Una economía "en espera", nerviosa, menos activa, donde las decisiones se dilatan. Todo a partir del conflicto entre el campo y el Gobierno, que profundizó el deterioro de las expectativas y desató una pequeña psicosis que poco tiene que ver con la realidad económica, aunque sí con la política.
Economistas advierten, no obstante, que el impacto final de la protesta dependerá de su duración, su magnitud y su posible desenlace. Describen dos tipos de perjuicios asociados a esta coyuntura: unos ligados directamente al conflicto y que, ante un eventual acuerdo, desaparecerían. La lista incluye el freno en las exportaciones de cereales o en la venta de maquinaria agrícola y la caída en la recaudación. Otros, enquistados desde hace ya algún tiempo, como la inflación, el deterioro del clima de negocios o el aumento del riesgo país -que se agravaron con el conflicto- requieren, para los analistas, señales más contundentes.
Según Miguel Kiguel, presidente de Nuverse Financial Advisors, muchos empresarios están dilatando decisiones a la espera del Acuerdo del Bicentenario y hay menos consumo. "Los indicadores de expectativas de inflación y de confianza de los consumidores marcan un deterioro en las perspectivas económicas. La gente prefiere ahorrar en dólares y seguramente eso va a generar menos consumo", apuntó.
Los rumores que marcaron la semana, como los de un nuevo corralito o la emisión de un bono patriótico, no hicieron más que enrarecer el clima. Resultado: más demanda de dólares y menos renovación de plazo fijos. "Los rumores aparecen por resabios de la crisis de 2001, que no tiene nada que ver con la situación actual. Es extrapolar el pasado al presente. Las condiciones macro son totalmente diferentes. Pero la gente por alguna razón cree que no", argumentó. Kiguel recordó que ahora la banca está líquida y existe un prestamista de última instancia (el Banco Central).
Vale recordar un dato: aunque su crecimiento se frenó, las reservas del BCRA cerraron esta semana en US$ 50.238 millones, por encima del nivel que tenían el día en el que se anunciaron las retenciones móviles. Y el país mantiene -e incluso amplía- su superávit fiscal y comercial.
Mario Brodersohn, de la consultora Econométrica, consideró que la consecuencia más fuerte del conflicto es el aumento del riesgo país, que señala "la falta de credibilidad del Gobierno y es un desaliento muy grande a la inversión". Se cuidó de trazar un pronóstico: "Tendríamos que entrar en un juego de adivinanzas o contratar un psicoanalista. Cuando uno quiere aplicar el sentido común, se ve desbordado por los acontecimientos".
Otro economista se mostró menos optimista respecto del futuro y del Acuerdo del Bicentenario: "Va a haber más de lo mismo, una suerte de tregua de precios y salarios que funcionará por unos 60 días y después veremos. La verdad es que veo un pesimismo que no percibía desde hace mucho tiempo".
El economista Marcelo Lascano advirtió que la situación actual "puede dar lugar a un desmembramiento del andamiaje que con mucho esfuerzo se había logrado construir" desde la última crisis, que se tradujo en un debilitamiento del agro, que se multiplicará a otros sectores. Le puso números a la crisis: "Vamos a perder unos 30 o 40 millones de dólares por día por este conflicto con el campo".
Lascano se refirió también al problema de las expectativas: "Si la gente cree que se profundiza este enfrentamiento actúa en consecuencia, y el enfrentamiento se profundiza. Es la profecía autocumplida. En este punto el gran mérito que tendría la autoridad es bajar los decibeles".
El economista de FIEL Daniel Artana consideró que el Gobierno se metió "en un conflicto innecesario" en lugar de resolver los problemas más apremiantes. "Eso generó ruido político y en ese contexto toman valor rumores de cualquier tipo que no tienen lógica", dijo.
Esto impactó en las expectativas: "Suena que puede pasar cualquier cosa porque no se entiende cómo en un contexto beneficioso para la Argentina podemos estar metidos en este lío. Y entonces crece el mal humor por la frustración de las expectativas de que se puede crecer muy bien por muchos años, pero se pierde otra oportunidad histórica".
Artana aportó un dato: el primer paro costó medio punto de crecimiento en el primer trimestre. Pero esta protesta, indicó, "es más difícil de medir. Potencialmente puede ser muy dañina, pero depende de cuánto dura. Pero el pronostico hacia delante es complicado porque hay muchas variables que no se sabe cómo están operando", concluyó.
Por Rafael Mathus Ruiz
De la Redacción de LA NACION
11.05.0819:29
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