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La deuda pública, igual que en 2001

Por Nadin Argañaraz Para LA NACION

Domingo 20 de abril de 2008
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El tema de la deuda pública es uno de los aspectos más discutidos de la política económica argentina. El debate al que siempre conduce tiene que ver no sólo con el esfuerzo fiscal coyuntural que implica pagar sus vencimientos, sino también con la carga que impone sobre las generaciones futuras, que no tienen poder de decisión en estas discusiones.

Yendo a la actualidad, un aspecto que a priori puede llamar la atención es que, a pesar de la reducción que implicó el canje de deuda de comienzos del 2005, el stock de deuda actual en dólares es igual al del 2001. El interrogante que se plantea es cómo se ha llegado a esta situación, considerando que el sector público nacional obtiene importantes niveles de ahorro de manera consecutiva desde 2003.

La intención de la presente columna es realizar una breve descripción de la situación actual de la deuda pública argentina y las implicancias de un posible nuevo canje.

El stock de deuda del sector público nacional alcanzó a fines del 2007 los US$ 144.729 millones, cifra 15% más elevada que la registrada en marzo del 2005, apenas formalizado el canje de deuda. Este monto no incluye los holdouts por US$ 28.857 millones, pero sí la deuda con organismos bilaterales (como el Club de París, entre otros) por 7400 millones de dólares.

Si bien el endeudamiento nominal habría aumentado en unos US$ 19.500 millones desde la reestructuración, este crecimiento resultó inferior al del producto, con lo cual el endeudamiento relativo se habría reducido. En efecto, hacia diciembre del 2007 el stock de deuda habría alcanzado al 56% del PBI, unos 23 puntos porcentuales menos que en el mes de marzo del 2005.

En 2001, la deuda en valores nominales ascendía a US$ 144.450 millones y representaba un 54% del PBI. Teniendo en cuenta los valores de 2007, se aprecia que tanto en términos nominales como relativos a la economía, los niveles de endeudamiento de ambos años son similares. Esto es así puesto que, a pesar de la fuerte quita que implicó el canje, luego de la devaluación la deuda registró un fuerte aumento, hasta llegar a un máximo de US$ 191.000 millones en el año 2004.

A pesar de las similitudes del nivel de deuda entre el 2001 y el 2007, su estructura difiere entre esos dos períodos.

Un elemento diferencial tiene que ver con la composición por moneda del stock. En el 2001, sólo un 3% de la deuda estaba expresada en moneda nacional. Por el contrario, en el 2007 y como resultado de la reestructuración, el stock está conformado en un 47% por deuda en pesos (39% que ajusta por CER), y el 53% restante por deuda en moneda extranjera. Si bien esto implica una menor vulnerabilidad externa de la deuda, posee la característica de tener una mayor exposición a la tasa de inflación interna del país.

Descomprimida

También resulta importante analizar los plazos de vencimiento y concentración de la deuda. Se observa que mientras en el 2001 durante los tres años subsiguientes vencía un 38% del stock total, actualmente dicho porcentaje es de solamente el 25 por ciento.

En síntesis, si bien es indudable que la situación actual de la deuda pública resulta más descomprimida que la del año previo al default, no hay que olvidar que su nivel, tanto en términos absolutos como relativos al PBI, continúa siendo elevado.

¿Por qué aumentó la deuda desde el canje?

Un interrogante que surge a partir de estas cifras es por qué aumentó el nivel de endeudamiento luego del canje, siendo que el Estado obtuvo ahorro fiscal en este período.

Hay que tener en cuenta que existen numerosos factores que inciden en la evolución de la deuda, que tienen que ver no sólo con el pago de amortizaciones y la emisión de nueva deuda, sino también con factores macroeconómicos como la inflación y el tipo de cambio.

Del aumento de US$ 19.500 millones registrado entre marzo del 2005 y diciembre del 2007, un 64% es atribuible a cuestiones macroeconómicas (la deuda habría aumentado en US$ 15.100 millones por efecto de la inflación, mientras que se habría visto reducida en US$ 2600 millones por variaciones en el tipo de cambio). El restante 36% fue resultado de un endeudamiento neto positivo. Si bien este componente de endeudamiento en sí mismo no ha ido a cubrir déficit fiscal, debería tener como contrapartida un incremento en la inversión financiera del Estado, como por ejemplo una mayor disponibilidad de fondos, o una mayor asistencia financiera a las provincias, entre otras asignaciones.

En los últimos días se ha mencionado la posibilidad de un nuevo canje de deuda, esta vez voluntario, entre los tenedores de bonos próximos a vencer. Al momento de analizar esta situación, es importante tener en cuenta cuáles son los vencimientos de los próximos años. Según las últimas proyecciones, las necesidades financieras para el 2009, 2010 y 2011 se ubicarían en un 4,4%; 3,5% y 3,7% del PBI, respectivamente.

Más vencimientos

El mayor peso de los vencimientos de deuda de los próximos tres años se encuentra en el Boden 2012 (bono creado para compensar a los bancos y ahorristas por la pesificación asimétrica del 2002) y los préstamos garantizados (bonos resultantes del canje voluntario del 2001). En efecto, ambos representan un 55, 53 y 44% de los vencimientos de capital de los años 2009, 2010 y 2011, respectivamente.

De efectivizarse un canje por la totalidad de los vencimientos de amortización e interés de estos bonos (y suponiendo que durante los próximos tres años no hay que realizar pagos de los nuevos bonos a emitir), el Estado nacional vería reducidas sus necesidades financieras a un 2,4% del PBI en el 2009, 2% en el 2010 y 2,4% en el 2011.

En efecto, si se lograse mantener un superávit fiscal primario del 4% del PBI en el período 2009-2011, de efectivizarse un canje como el supuesto se podría contar con un excedente de liquidez total cercano a los US$ 18.600 millones.

Dejando de lado la posibilidad de una cancelación anticipada de otras deudas, estos fondos podrían ser utilizados para financiar la inversión inicial que implica una reducción de impuestos o por el contrario posibilitar un aumento de gastos. En este sentido, resulta esencial que la asignación de recursos se haga teniendo en cuenta la sostenibilidad del crecimiento económico argentino y no objetivos cortoplacistas.

En la medida que se avance en un canje voluntario de deuda seguramente habrá una discusión sobre sus características intrínsecas. Desde mi punto de vista, sin ignorar en absoluto lo anterior, la discusión de fondo tiene que pasar por el destino que tendrán los excedentes de liquidez, en caso que existan.

El próximo domingo: el columnista invitado será Roberto Cachanosky.

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