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Se fue Lousteau y lo reemplaza Carlos Fernández, jefe de la AFIP

La dimisión se produjo tras presentar un plan antiinflacionario, rechazado por la Presidenta; había advertido sobre la aceleración de la suba de precios; Cristina Kirchner intentó retenerlo, sin éxito; el nuevo ministro tiene estrecha relación con Néstor Kirchner; seguiría el polémico secretario de Comercio, Guillermo Moreno, enfrentado con el funcionario saliente

Carlos Pagni

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LA NACION
Viernes 25 de abril de 2008
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Martín Lousteau presentó anoche su renuncia al Ministerio de Economía. Su reemplazante será Carlos Fernández. Se trata del economista que sucedió a Alberto Abad al frente de la AFIP. Es un hombre de contacto diario con Néstor Kirchner desde que secundaba a Carlos Mosse en el área de Hacienda del gobierno anterior.

La Casa Rosada volvió a recurrir a Carlos Fernández en una crisis. Ya lo había hecho para reemplazar a Gerardo Otero en el Ministerio de Economía de la provincia de Buenos Aires. Lo mismo que cuando se lo convocó para sustituir a Alberto Abad, quien abandonó la AFIP por su enemistad con el ex titular de la Aduana Ricardo Echegaray.

Durante la mañana de ayer, Lousteau deliberó con Cristina Kirchner sobre disidencias acerca de la gestión de la economía. Por la tarde expuso las razones de su alejamiento ante Alberto Fernández, con el que ya se había encontrado al mediodía. El jefe de Gabinete intentó con insistencia que Lousteau revisara su decisión, pero el economista le explicó que no había posibilidad alguna de hacerlo. “Me voy por motivos que vos mismo compartís”, le dijo a Fernández. La Presidenta recibió el texto de la dimisión a las 21.30.

El desencadenante de la salida de Lousteau fue una nueva disidencia con la política comercial que lleva adelante el Gobierno y que tiene al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, como ejecutor. Pero la razón más profunda de la renuncia se encuentra en la resistencia de la jefa del Estado y de su esposo a cualquier programa de combate contra la inflación.

Lousteau visitó anoche a la Presidenta y a Fernández con varios papeles en la mano. Además de su renuncia llevó un trabajo de tres carillas con un programa de estabilización de la economía. Lousteau les dijo: “Estas medidas son las que, a mi juicio, deberían adoptar en adelante para evitar una crisis grave. Son todas ideas conocidas. En distintos momentos hablamos de ellas, porque te las propuse a vos, Alberto, y a la Presidenta. Creo que si no tomamos estas iniciativas, o algunas muy parecidas, vamos hacia una crisis delicada. No estoy en condiciones de seguir demorando la solución y, por eso, me voy. Tal vez nos dirigimos al mismo objetivo, pero por caminos muy distintos”.

Anoche, la señora de Kirchner; su esposo; Alberto Fernández y el secretario legal y técnico, Carlos Zannini, deliberaron, en medio de la sorpresa, en Olivos, sobre la identidad del nuevo ministro. A medianoche recibieron a Carlos Fernández y dialogaron sobre el destino del ministerio.

Martín Redrado, a quien Kirchner sondeó hace dos semanas, les manifestó a varios amigos durante las últimas 48 horas su resistencia a asumir como ministro si no es con condiciones muy distintas de las que provocaron la salida de Lousteau. La decisión cayó en Carlos Fernández.

El texto con la propuesta de despedida circuló ayer, con la discreción del caso, por la Casa Rosada. El plan de Lousteau está organizado en varias recomendaciones. Todas ponen el mismo cuidado en demostrar que las desviaciones de la gestión económica son regresivas, es decir, perjudican más a los que menos tienen. Está claro: el ministro decidió bajar del gobierno por la izquierda. Lo que sigue es una síntesis de ese "paquete", según pudo reconstruirlo LA NACION a partir de tres fuentes seguras:

Aumento de tarifas de gas y electricidad para los consumidores de mayores ingresos. La propuesta, que excluye a los clientes de menores ingresos, se basa en la existencia de dos distorsiones del mercado energético: el interior paga más que el Gran Buenos Aires, y los pobres, en proporción, más que los ricos. Según Lousteau, un incremento en los precios desalentaría la demanda y le significaría al fisco un ahorro aproximado de 4000 millones de pesos en concepto de subsidios.

Reducción del gasto público en infraestructura hasta llegar a los niveles presupuestados.

Corrección de la concentración de la oferta que se verifica en algunos mercados, como el de alimentos. Lousteau le propuso a la señora de Kirchner vigilar los márgenes de ganancia de los supermercados, al parecer beneficiarios de la reducción de precios que consigue Moreno de sus proveedores. La tarea es competencia de la Secretaría de Comercio.

