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Deconstruyendo a Bob Dylan

El director de Lejos del paraíso habla de su inusual homenaje al músico norteamericano

Martes 17 de junio de 2008
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Escapando de las convenciones del biopic , el talentoso Todd Haynes filmó I´m Not There -que se estrenará pasado mañana en nuestro país-, una película en la que deconstruye a Bob Dylan, dividiéndolo en distintos personajes que representan, cada uno, un período particular de la vida y la música del artista. Por el film desfilan Jude, interpretado por Cate Blanchett, la personificación del controvertido Dylan que abandonó el folk y tomó la guitarra eléctrica; un joven cantautor folk que se transforma en pastor evangélico, encarnado por Christian Bale; un actor con problemas matrimoniales, interpretado por Heath Ledger; un nene negro que vagabundea con su guitarra y Billy the Kid, interpretado por Richard Gere.

La fascinación del director de Lejos del paraíso por Dylan comenzó cuando estaba en la secundaria. "Me encantaba escucharlo porque representaba un tipo de libertad de expresión y de identidad, que tenía un gran significado para mí a esa edad", comenta Haynes a LA NACION, en una entrevista telefónica. Después de no escucharlo durante 20 años, el cineasta volvió a Dylan cuando, en busca de un nuevo ambiente, se mudó de Nueva York a Portland. "En ese espíritu me puse a pensar acerca de la vida de Dylan y la forma en que pudo conducir su carrera, retrayéndose de las distintas personalidades y los distintos lugares que ocupaba como artista. No bien el público esperaba que él ocupara ese lugar, lo forzaba a abandonarlo."

-Entonces, este escape de la estructura tradicional del biopic fue por el personaje y no un experimento formal...

-Exactamente. Cuando empecé a leer sus biografías y relatos directos de gente cercana a él, particularmente durante los años 60, esto se volvió algo inevitable. Una y otra vez era descripto como un camaleón, alguien que cambiaba frente a tus propios ojos. Después, esos cambios se hicieron más grandes y culturales, como cuando pasó de la música acústica a la eléctrica.

-¿Encontrás en esos cambios de Dylan algo que te gustaría explorar como artista?

-Hoy en día, nadie carga con el peso de las implicancias de ser Bob Dylan. Esta es una época muy distinta y no puedo realmente identificarme con la carga de esas expectativas y esa fama, pero puedo entender cuán difícil es mantener modelos de identidad cuando tenés una sensibilidad creativa. Creo que hay un conflicto perpetuo entre el trabajo creativo y la estabilidad. Así que, en ese sentido, me siento inspirado por esos cambios y me identifico con ellos. Lo que también es interesante de Dylan es que él tiene un gran poder sobre muchos hombres y mujeres, que realmente se quieren identificar con Dylan o quieren sentir que lo entienden, y se crea un ciclo de insatisfacción porque él nunca va a estar en donde vos querés que esté.

-¿Cómo conseguiste los derechos para usar su música? -Fue muy simple. Habiendo leído tanto sobre Dylan, en algún lugar de mi mente sospechaba que este acercamiento, esta idea de desdoblarlo en varias personas distintas, podría ser la única manera en la que él aceptara. Con mi productora Christine Vachon, nos acercamos a su manager, Jeff Rosen, a quien le pareció interesante y nos dijo que describiéramos el concepto de la película en una carilla y se la mandáramos con los DVD de mis películas. Lo hicimos y él simplemente dijo que sí. No lo conocí, nunca hablé con él. Ese fue el fin de su intervención en la película.

-¿Cómo fue el proceso de elección de los actores y cómo trabajaste con cada uno?

-Comencé por elegir a los mejores que se me ocurrieron para cada parte de Dylan, según la edad. Quedé encantado cuando la mayoría aceptó ser parte del proyecto. Era un guión muy difícil de leer. Supongo que todos los actores presintieron que la película iba a ser especial, difícil y desafiante. Una vez que aceptaron estar en la película, compartí con ellos todos los materiales que yo había utilizado para generar la historia de su personaje; desde música hasta libros y cuadernos con distintas imágenes que yo había coleccionado.

-¿Tuviste algún referente estético para cada parte de la película?

-Me pareció que el film tenía que tener ciertos límites y centrarse en un período de su vida y lo limité a los años 60. Eso me dio una gran cantidad de referencias cinematográficas, porque fue un período muy rico y diverso en lo que se refiere al cine, particularmente el europeo. La historia que protagoniza Cate Blanchett, es un guiño a 8 ½, de Federico Fellini, que para mí, se convirtió en el mejor punto de referencia de la música de Blonde on Blonde y el período eléctrico, en el que estaban combinados el sentido de lo surrealista con el sentido de lo absurdo. Godard fue la referencia clave para la parte del matrimonio, la sección que protagoniza Heath Ledger.

-Hiciste Superstar: The Karen Carpenter Story y Velvet Goldmine , ¿qué es lo que te resulta tan interesante del mundo de las estrellas del rock?

-Porque es un material cultural que está bajo la piel de todos nosotros y no siempre lo notamos. Hay música que ni siquiera sé si la amo o la odio, como la de los Carpenters, pero está dentro mío. Cuando somos adolescentes y empezamos a buscar nuestra independencia, la música se convierte en un factor clave. El rock, en general, es una invitación a la libertad. Como Dylan es tan famoso en todo el mundo y para tanta gente es parte de la colección de discos de sus padres, se olvidan los riesgos que tomó él en su momento. Su música fue muy radical, cambió la noción de lo que era posible para todos los que vinieron después. El casi fue el primer músico punk, porque provocó cierta hostilidad en su público cuando empezó a tocar su música eléctrica a mediados de los 60. Ese fue un momento definitorio en la expresión de la libertad en la música.

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