Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Itinerario onírico de un personaje

Marina Barbera aporta frescura y expresividad al unipersonal Parece ser que me fui

Sábado 05 de julio de 2008
0

Parece ser que me fui. Con Marina Barbera. Música original: Agustin Flores Muñoz. Diseño de iluminación: Ricardo Sica. Fotografía: Jorge Crowe. Asistencia de dirección: Mariano Mandetta. Dirección: Raquel Sokolowicz. Teatro NoAvestruz. Humboldt 1857. Sábados a las 21 horas. Duración: 50 minutos. Nuestra opinión: buena

¿Cuál es el medio de transporte más rico en posibilidades, el que nos permite visitar los lugares más insospechados con más rapidez y bajo costo? Ese medio es la mente. Emilio Salgari imaginó los maravillosos mundos y personajes que han deslumbrado a distintas generaciones de personas sin salir nunca de Italia. Un actor se detiene frente a los espectadores, les cuenta algo y salen de viaje. Esa excursión la puede proponer también un mimo o un clown, a menudo con el puro gesto.

En la travesía que la actriz Marina Barbera propone al público se acude a una gestualidad que, de tanto en tanto, pide discretos auxilios a la palabra. Su personaje, Marta, una payasa ataviada con un gorro de piel, un vestido floreado y la correspondiente nariz colorada, está sentada en una pequeña silla y desde allí se lanza a un itinerario onírico que la llevará por diversos paisajes: un cielo nocturno estrellado, una playa golpeada por las olas, un paraje en el que su cabeza queda atrapada dentro de su cartera, un sitio en el que se detiene a pensar en personas que se han evaporado de su vida o a los que le gustaría ver. Es un camino hacia afuera, pero también hacia adentro, hacia la interioridad de Marta y sus deseos.

El circuito es, sin embargo, cerrado, se desarrolla dentro de un cuadrado marcado con líneas blancas en el piso. En un determinado momento, la protagonista logra trasponer ese límite y se siente liberada, feliz, chisporroteante. Luego, sin embargo, las escenas que ha vivido le aparecen de nuevo, pero de adelante hacia atrás, como en el rebobinado de un video, y termina otra vez sentada en su silla. Como en esos sueños de la vigilia en los que comenzamos a volar por inesperados lugares y, de pronto, alguna circunstancia nos hace regresar a la realidad.

Una actriz muy expresiva

Diestramente dirigida por Raquel Sokolowicz, Barbera cumple su periplo con un encanto que seduce de inmediato al público. Es una actriz con mucha expresividad y frescura. Ese trabajo es uno de los puntales del espectáculo, en el que además habría que señalar el creativo aporte de la música original de Agustín Flores Muñoz y el diseño de luces de Ricardo Sica, que contribuyen con sus efectos a dar un clima muy poético al viaje de Marta.

Desde el punto de vista de la construcción del relato, algunas situaciones quedan bajo un halo de ambigüedad, no se definen con nitidez. Se deja en el público la tarea de completar su sentido, de imaginar qué pueden ser. Si bien es un recurso del todo legítimo que se insinúa desde el propio título, exige de a ratos más esfuerzo del necesario y no permite disfrutar un poco más relajadamente de la actriz.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas