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Por un capitalismo consciente

El 5 de junio se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente

Domingo 01 de junio de 2008
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¿Cuántas veces debe ser repetida una idea para imponerse? ¿Durante cuánto tiempo lo nuevo tiene que ser mencionado y reformulado para suplantar fórmulas destructivas o caducas?

Durante los últimos cuarenta años, algunos empresarios visionarios estuvieron intentando mostrarnos que existe una manera más inteligente de producir, vivir, crecer y desarrollarnos como sociedad. Ellos forman parte de un movimiento más inclusivo, consciente de la necesidad de preservar el medio ambiente, justo en lo social y participativo en lo ciudadano. En tres momentos clave de la historia, sus voces intentaron hacerse escuchar para promover un cambio hacia un capitalismo más responsable en sus formas de consumo y producción, y en la utilización de los recursos naturales. Un capitalismo consciente.

Una de las primeras voces fue la de la bióloga estadounidense Rachel Carson, activista que alertó al mundo sobre las devastadoras consecuencias de usar el DDT como pesticida. El descubrimiento la llevó a afirmar en su libro Primavera Silenciosa (1962), que muchas empresas que dicen "crear valor" crean "productos que destruyen valores". Desde entonces y hasta 1973, otras voces se sumaron a esta nueva visión de la vida y los negocios. De allí surgió un grupo de pensadores y emprendedores que crearon las primeras organizaciones ecologistas, como Greenpeace, y gestaron emprendimientos comerciales con conciencia medioambiental. Así nacieron Natura Cosméticos, de la mano de Luiz Seabra; la empresa Patagonia, de Yvon Chouniard; The Body Shop, de Anita Roddick, y Ben and Jerry´s, de Ben Cohen y Jerry Greenfield, compañías que hoy siguen siendo exitosas demostrando que es posible ser responsable y rentable.

Un nuevo esfuerzo por comprender la situación y tomar en cuenta los efectos de la producción sobre el planeta se realizó en 1992, con la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, donde por primera vez los empresarios, congregados en el World Business Council for Sustaintable Development (Wbcsd), se dispusieron a hablar de los costos ambientales. Años más tarde, estas preocupaciones y las revelaciones del libro La ecología del comercio, de Paul Hawken, iluminarían a ejecutivos como Ray Anderson, CEO y presidente de Interface Inc., una de las principales cadenas mundiales dedicada a la fabricación de alfombras que, dando un giro de 180 grados en su forma de producir y pensar, se comprometió a tomar medidas para que su empresa sea sostenible antes de 2020 y tenga un impacto cercano a cero sobre el medio ambiente.

Durante los últimos diez años, la empresa logró reducir en un 70% la cantidad de desperdicios, 45% el consumo de energía y 80% el gasto de agua en sus fábricas y locales, lo que representó un ahorro de 226 millones de dólares, mientras que las ventas, por su parte, crecieron un 49 por ciento.

Hacia finales de 2006, The Inconvenient Truth, la película de Al Gore, que tomó el tema del calentamiento global y la urgencia de hacer algo, sumado a la preocupación por tsunamis, huracanes y otras catástrofes ambientales, influyeron para que la situación cambiase. Las voces de los consumidores y activistas se hicieron escuchar, y las denuncias a empresas irresponsables o con prácticas dañinas para el medio ambiente estuvieron a la orden del día. Esto llevó a que un gigante como Wal-Mart anunciase, por entonces, su compromiso con la sustentabilidad, iniciando un plan para que en un plazo de tres años los proveedores de varias de sus líneas les vendan productos manufacturados con prácticas sostenibles. En función de ello, alrededor de 60.000 empresas están ajustando sus formas de producción para satisfacer a esta megacorporación, que se ha propuesto cambiar los hábitos de más de 100 millones de clientes que recibe cada semana.

Por su parte, General Electric modificó sus procesos de producción y su estrategia, y recientemente declaró ingresos por 12.000 millones de dólares por las ventas de los nuevos productos de alto valor y eficiencia ecológica que lanzó en mayo de 2005, como parte de su programa Ecomagination.

Queda claro que, a diferencia de las "olas" anteriores, esta vez el balance es diferente: ya no son activistas y pequeños comercios las que están adoptando estas prácticas, sino las empresas más grandes del mundo.

¿Será que el sector empresarial finalmente ha comprendido que sin un cambio hacia formas sostenibles de producción no existe un futuro posible, no sólo para los negocios, sino también para la vida?

Tal vez este Día Mundial del Medio Ambiente sea el momento propicio para que los habitantes del planeta, en nuestro rol de empresarios, trabajadores, consumidores y ciudadanos, nos sumemos y empecemos a creer que el cambio por fin está en marcha.

El autor es miembro del Equipo Odiseo, agencia de comunicación para el desarrollo sostenible www.elviajedeodiseo.com

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