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Presionan a Hillary para que renuncie

Varios ex aliados le piden que dé un paso al costado para no desgastar más a su rival Obama, que recuperó la iniciativa

Jueves 08 de mayo de 2008
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LA NACION

WASHINGTON.- Para una mujer que se comparó a sí misma con Rocky Balboa, la jerga boxística no puede ser más adecuada.

Hillary Rodham Clinton ayer quedó contra las cuerdas, zamarreada por una derrota contundente y una victoria pírrica, que la dejó más cerca, quizás a sólo un paso, de decirles adiós a sus aspiraciones presidenciales.

Barack Obama quedó como el gran ganador de la noche del martes, al triunfar en Carolina del Norte por 56 a 42 por ciento, y perder por apenas dos puntos en Indiana (51 a 49).

Con esos resultados, amplió su ventaja en los conteos de voto popular, delegados y estados, y recuperó la marcha cuando su iniciativa parecía evaporarse. "Hemos comprobado que el pueblo estadounidense busca respuestas honestas sobre los desafíos que enfrentamos", dijo Obama, al celebrar su victoria con un discurso en un tono muy cercano al de aceptación de una candidatura.

"Sí, sé lo que se viene. No soy ingenuo. La pregunta no es qué tipo de campaña harán ellos, sino la que nosotros haremos", afirmó.

El contraste resultó palpable con Clinton, que aspiraba a una victoria en Indiana, pero que comprobó, con el arribo de los últimos datos, que había conquistado ese estado por un margen de apenas 23.000 votos sobre un total de más de 1,25 millones. Necesitaba mucho más. Incluso, sorprender en Carolina del Norte, para demostrarles a los líderes del partido que es la indicada para derrotar en noviembre al candidato presidencial republicano John McCain.

El cimbronazo resultó patente cuando apenas despuntaba la madrugada, mientras que con el correr de las horas se acentuó la incorporación de "superdelegados" al campo de Obama.

Para peor, comenzó la fuga de adherentes a la candidatura de la senadora, como el ex senador y candidato presidencial en 1972 George McGovern, que la urgió a abandonar la carrera: "Espero que tome pronto esa decisión así podemos concentrarnos en un partido unido y capaz de ganar la Casa Blanca". McGovern estuvo lejos de ser el único que se lo pidió. "La pregunta es qué ocurrirá con los superdelegados indecisos", comentó el senador Ben Nelson, que apoya a Obama y planteó las opciones: "¿Comenzarán a irse con él? Por lo pronto, no veo nada que sugiera que deban irse con ella".

Los medios de comunicación también aportaron una larga lista de analistas, expertos y referentes demócratas que destacaron que Obama había recobrado su impulso y que era hora de que Clinton se bajara, más aún cuando su equipo confirmó ayer que la candidata volvió a invertir 6,4 millones de dólares propios para contrarrestar las donaciones que recibe su rival.

Pero, al igual que Rocky, Hillary se niega a darse por vencida. Al menos eso es lo que reiteró ayer, cuando reemplazó a último momento a su hija, Chelsea, en un acto en el campus universitario de Sheperdstown, Virginia Occidental. De este modo, quiso disipar las especulaciones en el mismo estado donde, el martes 13, se celebrarán las próximas primarias demócratas.

Casi imposible

"Continuaré en la carrera hasta que haya un nominado", dijo a sus seguidores, después de afirmar que estaba "emocionada" por haber ganado en Indiana, donde las encuestas anticipaban a Obama como ganador hasta mediados de abril.

"Necesito su ayuda -imploró-. La semana próxima será una de las internas más importantes de la campaña."

Se tratará para ella, en verdad, de un desafío complejísimo, casi imposible. El senador de Illinois cuenta con 1840 delegados, mientras que Clinton lo sigue con 1688, cuando se requieren 2025 para alcanzar la nominación.

En las seis primarias que restan se definirán 217 delegados, en tanto que otros 270 "superdelegados" no definieron aún a quién apoyarán. Sobre ellos se centró, desde ayer, la presión.

Tan complejo es el panorama que el encuestador John Zogby estimó que la ex primera dama terminará por poner fin a su candidatura en los próximos días, "para no dañar su futuro político". El director del Centro de Política de la Universidad de Virginia, Larry Sábato, dijo, por su parte, que Obama es ya el "virtual candidato", y el ex estratego de su marido, Dick Morris, le dedicó una columna en The New York Post con un título elocuente: "Se terminó, Hillary".

¿A qué apuesta la senadora? A varios planes, uno más difícil que el otro. El primero apuntará a ganar las seis primarias que restan. Luego, a que el partido reconozca la validez de las votaciones en Florida y Michigan, con lo que acortaría la brecha.

Eso se definirá el 31 de este mes, cuando el Comité de Reglas y Normas del Comité Nacional Demócrata se reúna en esta capital. Clinton también confía en convencer a los referentes partidarios de que ella tiene más probabilidades de derrotar a McCain. Y, por último, su equipo se ilusiona con que quizás un escándalo más poderoso que el que generó el pastor Jeremiah Wright acabe con Obama.

Claro que sus seguidores más acérrimos también apuestan a su notable capacidad de recuperación, aquella que demostró en esta campaña en New Hampshire, en Texas y en Ohio, y durante los affaires durante la presidencia de su marido. Tanto él como Chelsea subieron con ella al escenario en Indiana para celebrar la victoria allí. "Gracias a ustedes vamos a toda velocidad hacia la Casa Blanca." Pero mientras ella hablaba y Chelsea sonreía, al ex presidente se le escapó una lágrima.

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