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Aristide, un antecedente "traumático"

Miércoles 23 de abril de 2008
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Fernando Lugo no es el primer religioso que logra una presidencia en un país de la región. Existe un antecedente "traumático": el de Jean-Bertrand Aristide, un sacerdote que accedió a la presidencia de Haití en 1991; fue derrocado ese año; volvió al poder en 1994, y fue derrocado de nuevo, en 2004, en su segundo gobierno.

Entre Lugo y Aristide hay varios puntos en común: son líderes carismáticos, han mantenido una tensa relación con la jerarquía eclesiástica, han estado vinculados con la teología de la liberación, han construido su carrera política tras combatir por años la pobreza y han despertado enormes expectativas de cambio.

"Al final de 1990 hubo en Haití un amplio movimiento social de reivindicaciones que se desarrolló al término de la dictadura de Duvalier y en el inicio de la transición", dijo a LA NACION desde Puerto Príncipe el sociólogo haitiano Guy Alexandre.

"Aristide, que ganó por el 67% de los votos, fue la expresión electoral de ese movimiento, pero no la expresión política. El movimiento Lavalas, que impulsó su candidatura, no tenía una visión programática ni capacidad ni instrumentos institucionales para encarar un proceso de transformación democrática del Estado", añadió.

También Lugo encabeza un heterogéneo frente y gobernará Paraguay tras décadas de dictadura y hegemonía del Partido Colorado, pero se desconoce gran parte de su programa.

En cuanto a la relación con la Iglesia, Lugo ha sido suspendido a divinis (lo que le impide ejercer sus funciones de prelado). En el caso de Aristide, la Iglesia intentó sacarlo de Haití en 1988 y los partidarios del sacerdote hicieron una inédita huelga de hambre frente a la catedral de Puerto Príncipe, con lo que finalmente lograron anular la decisión.

"Aristide construyó su personaje político sobre la base de su capacidad como predicador", dijo Alexandre.

"Cada vez que tengas hambre, mira a los que no tienen hambre. Cada vez que estés sin trabajo, mira a aquellos que pueden poner a la gente a trabajar. [...] Y si atrapas a un ladrón o a alguno que no debe estar ahí ¡no dudes en darle lo que se merece!", dijo Aristide en su discurso más famoso (del que se arrepintió luego), poco antes del golpe de Estado de 1991. Salvando las distancias, la prensa ha comparado varias veces los discursos políticos de Lugo con homilías.

Pese a no haber logrado sacar a Haití de la miseria, Aristide, que dejó los hábitos en 1995, sigue siendo popular en el pequeño país caribeño. "Yo tendría la audacia de compararlo con la historia política argentina -dijo Alexandre-. El fenómeno peronista ha seguido largo tiempo desarrollándose en el país. Aquí podríamos estar frente a un fenómeno recurrente de «aristidianismo» hasta que no se construya una alternativa consistente."

El tiempo dirá qué lugar les reserva la historia a Lugo y a su movimiento político en Paraguay.

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