Por Norberto Firpo
Para LA NACION
Algunos intelectuales heterodoxos, parejamente versados en cuestiones relacionadas con la política y el fútbol ?materias llamadas por igual a exacerbar ánimos y entendederas, a transformar a señores aparentemente civilizados en ramplones trogloditas?, coinciden en que los gobiernos de la Argentina vienen sufriendo, desde hace unos ochenta años, la ausencia de dirigentes tan probos, lúcidos y sensatos como lo fue don Pepe.
?Es una lástima que no haya habido dos o tres don Pepe en la historia institucional y más o menos contemporánea de nuestro país?, se constriñe Cefaleo Rapañeta, autor de una serie de biografías de presidentes y funcionarios que detentaron superpoderes, que se proclamaron predestinados, que se mofaron de la Constitución y que perpetraron excelentes negocios personales y familiares mientras tuvieron la sartén por el mango.
Cefaleo Rapañeta lleva compilada tanta información que ya ha hecho saltar varias veces los fusibles de Internet, razón por la que Bill Gates acaba de propinarle una severa amonestación.
El licenciado Endometrio Peribáñez, estudioso profundo de las promesas oficialistas que cayeron en saco roto, incluida la del cohete supersónico y estratosférico que uniría Tilcara con Seúl, se reconoce muy de acuerdo con Rapañeta, aun cuando cada uno inclina sus fervores futbolísticos por distinta divisa.
?La Argentina ?dice Endometrio? sería muy otra hoy con apenas un par de presidentes que, en los últimos ochenta años, hubiesen mostrado las cualidades de don Pepe? Y, por descontado, el fútbol no sería hoy un resumidero de vergüenzas sociales si la entidad que lo rige y los clubes nutrieran su conducta en el ejemplo que él supo brindar.?
Tal vez las hinchadas de fútbol no serían tan ?xenófobas, racistas y discriminadoras?, como definió el sociólogo Pablo Alabarces en un reportaje que La Nacion publicó el 26 de diciembre del año pasado. Acaso sería posible que la vida humana no se jugara a la marchanta, tan estúpidamente, en las tribunas, y acaso los relatores de fútbol postergarían el placer de desgañitarse al grito de gol diez minutos después de cometido un asesinato futbolístico, de que la pelota fuera manchada con sangre.
¿Hace falta aclarar cuál es la identidad de don Pepe? Sepan los despistados que se trata de José Amalfitani, quien empeñó bienes familiares para salvar a Vélez Sarsfield de la extinción, en los años cuarenta, y fue presidente del club hasta verlo campeón por primera vez, en 1968.
Muerto el 14 de mayo de 1969, en su recordación se celebra, el miércoles, el Día del Dirigente Deportivo.
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