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Alterio y Sacristán: un acontecimiento artístico

Viernes 02 de mayo de 2008
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Dos menos , de Samuel Benchetrit. Dirigida por Oscar Martínez. Con Héctor Alterio, Pepe Sacristán, Diana Lamas y Claudio Da Passano. Escenografía: Alberto Negrín. Luces: Jorge Pastorino. Vestuario: Sofía Di Nunzio. Sonido: Virginia Martínez Lastra y Ernesto Candenas. Asistente de dirección: Virginia Martínez Lastra. Coreografía: Elizabeth de Chapeaurouge. Productores: Ana Jelín, Pablo Kompel y Sebastián Blutrach. En el Paseo La Plaza. Duración: 90 minutos. Nuestra opinión: buena

Ambos comparten un cuarto de hospital y un frío médico les da una terrible noticia, que compartirán: a ambos les quedan sólo algunos días de vida. Así es cómo deciden escapar del lugar con la finalidad de vivir a pleno sus epílogos. La idea es buena, llama a la emotividad y promete despertar la sensibilidad del espectador. Algo que se logra, en parte, por el trabajo de los actores.

Aunque el argumento de su obra es un disparador más que interesante, Samuel Benchetrit escribió una pieza pequeña. Contiene momentos de vitalidad esencial para su idea conceptual, pero no es un gran texto. Hay escenas, monólogos, imágenes y frases imposibles de gambetear. Aunque eso es también gracias a la solvencia actoral. Pero la puesta de Oscar Martínez es fría y sus marcaciones no suplen cierta celeridad con la que se suceden algunos acontecimientos escritos por el autor (sobre todo al principio).

Elementos no faltan. Benchetrit juguetea en todo momento con el humor negro y eso evita que su propuesta sea un melodrama. Pero, muy inteligentemente, también para que no se vuelva una comedia absoluta, creó momentos de reflexión (de esa reflexión profunda, intensa y sabia de la edad) que conducen a cierto intimismo y reflexión. Ellos quieren glorificar esos últimos días que les quedan, pero se topan con esas rémoras que la vida permanentemente se obstina en generar. Pero esas aventuras, ese juego del destino al que se someten, los llevará irremediablemente a la felicidad.

Esos dos hombres son adorables y crean un vínculo en el que aparecen la solidaridad, la complicidad y el compartir las deudas de la vida. Como les queda poco son impunes. Tienen la apariencia (y la intención, por momentos) de no importarles nada. Pero son buena gente. Eso no se cambia. Y todo les importa.

Ese vínculo se afianza gracias a la espectacular química que existe entre estos dos gigantes de la escena: Héctor Alterio y Pepe Sacristán, que despiden teatro por los poros. El primero puede conmover sólo con una mirada, tal como lo hace en el cine; y el segundo tiene una gracia castiza única. Ambos maniobran los silencios, son sibaritas de cada palabra y cada pausa, y saborean cada instante. Pero, a su vez, se potencian con otros dos espléndidos actores, encargados de componer diversos roles: Claudio Da Passano y Diana Lamas. Cada uno tiene también su momento de lucimiento.

La escenografía de Alberto Negrín es funcional y suple con ingenio al realismo; y también es destacable la puesta de luces de Jorge Pastorino. A pesar de las objeciones, ver a Sacristán y Alterio juntos sobre un escenario, es un acontecimiento artístico.

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