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La suerte le soltó la mano y Boca tuvo una amarga despedida en Brasil

Sin merecerlo, por una gran tarea del arquero Fernando Henrique y errores en la definición, los xeneizes perdieron 3 a 1 y quedaron eliminados

Jueves 05 de junio de 2008
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RIO DE JANEIRO, Brasil.- Cuesta encontrarle una explicación. Hay que esforzarse demasiado para sentirse conforme con una eliminación que, a la luz de lo expuesto, fue inmerecida. ¡Cuánta injusticia envolvió la despedida de Boca de la Copa Libertadores! Fluminense le robó la ilusión con una victoria por 3 a 1 que supo a exagerada, un impiadoso castigo. Y, si bien muchos atribuyen la caída a lo que sucedió en la Argentina, habrá que dejar en claro que Boca acarició anoche la clasificación. No la consiguió por dos motivos: falta de puntería y, sobre todo, por los revolcones del arquero Fernando Henrique. Nada más.

Boca se tomó con relativa calma la obligación de triunfo con la que se quedó tras el 2 a 2 en Buenos Aires, pero con la autoridad de los más experimentados. Dentro del nerviosismo que dominó la escena, se movió con movimientos pensados, algunos mecanizados, como la búsqueda de Palacio por los costados. El equipo argentino se afirmó poco a poco y, contra los pronósticos, los brasileños cayeron en una ansiedad que, de a ratos, los desbordó. A ellos sí que los superó el clima que se vivió en la caldera del Maracaná.

Fluminense se inquietó cuando sintió el peligro en la misma puerta de su arco. En ese contexto pueden citarse un desborde de Dátolo, cuyo centro cruzó toda el área, un derechazo de Palermo desde una buena posición, un tiro débil de Vargas y, después, dos cabezazos del mismo N° 9 bien resueltos por Fernando Henrique. Por el contrario, los xeneizes apenas se sobresaltaron con una aparición de Washington -demasiado solo como referencia ofensiva-, que no acertó con un violento remate. A esas alturas, los argumentos de Boca se oyeron mucho más sustentables, confiables.

Palacio y Palermo se lamentan por una de las tantas situaciones de gol desperdiciadas; en las semifinales terminó el sueño xeneize
Palacio y Palermo se lamentan por una de las tantas situaciones de gol desperdiciadas; en las semifinales terminó el sueño xeneize. Foto: Reuters

El equipo dirigido por Carlos Ischia avanzó con temple, con autoridad, a lo largo de la competencia. Y anoche repitió esas virtudes para afirmarse con soltura y asegurarse un desarrollo netamente favorable. El sufrimiento de Fluminense se condijo con los mil y un gestos de su técnico, Renato, que incluso hizo calentar a los suplentes cuando ni siquiera se había llegado a la media hora de juego. Un concepto resume de forma cabal lo que se vio en la primera parte: a Boca sólo le faltó el gol.

A favor de los argentinos también habrá que resaltar el estado físico. Incansables, en un terreno que pareció interminable, la fatiga no logró doblegarlos. Así, cubrieron casi todos los espacios con acierto y dominaron las pelotas divididos. Dio la sensación de que reaccionaron siempre un par de segundos antes que Fluminense. Y se notó. Los que más trajinaron fueron Vargas y Battaglia en la contención; precisos con los quites, también se animaron con los toques cortos y hasta se los vio en la ofensiva cuando lo consideraron apropiado. En la defensa, como se dijo: casi nunca se sintió en aprietos.

Boca mostró más aceleración en el segundo tiempo. Profundizó la búsqueda, asumió algunos riesgos más y, después de tanta insistencia, tomó distancia. Dátolo se escapó por la izquierda; hizo un amago, dos, tres... y el centro encontró a Palermo, que cabeceó a la red desde un ángulo cerrado. Si tan sólo hubiese resistido algunos momentos más con la ventaja...

Como aturdido, Fluminense corrió, avanzó como aquel que se siente en la ruina. Apenas cinco minutos después, Washington empató con un tiro libre perfecto que liberó la tensión de una multitud que se había quedado sin voz. La igualdad no tranquilizó a los locales, que retrocedieron y que dejaron algunos huecos en la defensa. Fueron y vinieron. Hubo fuerza, intensidad, una especie de corriente eléctrica por el cuerpo. Hasta que el aliento se cortó con una escapada de Conca, que, por la izquierda, remató cruzado y la fortuna también fue esquiva en este caso para los xeneizes : la pelota rebotó en Ibarra y descolocó a Migliore.

Hecho una furia, Boca arreció y creció la figura de Fernando Henrique, que salvó otro cabezazo de Palermo y que controló un tiro de Ledesma. A continuación, Thiago Silva, sobre la línea, frustró el grito de Palacio, y hasta otro cabezazo de Cáceres rebotó en el travesaño. El área de Fluminse quedó cercada, pero Boca falló demasiado en la definición. Aunque, jugado en el ataque, la tercera conquista Dodó selló una historia que venía torcida.

3 fueron las caídas de Boca como visitante en la Copa: 2-0 frente a Colo Colo y 3-1 contra Atlas y Fluminense.

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