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Lunes 13.10.2008 (actualizado hace 162 días)
Diálogos del alma

No hay luz sin sombra

Por Sergio Sinay
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Domingo 4 de mayo de 2008 | Publicado en edición impresa 

Señor Sergio Sinay

Hay quienes se pasan la vida protestando y rebelándose contra su destino. No se cansan de echar en cara a sus padres el no haber recibido todo el amor que hubieran necesitado. Acusan a la sociedad de no haberles facilitado las oportunidades a las que tenían derecho. Y siempre son los "otros" los culpables de sus desgracias. Se pasan la vida en el banquillo de los acusadores. Son siempre los otros los culpables de todo: sea el gobierno, las autoridades, la familia, su cónyuge, etcétera. ¿Por qué el victimismo es una característica de nuestra época?
Miguel Angel Montali

¿Cuándo llegamos a ser nosotros? ¿Cuándo logramos nuestras metas? ¿Cuándo logramos las metas que se espera que alcancemos? ¿Nos damos permiso para escuchar lo que verdaderamente queremos? ¿Nos da permiso el mundo? ¿Cómo ir por la vida sin herir, perdonando cuando nos hieren y perdonándonos cuando nos equivocamos, en medio de tantos prejuicios, propios y ajenos? "Esa persona piensa bien porque piensa como yo. Aquello es correcto porque yo hago lo mismo. Lo contrario es malo y está equivocado." Un solo acto, un solo gesto, sirve para calificar al otro y colocarlo en un lugar u otro. Para los que tenemos fe en Dios, recordando las palabras de Tomás Moro: "Señor, líbrame de ese ser tan dominante que se llama yo".
Nélida Sarria

* * *

En la entrada del Templo de Apolo, en Delfos, Grecia, donde se buscaban las respuestas del Oráculo, hay dos inscripciones. Una de ellas dice: Conócete a ti mismo. Hemos leído, oído y repetido esta frase una y mil veces. ¿Pero la entendemos en su totalidad? La invocación invita a saber quiénes somos verdaderamente y no quiénes deseamos o cómo nos gustaría ser a fin de que nos acepten, nos quieran y nos admiren. Sospecho que nos hemos limitado a una sola acepción de la frase y, así, ?conócete a ti mismo? suele entenderse como ?conoce tus virtudes, tus habilidades, tu potencial, tu lado brillante?.

Pero el verdadero sí mismo de cada persona incluye sus miedos, sus imposibilidades, sus miserias, sus debilidades. Su lado oscuro, su sombra. Mientras nos empeñemos en negar este aspecto para presentarnos ante el mundo desde un perfil favorable, una parte importante de nosotros (y, además, necesaria, porque sin ella no seríamos quienes somos) queda negada, excluida. Pero así como no podemos cortarnos la mano porque no nos gustan nuestros dedos, tampoco podemos mutilar nuestra verdadera identidad para librarnos de nuestra sombra y ser sólo luz. Como no hay día sin noche, ni cielo sin tierra, tampoco se puede concebir la luz sin la sombra, y viceversa. Ambas sólo se entienden cuando se conoce su opuesto complementario.

La sombra que negamos en nosotros la ponemos en otros. Son ellos, entonces, los que tienen los defectos que me niego a ver en mí; son ellos los que hacen las cosas ?mal? y yo soy la referencia del ?bien?; son ellos los que perturban mi estar en el mundo. Esto vale en la pareja, en la amistad, en el trabajo; en todos los aspectos de la vida.

Cada uno de nosotros ya es quien es. Más que llegar a ser otro (un ideal que nos construimos) se trata de llegar a conocer a ese ser que ya existe. De hacer de sus luces y sombras una totalidad. De conocer la sombra, no para eliminarla, sino para integrarla. Negarla nos oscurece. Para conocerte, necesito conocerme. Cuanto más sé de mí, más sé de vos.

La segunda frase inscripta en el Templo dice: Nada en exceso. Y será tema para otro diálogo.

sergiosinay@gmail.com

El autor responde cada domingo en esta página inquietudes y reflexiones sobre cuestiones relacionadas con nuestra manera de vivir, de vincularnos y de afrontar hoy los temas existenciales. Se solicita no exceder los 1000 caracteres.

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