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Los últimos que vieron con vida a Yabrán guardan sus secretos

Dos empleados declararon su versión; la Justicia no cuestionó ni repreguntó

Lunes 22 de junio de 1998

"Yo tenía adoración por Yabrán". La frase, que consta judicialmente, pertenece a Leonardo Aristimuño, el casero de la estancia San Ignacio, de Gualeguaychú, donde el empresario acusado en vida de ser el presunto instigador del asesinato de José Luis Cabezas se pegó un tiro en la boca el 20 de mayo último. El muchacho, de 25 años, y su esposa, Andrea Fabiana Viordo, fueron las dos últimas personas que vieron a Alfredo Yabrán con vida en Entre Ríos.

"Cuando llegaron los policías eran las 12.45. Los vimos venir, con el señor Yabrán y con mi mujer, desde la sala de juegos, donde estaba la mesa de pool. El (por Yabrán) nos siguió hasta la puerta y, a medida que los agentes se acercaban, lo perdimos de vista", explicó Aristimuño, según consta en las tres carillas de su declaración en la causa 7814.

Al igual que otros testigos del caso que se presentaron ante la jueza de Gualeguaychú Graciela Pross Laporte, Aristimuño parece saber más de lo que dice.

Cuando declaró, nadie cuestionó sus respuestas ni repreguntó. Todos creyeron su versión de los hechos:que Yabrán llegó a San Ignacio 14 días antes de su muerte y que durante ese tiempo sólo se dedicó a cazar y a visitar otras estancias.

Lo mismo ocurrió con Roberto Alfonso Gervasoni, el encargado del puesto situado a cinco kilómetros del casco principal de la estancia.

"No tenía idea de que donAlfredo estuviera en la casa. Me prohibían acercarme hasta el chalet. Mi lugar de trabajo era el puesto que vieron", explicó Gervasoni, que no explicó -ni le preguntaron- quién le había ordenado mantenerse alejado de la casa.

Sin embargo, varios vecinos de Aldea San Antonio, el pueblo más cercano a la estancia, aseguraron que un par de días antes de la muerte de Yabrán, Gervasoni fue a una de las tres carnicerías que hay allí y pidió que le dieran carne de la mejor porque "el patrón" estaba en casa.

A pesar de las dudas que dejaron los testigos y aunque no hubo repreguntas, Pross Laporte se dispone a cerrar la causa. Anteayer, la jueza recibió el resultado de los estudios de ADN que confirman que el cuerpo hallado en una de las habitaciones de San Ignacio es el de Yabrán.

El análisis se realizó en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires a través de la comparación de las muestras de sangre del cadáver con la de los hijos varones y la esposa de Yabrán, Mariano y Pablo, y María Cristina Pérez, respectivamente.

Desaparecido

Aristimuño, el hombre que guarda el secreto sobre los últimos momentos de Yabrán, hace varios días que no aparece por la casa que le regaló su padre, situada en la calle Vasco Núñez de Balboa, de González Catán. Sus vecinos dijeron a La Nación que Aristimuño sólo aparece por allí algún que otro fin de semana.

Las veces que lo vieron llegar fue de noche, a bordo de distintos vehículos, aunque aseguran que habitualmente se movilizaba en un Ford Orion azul con vidrios polarizados. En un auto similar, Marcelo Lozano, un hombre de confianza de Yabrán, viajó desde Buenos Aires hasta el cruce de las rutas 14 y 20, a 14 kilómetros de Gualeguaychú, para entregarle un paquete. En él habría llegado a manos del empresario la escopeta Bykal calibre 12.70 con la que se quitó la vida.

La admiración de Aristimuño por su patrón quedó reflejada cuando escuchó el disparo, abrió la puerta y vio el cuerpo de Yabrán: "Lloraba desconsoladamente, como el "gurí" que perdió a su padre", relató el comisario Miguel Cosso, que encabezó el allanamiento en Entre Ríos.

Ahora, Pross Laporte está a punto de cerrar la causa por la muerte de Yabrán. Sin volver a interrogar a los testigos para determinar, entre otras cosas, con quién se reunió el empresario antes de su muerte y qué pasó con el teléfono satelital que los policías nunca secuestraron.

Fotos de revista

El director de La Agencia de Viajes, Gonzalo Yrurtia, aclaró que las fotos publicadas en La Nación el 15 del actual -en la nota sobre Yabrán y Ada Fonre- pertenecen a esa revista (como indica el epígrafe), pero que su publicación no fue acordada previamente.

Mariano Wullich

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