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Sabato quiere abrir su biblioteca al público

Ayer cumplió 87 años y recibió a vecinos y amigos

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LA NACION
Jueves 25 de junio de 1998

El teléfono empezó a sonar a las cinco de la mañana, la hora en que él suele levantarse. Pero Ernesto Sabato no atendió. Es que el día en que cumple 87 años no fue, para él, motivo de festejos.

"Uno de mis proyectos ahora es no morirme. A medida que avanzan los años, más quiere uno vivir", dijo al recibir a La Nación en su casa de Santos Lugares.

Allí vive con su esposa, Matilde, que se encuentra muy enferma. Y ya está haciendo los trámites para que, en el futuro, su hogar se conserve como "la casa donde vivió y murió Ernesto Sabato".

El escritor cumplió ayer 87 años y compartió el día con amigos que lo visitaron espontáneamente en su casa de Santos Lugares.
El escritor cumplió ayer 87 años y compartió el día con amigos que lo visitaron espontáneamente en su casa de Santos Lugares.. Foto: Pilar Bustelo

La idea es que la gente pueda visitarla y acceder a los 30.000 libros que componen su biblioteca. "Museo es una palabra demasiado mortal. Yo no quiero que se modifique nada, quiero que la casa quede como está", advirtió.

El autor de "El túnel", "Sobre héroes y tumbas" y "Abaddón el exterminador" tiene dificultades para leer desde hace quince años, por advertencia de su médico. En cambio, se dedica a pintar y asegura que lo hará hasta el último de sus días.

"Lo único que me falla es la memoria, pero me ha fallado siempre", comenta. Y dice que todavía duda en publicar "Antes del fin", un libro autobiográfico que, según él, ya está casi terminado.

"Lo que hago es retardarlo. Porque lo miro y pienso que no vale la pena", confesó. De todos modos, el escritor aseguró que no lo quemará, como hizo con varios de sus textos inéditos.

Está conforme, sin embargo, con los que sobrevivieron a las llamas. "Creo que si uno puede escribir un libro de cien páginas que perdure en la historia, se puede dar por bien servido", dijo con fe en que los suyos serán leídos por varias generaciones.

Fe en la reencarnación

Sabato dice que no le teme a la muerte, porque "no sabemos nada sobre lo que hay más allá".

Al respecto, dijo creer en que "el alma es inmortal: está más allá del espacio y del tiempo. El cuerpo sí termina físicamente. Pero en el momento de la muerte, el alma se desprende del cuerpo y se reencarna".

A él le gustaría "reencarnarse en algo cómodo", aunque imagina varias posibilidades. "Hay tantas cosas que me interesan que no sé cuál elegir", admitió.

Su fe en Dios varía según "el día, el año, o las cosas que han pasado". Adhiere a la tesis de que hay un dios bueno y uno malo, que es el demonio. Este habría logrado vencer al dios bondadoso, al que tiene encerrado en el infierno, y es él quien hace el papel de Dios. "Yo creo en esto porque no puede ser que haya un dios bueno y que un chiquito muera de hambre", ejemplificó.

Los teoremas y la razón

Una de sus actividades diarias son sus paseos con su perro, Roque. A la Capital viaja "lo menos posible", afirma que no conoce Internet y que no lee los diarios. "A veces leo los títulos y me basta para amargarme", ironizó.

Sin embargo, los vecinos del barrio comentan que es más alegre de lo que parece. Sabato admite que conserva el sentido del humor, porque de lo contrario "no estaría vivo".

A pesar de haber sido científico, hoy confiesa que dejó de creer en la razón pura. Esta, dijo, "sirve para demostrar teoremas, para fabricar aviones o tanques... Pero nada más. La sinrazón tiene infinitamente más valor. Un teorema no ayuda a vivir; las razones del corazón, sí".

Su casa está impecable, e incluso en su atelier no hay una mancha de pintura. "Necesito el orden absoluto, porque tengo un terrible desorden interior", comentó.

Sus cuadros reflejan rostros desfigurados por el dolor. Cuando le preguntan el significado de sus pinturas, él responde: "¿Usted ha leído alguno de mis libros? Bueno, por ahí anda".

No quiere exponer sus cuadros "para no sumar más enemigos" a los que dice haber ganado con sus libros. Insiste en que no dejará de pintar.

Al mediodía su casa comienza a llenarse de vecinos y periodistas que quieren saludarlo. Sabato les abre la puerta y los recibe.

Entre festejos, este pensador que investigó la desaparición de personas durante el último régimen militar se dispone a terminar su vida "con plena conciencia". Y prefiere pensar que la muerte "tiene su lado positivo, porque a veces uno está muy cansado. Y en ese caso, tranquiliza".

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