas en la base, no hay un handicap estructural en la economía argentina. El problema fue por la mala organización social y política.
-Hace unas semanas, un importante funcionario de la administración Bush mostró su preocupación por cómo el gobierno argentino maneja la crisis con los piqueteros...
-No veo en qué lo incumbe. Los estadounidenses pueden tener una opinión sobre todo. Es lógico, pero no creo que sea correcto que deban decirle al gobierno argentino lo que tiene que hacer sobre ese tema.
-¿Cómo ve la integración regional?
-La integración sería importante para la Argentina, porque consolidaría la recuperación económica que ya empezó. También sería útil para América latina en general, región que no veo en el futuro fundida en una amplia zona de libre comercio que vaya desde Canadá hasta Tierra del Fuego. El ALCA es un proyecto muy teórico, muy abstracto, muy norteamericano. Creo que la existencia de un polo entre la Argentina y Brasil, por supuesto, Chile y algunos más, me parece muy importante desde todos los puntos de vista.
-¿Es optimista sobre un acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur?
-No puede haber un acuerdo UE-Mercosur si Europa no cumple con sus compromisos, en especial el agrícola. Hasta ahora, sobre todo en Francia, el compromiso geopolítico que representa esa región sudamericana no se presentó como muy importante. Me parece importante lograr un acuerdo, ya que pienso que el mundo estará más equilibrado si hay varios polos. Pero hay cosas que dependen de los dirigentes latinos.
-¿Cree que para Francia la consolidación de un Mercosur estable y el fortalecimiento de las relaciones comerciales con la UE no son una prioridad geopolítica?
-Cuando había que abrir el mercado a las importaciones agrícolas, Francia se opuso...
Por Patricio F. Arana
Para LA NACION