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Tendencia creciente

Las iglesias reciben cenizas de difuntos

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Cada vez más parroquias porteñas instalan cinerarios, donde la gente reza por sus seres queridos

 
 

Terminada la misa vespertina en la basílica Nuestra Señora del Pilar, en Recoleta, los familiares de cinco difuntos caminaron en solemne cortejo detrás del sacerdote, desde el altar hasta la Capilla de las Reliquias, a pocos metros de la entrada del templo. En sus manos, llevaban urnas en las que, en un pequeño cartel, se indicaba un nombre.

A su turno, Carlos Roldán Vergés, conmovido, se agachó y vació las cenizas de su madre, María Elena Newton de Roldán Vergés, fallecida recientemente, en el cinerario de esa parroquia, una fosa de varios metros de profundidad en la que, desde su inauguración en noviembre último, se depositaron las reliquias de unos treinta fieles.

"Este lugar nos pareció muy adecuado", contó Roldán Vergés a LA NACION al finalizar la ceremonia. El servicio de recepción de cenizas de difuntos no es exclusivo de ese templo. Se ofrece también, en forma gratuita, en otras 19 parroquias porteñas -a las que en breve se sumarán tres- y en varias localidades del Gran Buenos Aires. Según su mentor, el padre Miguel Angel Lagilla, capellán del cementerio de la Chacarita, el cinerario es otro invento argentino. "No conozco que existan de la forma que lo hacemos acá en otro lugar del mundo", dijo Lagilla a LA NACION luego de mostrar el primero, construido con forma de pila bautismal en el atrio de su parroquia -Todos los Santos y Animas, en Chacarita- en 2002. Allí, los últimos viernes de cada mes, los familiares depositan las cenizas de su ser querido sobre un recipiente que, al bajar la tapa, gira y vuelca las reliquias sobre los casi quinientos restos que descansan definitivamente en ese lugar.

Los padres Lagilla y Eduardo González propusieron la idea al arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, luego de constatar en un documento del Vaticano (el Directorio de Liturgia y Piedad Popular, de 2001) algo que ellos ya venían afirmando: que la sociedad moderna no da lugar a los muertos. Bergoglio no puso objeciones y, en enero de 2006, difundió recomendaciones sobre la instalación de cinerarios. "La arquidiócesis no pide a las parroquias que tengan cinerarios, pero sí sugiere cómo hacerlos si la gente los solicita. Muchas familias no saben qué hacer con las cenizas de los suyos en sus casas, después de haber pasado el primer impacto del duelo", explicó el secretario de Pastoral del arzobispado porteño, padre Alejandro Russo.

"Tener cinerarios en las parroquias no es hacer necrofilia, sino dar a los muertos el lugar que les corresponde en el cuerpo místico que es la Iglesia", explicó Lagilla, y contó que el término usado para denominar estas fosas fue tomado de un ritual de exequias español. "Según nuestro lenguaje correspondería llamarlos ceniceros, pero no nos pareció una palabra digna para esto", dijo el sacerdote.

La cremación de los cadáveres, si bien fue prohibida por la Iglesia durante muchos años (ver aparte) ya es una costumbre en las grandes ciudades. Según los registros de la Chacarita, que analizó Lagilla, hace 20 años se cremaba el 20% de los fallecidos. Ahora optan por este procedimiento el 60% de las familias de los difuntos.

Los motivos más comunes por los que las familias eligen los cinerarios parroquiales son el costo de los cementerios, los trámites y la imposibilidad de "visitar" a los seres queridos con la frecuencia con la que desearían hacerlo por las grandes distancias de las grandes ciudades, como Buenos Aires, y por la inseguridad.

La mayoría, del barrio

En la iglesia San Antonio de Padua, de Parque Patricios, el cinerario tiene forma de pila. Está, desde abril de 2004, en la entrada del templo y se ve desde la esquina de Lavardén y avenida Caseros. Tiene unos tres metros de profundidad y allí hay 1058 personas. Según mostró en el registro el párroco Jordi Sabaté, se depositan ahora semanalmente las cenizas de más de diez fieles, la mayoría son familias del barrio.

En San José de Flores, el cinerario fue inaugurado en 2004. Luis Villalba, secretario de esa basílica, contó que las cenizas se depositan en grupos de hasta 20 una vez por mes y que ya están completas hasta septiembre. Los familiares "en general, vienen con mucho dolor buscando el amparo de la Iglesia que, en el tema de la muerte, sigue siendo una referencia", dijo Villalba, quien, además, les explica que, si bien el alma del ser querido "vive en otro lugar, su cuerpo, que amó, sufrió y recibió los sacramentos, no debe ser despreciado y tirado en cualquier lado".

Los requisitos que piden las parroquias son el certificado de defunción y la autorización de traslado de cenizas, que da el cementerio. No temen que se agote la capacidad porque, según calculó Lagilla, en un metro cúbico caben las cenizas de 5000 personas. Con excepción de la iglesia del Pilar, que limita su aceptación a las familias que participan en la vida parroquial, las demás iglesias reciben a todos. .

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