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Cuando los otros sólo son títeres

Una socióloga -Graciela Chiale- y una psicóloga -Gloria Husmann- escribieron La Trampa de los manipuladores (Del Nuevo Extremo), que describe a esos personajes expertos en digitar la vida ajena. Aquí, algunos párrafos del libro, con pistas para estar prevenidos

Domingo 29 de junio de 2008

El manipulador es un especialista en camuflajes. Se oculta bajo disfraces diferentes e intercambiables. En esto precisamente radica la dificultad para detectarlos.

Los que describiremos a continuación son los más comunes.

El dominador/despótico

Sus características son claramente visibles. Se atribuye el derecho de controlar todo y a todos mediante una actitud autoritaria y descalificadora.

Confunde determinación con autoritarismo. No respeta los derechos ni las necesidades de los demás; en cambio, los suyos son siempre imperativos.

El irresponsable

Suelen transferir sus responsabilidades con una argumentación que limita con lo absurdo. Son los que cuentan con la “ayuda” obligatoria del otro, hacen programas o invitaciones sin consultar y delegan. Sucede a menudo con los hijos: “…Yo no puse el despertador porque sabía que hoy estabas en casa. ¿No se te ocurrió despertarme?, ¡ahora llego tarde por tu culpa!”

El simpático

Generalmente son divertidos, alegres, conversadores, acaparan la atención, son ocurrentes y enmascaran la manipulación con la broma o la ironía.

Claro que la utilizan para avergonzar o poner incómoda a una o varias personas. En una reunión de amigos, un manipulador simpático puede decir: “Dejemos que el asado lo haga Mario que es experto en prender fuego”, después de que esta persona sufrió un incendio parcial en su casa en la que tuvo cierta responsabilidad.

El de perfil bajo

Mantienen un aparente perfil bajo con la intención de hacer que otros resuelvan las situaciones que a ellos le cuesta enfrentar: “Vos lo hacés mejor que yo…”

Posiblemente utilicen el bajo perfil para obtener beneficios a costa de otros, como, por ejemplo, induciendo a su pareja a que obtenga algo de su familia para usufructuarlo. “Si tus padres no nos prestan la casa en la playa, nos quedaremos sin vacaciones.”

El profeta

Es el que se cree capaz de predecir lo que sucederá. Se arroga el derecho de saber qué es lo que va a pasar, aun sin poder argumentar lo que dice. Esto muestra su incapacidad para aceptar otros aspectos de la realidad diferentes de lo que él sabe o piensa.

Cuando los demás le señalan que él no es el “dueño de la verdad”, contesta con una de sus frases preferidas: “A mí me vas a contar… ¿sabés la calle que tengo yo…?”

El seductor

Es uno de los tipos de manipulación más encubierta; cuesta admitir que detrás de ese ser tan encantador se oculte un manipulador. La seducción puede estar dada por el atractivo físico, la cortesía, el dinero, etc. La fascinación que produce posibilita que quien esté bajo su influencia manifieste su consentimiento y adhesión a todas sus demandas.

El generoso

Es la persona que da, da y da sin que uno le pida. El problema se suscita cuando exige reciprocidad. En realidad, se trata de una trampa que se detecta generalmente cuando ya es demasiado tarde, porque se han aceptado favores o regalos por los que queda el compromiso de devolución.

El culto

Su principal característica es la de acaparar la conversación. Se muestra sutilmente despreciativo con quienes no tienen tantos conocimientos. Como los otros tipos de manipuladores, es un gran inseguro, por eso se ampara en su seudosapiencia para protegerse.

El explosivo

Va acumulando emociones y sensaciones que le producen gran tensión y que, posiblemente, se incrementen al enfrentarse con situaciones en las que registra su impotencia e inseguridad.

Mediante explosiones de ira dirigidas a quien fue elegido como destinatario, libera en forma periódica e imprevisible la tensión que se ha ido acumulando en su interior.

El desvalido

Son los que se esfuerzan en hacer creer a los demás que se sienten abandonados, desamparados y con mala suerte. Son personas que han hecho de su vida lo que quisieron y cuando la economía les falla o la soledad se impone, pretenden que otros se hagan cargo obligatoriamente de ellos.

El dependiente

Creen que los demás están a su servicio y tienen la obligación de satisfacer todas sus demandas. Compartir la mesa con ellos puede convertirse en una verdadera tortura, porque solicitan a los demás que les alcancen todo lo que necesitan y que podrían proveerse por sí mismos sólo con extender los brazos.

El enfermo

Descubrieron tempranamente los beneficios secundarios de la enfermedad. Pueden simular síntomas para mantener en vilo a su familia. Suelen competir en cuanto a la gravedad de enfermedades u operaciones. Con el objetivo de mantener el control sobre acciones y decisiones de los demás, tejen una trama culpabilizadora en la que quedan atrapadas sus víctimas.

El cizañero

Es el especialista en sembrar cizaña entre quienes lo rodean. Se rige por el precepto de “divide y reinarás”, elucubra tejes y manejes para envolver, como una araña en sus redes siniestras, a sus víctimas. No duda en generar antagonismos, incluso entre sus propios hijos, si esto es funcional a sus fines.

El perverso

Un individuo perverso no se pone a sí mismo en tela de juicio. No siente culpa. Necesita dominio, admiración y aprobación. En su afán por conseguirlos no tiene compasión ni respeto por los demás. La perversidad se manifiesta por medio de una fría racionalidad, que se combina con la incapacidad de considerar a los demás como seres humanos.

Por Gloria Husmann/Graciela Chiale

Identikit básico

1.- Utilizan múltiples camuflajes para confundir a sus víctimas.

2.- Algunos se muestran amables o seductores socialmente y en la intimidad con su víctima se comportan de manera opuesta.

3.- Son generalmente impredecibles. Nunca se sabe qué es lo que los enoja y cómo actuarán en consecuencia.

4.- Se desentienden de sus propias responsabilidades, logran transferírselas a los demás y los cuestionan cuando los resultados no son los que ellos esperaban.

5.- Inducen a otros a hacer cosas que no harían a partir de sus propias convicciones.

6.- Pueden llegar a la amenaza o el chantaje de forma abierta o encubierta.

7.- No expresan claramente sus demandas, necesidades, sentimientos u opiniones; pretenden que los demás adivinen lo que ellos quieren o necesitan.

8.- Responden generalmente de forma confusa, y se enojan cuando se les solicita que aclaren o amplíen la información.

9.- Tienen gran versatilidad para cambiar de tema de acuerdo con sus necesidades. Utilizan ardides para focalizar la conversación en un punto que resulte más conveniente.

10.- Disimulan sus errores y jamás los reconocen, aunque exista evidencia en su contra. No admiten críticas de ningún tipo.

11.- Juegan con los tiempos de los demás, esperan hasta el último momento para hacer un pedido o dar una orden.

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