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Un obispo alemán sostuvo que Juan Pablo II debería retirarse

Un prelado italiano replicó que la Iglesia no es la Fiat y no se guía por criterios de eficiencia

Lunes 10 de enero de 2000

ROMA.- Las declaraciones del obispo alemán Karl Lehmann, que ayer dijo a una radio que el papa Juan Pablo II debería dimitir debido a su precario estado de salud, cayeron como una bomba en el Vaticano y en el mundo eclesiástico italiano.

Lehmann, obispo de Maguncia, había señalado en una entrevista periodística que el Pontífice "debe tener el coraje de decir "Ya no puedo seguir desempeñando el cargo de la manera en que sería necesario"".

Alessandro Maggiolini, arzobispo de Como -ciudad del norte del país-, reaccionó de inmediato y definió las palabras del alemán como "una agresión de mal gusto".

Bautismo: ajeno a los comentarios sobre su salud, Juan Pablo II bautizó ayer en la Capilla Sixtina a 18 chicos de todo el mundo, en una ceremonia especial que conmemoró el bautismo de Jesús en el río
Bautismo: ajeno a los comentarios sobre su salud, Juan Pablo II bautizó ayer en la Capilla Sixtina a 18 chicos de todo el mundo, en una ceremonia especial que conmemoró el bautismo de Jesús en el río. Foto: AP

"¿Cómo puede hablarse de sucesión -se preguntó ayer indignado el obispo Maggiolini- si antes no ha sido establecido ni por el Papa personalmente ni por el derecho canónico?".

"Yo nunca podría decir algo por el estilo frente a mi padre. A la paternidad no se renuncia, y la Iglesia no está lista para aceptar algo así", agregó.

Y fue aún más allá: "La Iglesia no es la Fiat ni la General Motors, y su criterio no puede ser la eficiencia: en una familia, también un padre anciano puede ser la conciencia de la Iglesia y seguir gobernándola".

Lehmann, presidente de la Conferencia Episcopal alemana y considerado un progresista dentro de la Iglesia Católica, pareció tomar posición con sus dichos sobre las voces que circularon en noviembre último acerca de un posible paso al costado del Papa por motivos de salud.

Entonces, después de sus viajes a la India y Georgia -donde, en un momento, al Pontífice de 79 años se lo vio temblar de forma más que preocupante-, el Papa se mostró contento de haber regresado. Y cuando dijo: "Gracias a Dios volví a Roma", comenzaron a correr versiones sobre una posible renuncia.

Nadie puede decidir por el Papa

Vittorio Messori, famoso intelectual católico italiano que escribió un libro-entrevista sobre el Santo Padre hace unos años, opinó que "se trata de un problema muy delicado, y nadie puede decidir por el Papa".

"Por lo que yo sé -dijo-, si sólo dependiera de él, desde que la enfermedad lo está poniendo a prueba, el Papa se retiraría con gusto a Polonia para vivir en la oración; el punto es que no sabe si Jesucristo, ante quien él sólo responde, considera que Juan Pablo II deba verdaderamente confiar la Iglesia a manos más sanas. Ninguno de nosotros -agregó Messori- puede dar consejos al Papa sobre este tema."

En la entrevista, Lehmann agregó que la Iglesia necesita "un hombre fuerte que la conduzca", ya que en caso contrario "no se puede mantener unida una iglesia mundial de mil millones de personas con tantas y tan fuertes diferencias".

Interrogado sobre un posible sucesor de Juan Pablo II, Lehmann aseguró que en Roma se mira mucho hacia el continente latinoamericano.

Al mismo tiempo, sin embargo, añadió, se ha aprendido nuevamente a apreciar lo que la Iglesia en Italia representa para la Iglesia mundial.

"Hasta cuando Dios quiera"

Aunque fueron pocos los que se atrevieron ayer a comentar las expresiones del presidente de la Conferencia Episcopal alemana, es sabido que la hipotética renuncia del papa polaco, que en mayo cumplirá 80 años, es un asunto espinoso que, informalmente, se está debatiendo más que en el pasado.

De hecho, es visible a todos, sobre todo ahora que ha comenzado el Jubileo, la creciente fatiga del Pontífice, a quien le cuesta enfrentar todos sus compromisos, aquejado por la edad y la enfermedad, que afectan su locomoción. La semana última, por ejemplo, el Papa estrenó una plataforma rodante, que lo dispensa del esfuerzo de caminar.

Y el 21 de diciembre, cuando pronunció su discurso ante la Curia, aludió a la posibilidad de guiar a la Iglesia pese a una situación de "personal debilidad".

Entonces no quedó claro si Juan Pablo II estaba hablando sobre San Pedro, o sobre sí mismo, al decir: "Es con la fuerza de la potencia de Cristo que él puede sostener la Iglesia pese a su personal debilidad".

En esa ocasión muchos recordaron la frase que Juan Pablo II había pronunciado en uno de sus cumpleaños, cuando se manifestó disponible a guiar a la Iglesia "hasta cuando Dios quiera".

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