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"El neoliberalismo no es democrático"

En su nuevo libro, Naomi Klein postula que el capitalismo avanza aprovechando las crisis como oportunidades de negocios

Martes 22 de abril de 2008
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Cuenta Naomi Klein que fue ver la invasión norteamericana a Irak desde la Argentina, en 2002, lo que disparó en ella la idea de su último libro, La doctrina del shock , una renovada crítica al neoliberalismo que une Estados Unidos con Chile, Sudáfrica con Irak y Argentina con Polonia y Rusia. Allí denuncia que el libre mercado ha basado su desarrollo en utilizar los desastres naturales y las crisis de todo tipo para hacer avanzar su impulso privatizador.

"Ver el modo en que los argentinos interpretaban la guerra fue una nueva perspectiva. Entendí la violencia con que el neoliberalismo había sido impuesto en el Cono Sur como su primer laboratorio", dice ahora Klein, periodista y activa militante del anticapitalismo, recién llegada a la Argentina, donde tendrá una semana atareada: además de sus presentaciones en la Feria del Libro -estará el viernes, a las 19.30-, viene a filmar material para un documental basado en su último trabajo.

En el libro, un volumen de 600 páginas (editado por Paidós) que le llevó cuatro años de trabajo, Klein, nacida en Canadá, retoma el tono de denuncia y revelación que hizo de su primer libro, No logo , un best seller traducido a 28 idiomas. Describe aquí cómo el huracán Katrina, los atentados del 11 de Septiembre, la invasión a Irak, crisis políticas y económicas en Rusia, China y Polonia, y las dictaduras del Cono Sur fueron aprovechadas para aplicar la doctrina neoliberal.

"La reconstrucción popular está más avanzada en América latina", advirtió Naomi Klein
"La reconstrucción popular está más avanzada en América latina", advirtió Naomi Klein. Foto: Oliver Kornblihtt

"Este libro es un análisis latinoamericano del neoliberalismo", dice Klein a LA NACION, y asegura que aspira a que el texto "dé a la gente algunas herramientas" para poder anticipar las tácticas del capitalismo, hoy más cuestionado, pero aún triunfante.

-¿Hasta qué punto el "capitalismo del desastre" que usted describe es nuevo?

-El uso del desastre para impulsar el capitalismo es un truco bastante antiguo. Uno de sus ecos históricos está en la época colonial, por ejemplo en los relatos de los primeros colonos de América del Norte, que veían las plagas que mataban a los nativos como un trabajo de Dios para limpiar la tierra. Lo nuevo es que los desastres mismos hoy son la frontera para la privatización. El desastre se usa para hacer avanzar la agenda capitalista, pero además hay conciencia de que cada desastre es una oportunidad de negocios para reemplazar al Estado.

-¿Cómo influyó en su análisis el haber vivido en América latina?

-Nunca habría escrito este libro si no hubiera vivido en la Argentina en este período clave del comienzo de la guerra en Irak. Ver el modo en que mis amigos argentinos interpretaban la guerra, que era totalmente distinto del modo en que estaba siendo interpretada en Europa y los Estados Unidos, fue una nueva perspectiva. Entendí la violencia con que el neoliberalismo había sido impuesto en el Cono Sur como su primer laboratorio. Este libro es un análisis latinoamericano del neoliberalismo. Sus ideas son profundamente conocidas y comprendidas en América latina y lo han sido por décadas. El modo en que la historia ha sido contada es que el neoliberalismo tuvo un nacimiento sangriento en América latina y luego creció y se volvió más democrático y respetuoso de los derechos humanos. Pero lo que se ve en Rusia, en Polonia, en China, es que allí había conciencia de estar imitando el modelo latinoamericano.

-¿Qué tiene de particular la "reconstrucción popular" como respuesta al neoliberalismo que usted ve en América latina?

-Dado que el neoliberalismo llegó a América latina primero, el rechazo también empezó aquí antes. La reconstrucción popular está aquí más avanzada, además, porque hay una comprensión profunda de que el neoliberalismo nunca fue un proceso democrático. En ninguna otra parte del mundo hay un rechazo del consenso neoliberal tan claramente articulado, aunque podemos discutir si ese rechazo ideológico se traduce luego en políticas concretas.

-Muchas formas de democracia directa que se desarrollaron luego de la crisis de 2001, como las fábricas recuperadas, que usted conoce, parecen haberse debilitado.

-No estoy segura de que sea así. En la Argentina, el gobierno rechaza la retórica y cierta realidad del neoliberalismo, pero no apoya de manera correspondiente la democracia directa y los mecanismos cooperativistas. Si se mira lo que pasa en Bolivia y Venezuela, se ve que si el Estado lo toma como un modelo económico alternativo, puede crecer muy rápido y ser parte sustancial de la economía. Pero esto no sucede sin apoyo del Estado.

-Justamente, mucha gente piensa aquí que, más allá de un cambio de discurso, la misma dirigencia política se prolonga.

-Lo que se ve aquí es una diferencia muy clara con lo que pasa en Bolivia o Ecuador, donde hay nuevas fuerzas políticas que responden a movimientos sociales. En la Argentina, en muchos aspectos se mantiene una relación de fuerzas tradicional y ésa es justamente la razón de que no haya más apoyo de los Kirchner a modelos como los de las fábricas recuperadas, porque desafían el modelo clientelista. Si la gente dice que no quiere depender de la asistencia del Estado, es una demanda política peligrosa. De todos modos, es mejor que la era Menem.

-¿Es optimista cuando mira el panorama mundial?

-Hay razones para la esperanza, pero también para la precaución. Las resistencias que estamos viendo pueden ser amenazadas por el neoliberalismo. Es peligroso cuando se oye a la izquierda celebrar demasiado la crisis de los mercados. El mundo que queremos tiene que ser creado, no sucederá si lo dejamos a las fuerzas del laissez faire . Soy optimista cuando miro a los Estados Unidos, donde el desastre neoliberal se ha vuelto evidente para los norteamericanos. Pero al mismo tiempo hay una derecha nacionalista muy poderosa que está tratando de apropiarse de ese desencanto. Es increíble la aceptación que ha ganado el discurso racista en los últimos años.

-¿Qué impacto querría que tuviera el libro?

-Este libro intenta preparar a la gente para el próximo shock, porque lo que vimos después del 11 de Septiembre es que estamos a merced de líderes que nos manipulan y pueden destruir nuestras libertades civiles y nuestra democracia, y vender nuestros países a corporaciones. Espero que este libro dé a la gente algunas herramientas para poder anticipar estas tácticas.

- ¿Se preguntó alguna vez si el capitalismo es tan poderoso que puede resistir críticas como la suya?

-Claro que puede hacerlo. Lo único que amenaza al neoliberalismo es un rechazo masivo. Los libros sólo pueden proveer algo de munición intelectual para los movimientos sociales. Eso trato de hacer.

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