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Lunes 19 de mayo de 2008 | Publicado en edición impresa

El torneo Clausura

Con actitud y coraje, Ahumada enmudeció al público más hostil

Luego de la polémica desatada en la semana, el volante silenció los silbidos y las agresiones de los hinchas

Por Alberto Cantore  | LA NACION

 
 
 

El murmullo de los hinchas en la tribuna, las banderas hirientes y los cánticos ofensivos, todos indicios de la irritación que provocaron las polémicas declaraciones de Oscar Ahumada entre los simpatizantes de River. La ira de la gente estaba focalizada esencialmente en la figura del volante, que junto con el arquero Juan Pablo Carrizo, fue el futbolista más hostigado. Desde que el técnico Simeone lo confirmó en el equipo supo que el clásico con Independiente no sería un partido cualquiera. El volante demostró agallas para afrontar la delicada situación. Superó la adversidad del entorno, y con actitud y coraje revirtió el clima hostil. Por temperamento y juego fue la figura, y con su temple remarcó hacia dónde apuntó con su mensaje. "Me dolieron las p..., pero dije lo que sentía", fue la escueta respuesta sobre lo sucedido en Avellaneda.

El ingreso del equipo en la cancha marcó el primer síntoma del distanciamiento entre las partes. Ahumada no participó del tradicional saludo que ofrecen los jugadores al público, que casi al unísono insultó al volante. Matías Abelairas y Augusto Fernández fueron los únicos en acercarse para apoyar con gestos al zarateño; el colombiano Radamel Falcao le dedicó algunas palabras de aliento. El cortocircuito generó que los simpatizantes de Independiente -como ocurrió el miércoles último con los de Boca, en el cotejo con Atlas- se burlaran de la situación. Olé, olé/ olé, olé, olá/ lo dijo Ahumada son amargos de verdad , vociferaron, con sorna.

Cada intervención suya generó una silbatina de sus propios hinchas. No se amilanó. Pidió la pelota cuantas veces fue necesario para convertirse en la salida, desplegó su reconocido sacrificio para marcar, ordenó a sus compañeros y recibió en un par de oportunidades el guiño cómplice del entrenador que, con aplausos, reconoció su labor.

Con el paso de los minutos, aquellos que insultaban y reprobaban fueron modificando su postura. No había motivos futbolísticos para seguir fustigando la actuación del volante, que como prueba corrigió algunas de las falencias que suele demostrar en el juego. Ahumada se caracteriza por la cantidad de balones que recupera, pero también por fallar en los pases: ayer, robó 19 pelotas y 41 veces se la cedió correctamente a un compañero.

El reflejo de que Ahumada torció el parecer de los hinchas se evidenció en el segundo tiempo, cuando el gran trabajo estuvo a punto de quedar en el olvido. El N° 5 tiró la pelota hacia atrás sin intención de hacer un pase al arquero, aunque Carrizo no lo interpretó así, falló en su salida, y Cabral debió despejar en la línea lo que era gol de Sosa. Nadie le apuntó al volante, y sí asomaron los gritos hostiles para con el guardavalla, que ya había recibido muestras del descontento de los hinchas cuando fue a ocupar el arco.

Un golpe en el muslo izquierdo le provocó una contractura. Elongó un par de veces, caminó con dificultad, y se resistía a abandonar la cancha. Combinó en ataque con Ortega, aunque el jujeño lo exigió demasiado y, en su afán por no perder la pelota, terminó tendido fuera de la cancha. Simeone aguardó por el diagnóstico del doctor Luis Seveso, aunque no quiso arriesgarlo y decidió sustituirlo por el chileno Alexis Sánchez.

Caminó hacia el banco de los suplentes y se sentó junto a Augusto Fernández, mientras el kinesiólogo Fabio Alvarez le colocaba hielo en la zona afectada. El honor estaba a salvo, los hinchas que lo silbaron y agraviaron habían enmudecido. Igualmente, la relación no tiene retorno. .

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