Ejecución de una política antimonopólica, a través de la Comisión de Defensa de la Competencia, en sectores como el de la fabricación de hojalata, la petroquímica, la minería o la explotación petrolera.

Normalización del Indec, estableciendo un sistema de control de calidad por parte de los grandes usuarios. El argumento de Lousteau es que, al no existir una referencia objetiva para la inflación por la manipulación de las estadísticas, el mercado termina por ajustar los precios según las peores previsiones, lo que aumenta el mal que se quiere eliminar.

Reformular la política de encajes bancarios, no sólo para maquillar el balance del Banco Central o cumplir con un programa monetario imaginario sino para neutralizar de manera más efectiva la emisión de pesos. La "esterilización", propone el memorándum, debería coordinarse con Economía, que destina recursos del Tesoro a la compra de dólares.

Alentar el ahorro con una suba leve de la tasa de interés para depósitos a plazo fijo.

Negociar la deuda con el Club de París, en un plan de 8 años con tres de gracia, para emitir una señal amigable a los mercados internacionales, en un trance en el que éstos están muy enrarecidos. En el documento se anticipa la llegada de una misión de la Secretaría del Tesoro de los Estados Unidos, que avalaría un acuerdo con el club sin la intervención del Fondo Monetario Internacional.

Compensar el desaliento a la producción de soja que suponen las retenciones móviles con una baja de las que se aplican al maíz, el trigo, la leche y los productos regionales.

Establecer un acuerdo de precios y volúmenes con la industria de la carne y liberar el saldo exportable.

Lousteau debe haber interpretado que este programa sería el mejor desenlace a su peripecia dentro de la administración. Pero su retirada había empezado el jueves de la semana pasada. Ese día, en una reunión organizada por la Unctad, decidió hablar de la inflación, máximo tabú de los Kirchner. Lousteau dijo que el crecimiento debe combinarse con estabilidad para que sea sostenido en el tiempo.

El martes tensó más esa cuerda conceptual. Recordó los pésimos efectos que tiene la carrera de los precios "sobre la distribución del ingreso y la capacidad adquisitiva de las clases menos pudientes". A su lado escuchaba Máxima Zorreguieta, princesa de Holanda, que visitó el país para asistir a un congreso sobre microfinanzas.

Desafío político

El tercer desafío de Lousteau no fue conceptual sino político. Cristina Kirchner dispuso que el secretario de Comercio Interior interviniera en la aprobación de los permisos de exportación que extiende la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario. Moreno controla desde hace tiempo las exportaciones agroalimentarias, pero siempre lo ha hecho mediante órdenes y amenazas verbales. La Presidenta se propuso institucionalizar esa tarea adjudicándole atribuciones formales por medio de un par de resoluciones. Según trascendió ayer en el Gobierno, esa ampliación del poder de Moreno terminó por precipitar la decisión de Lousteau.

Moreno espera ahora que le convaliden sus fueros. Mientras tanto, consulta como asesor de cabecera al economista Daniel Carbonetto, que inspiró a Alan García en los años 80 -cuando el peruano se encontraba en las antípodas de su actual orientación, gracias a la que su país acaba de obtener el "investment grade"-, al padre Luis Farinello en los años 90 y a Eduardo Duhalde en 2002.

La renuncia del ministro, por las razones en que se inspiró, agiganta la inquietud sobre la inflación. Lousteau está convencido, confiesan sus íntimos, de que la aceleración de los precios está cerca del 22%. Es posible que se lo haya manifestado a la Presidenta. Seguro se lo hizo saber a Alberto Fernández. Su salida es, antes que nada, una reacción a la falta de percepción de este fenómeno en el seno del Gobierno. Este mecanismo de negación es el enemigo del que deberá deshacerse Carlos Fernández, el nuevo ministro.

Los ruralistas, escépticos

"No queremos que se vaya nadie, lo que queremos son soluciones. Los ministros de Economía en la Argentina están pintados y lamentablemente con renuncias esto no se arregla", dijo anoche el líder de la Federación Agraria de Entre Ríos, Alfredo De Angeli. En tanto, Mario Llambías, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), sostuvo que tras la renuncia de Lousteau "el panorama ha cambiado; ahora la Presidenta tiene las manos libres para decidir el rumbo". A la vez, en declaraciones al canal de cable TN, el presidente de la Sociedad Rural, Luciano Miguens, se lamentó por el alejamiento de Lousteau: "No alcanzamos a conocerlo", dijo. En rigor, aclaró, nunca les concedió una audiencia a los ruralistas.

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