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Mucho más que rugby

El Virreyes Rugby Club reúne a 450 chicos pobres de San Fernando, siete de los cuales ya son universitarios; las oportunidades como reflejo de los cambios

Jueves 03 de julio de 2008 • 21:27

Ellos prefieren resumir la historia de forma sencilla: "Juntamos dos fósforos y prendimos un fueguito, y ese fueguito después se fue expandiendo hasta transformarse en una gran fogata". La imagen describe a la perfección el crecimiento del Virreyes Rugby Club (www.vrc.org.ar; 4717-5112). Un proyecto maravilloso, surgido a finales de 2002, que hoy reúne a 450 chicos pobres de San Fernando, siete de los cuales están en la Universidad. El Virreyes, además, les brinda apoyo escolar, control odontológico y oftalmológico periódicos, y charlas sobre alcoholismo y drogadicción.

Desde sus orígenes, el Virreyes demostró ser un mundo en sí mismo, la encarnación de los valores que se promueven en el rugby: solidaridad, empeño, respeto, compañerismo... Sus ideólogos son un hombre del Club Atlético de San Isidro (CASI), el licenciado en Administración de Empresas Marcos Julianes, y un hombre del San Isidro Club (SIC), el ingeniero civil Carlos Ramallo. Algo así como una fusión entre Boca y River.

Gesto inequívoco que demuestra que las diferencias, cualesquiera que sean, jamás son insalvables. "Todo esto nació cuando la mujer de Marcos, Angela, y mi mujer, Dolores, trabajaban en la Escuela del Rosario, en Virreyes –recuerda Ramallo a La Nacion–. Mientras ellas programaban sus actividades, nosotros nos preguntábamos: ¿Y si les damos rugby a estos chicos? Entonces nos fuimos a charlar con los chicos de cuarto, quinto y sexto grado. Hubo entusiasmo también en el colegio San Rafael. Juntamos 150 chicos en el Tigre Rugby Club, que gentilmente nos prestó las instalaciones. ¡No lo podíamos creer!"

Luego aparecería en escena Juan Pablo Jasminoy, hombre de CUBA y párroco en Virreyes de Nuestra Señora de Itatí, que intercedió para que la empresa de neumáticos FATE les prestara un sector del campo de deportes para los empleados. Más tarde, la Comuna de San Fernando les cedería, en comodato por diez años, un gran terreno sobre la ruta 202, donde se han construido cuatro canchas.

"Hoy tenemos 300 en infantiles y 150 en juveniles –comenta Julianes, a quien da gusto ver ir y venir, con bolsos llenos de pelotas al hombro, y las manos con hamburguesas y gaseosas—. Nuestro grupo está compuesto por más de 40 entrenadores; cuatro asistentes sociales; un psicólogo; un administrativo; tres profesores de apoyo para los chicos del polimodal; tutores para los estudiantes universitarios; y 20 personas que nos ayudan los fines de semana con la parrilla, y los jueves y los sábados con la venta de la indumentaria deportiva."

Porque nadie les regala nada a estos chicos ni a sus familias. Deben comprar la camiseta verde con vivos anaranjados y amarillos, también los botines. Disponen de facilidades, sí, pero saben que nada se logra sin esfuerzo.

"Lo mismo, con las becas universitarias –apunta Julianes, el motor del Virreyes–. Siete de los chicos que tenían 13 años cuando empezamos ya están en la Universidad. Dos eligieron Diseño Gráfico; dos, Economía; uno, Ingeniería, y uno, Comunicación Social. Hay cinco becados en el Cemic y en las universidades Di Tella y de Palermo, y dos en la UTN y la UBA. Es una jugada fuerte darles $ 500 por mes para que no trabajen, porque no en todos está arraigada la cultura del estudio. Por suerte, aprobamos, digo yo, 14 de 15 parciales. La idea es que todos puedan estudiar, porque los que se tienen que ir a trabajar como albañiles o colectiveros nunca recuperan el estudio, mucho menos el rugby."

Los jóvenes cuentan con 160 becas del Proyecto Adolescente de la provincia, de $ 76 mensuales, además de control odontológico, en la Universidad del Salvador, y oftalmológico, en Optica Alemana, y asistencia primaria en el Hospital Austral mediante la Clínica Angelus, en San Isidro.

"Este no es sólo un club de rugby, con todas las letras –se enorgullece Ramallo–, sino un lugar de afecto, de inclusión social. Por medio de la educación y el rugby, columna vertebral de todo, ellos pueden participar en la construcción social, revertir el preconcepto de la violencia y la agresividad, la portación de rostro. Queremos que puedan elegir su destino."

Cuando uno les da una oportunidad, no dudan, repiten Julianes y Ramallo. Siete eran los que podían ir a la Universidad y siete los que la eligieron. Los mismos siete cuyos padres, el primer día que se acercaron al Virreyes, confesaron: Pensábamos que el rugby era sólo para los de allá, señalando en el horizonte, allá a lo lejos, a los dos grandes clubes de San Isidro.

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Además: Mercedes Sosa actúa esta noche en el City Show de Pilar y cuenta que éste es su mejor momento; el lunes a las 14, en el Hipódromo de San Isidro, las Damas Rosadas organizan un té canasta para recaudar fondos.

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