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El Gobierno insiste en no cambiar el proyecto

Directivas oficiales a sus senadores

Martes 08 de julio de 2008
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El Gobierno no permitirá ningún cambio del proyecto de ley que ratificó las polémicas retenciones móviles.

Soportar otro debate en la Cámara de Diputados y conseguir los dos tercios de los legisladores para aprobar cualquier tipo de modificación que propicie el Senado significa, para la Casa Rosada, un temblor que no están dispuestos a tolerar.

La ajustada votación en la Cámara baja dejó exhaustos a los hombres del oficialismo. Si el proyecto de retenciones es modificado por los senadores, esta vez el Gobierno necesitará más aliados para su ratificación, y no la mayoría simple que debió conseguir en el debate del sábado.

Tampoco la presidenta Cristina Kirchner tiene pensado vetar parcialmente el artículo que le pone límite al período en el que los productores pequeños y medianos pueden reclamar compensaciones. Ese plazo vence el próximo 31 de octubre, fecha introducida en el proyecto y que fue cuestionada por un ministro consultado por LA NACION. "No sé por qué los diputados pusieron la fecha, porque el límite estaba fijado para la campaña 2007/2008", sostuvo el funcionario.

Consultados diputados oficialistas, negaron que hayan sido ellos los propulsores del plazo. "Vino así desde el Ejecutivo", sostuvo Agustín Rossi, jefe de la bancada kirchnerista. Si algo se reprochan hoy los legisladores es que quizá podrían haberle dejado establecido una cláusula para que el Poder Ejecutivo quede facultado para prorrogar la fecha. De todas maneras, recordaron que lo puede hacer la Secretaría de Agricultura sin necesidad de acudir al veto parcial de la Presidenta o bien a un nuevo debate en el Congreso.

Además, desde el oficialismo recordaron que los dirigentes agropecuarios estaban al tanto del límite. "Ellos sabían que el proyecto incluía esta campaña. Seguramente, una vez que salgamos del conflicto, será necesario establecer un plan global", reforzó un legislador.

La justificación

Por el momento, en el Gobierno justifican tal régimen. "Esta fue una cosecha en la que nos cuestionaron por falta de reglas claras. Ahora se estableció por ley que después del 31 de octubre nadie recibirá las compensaciones y probablemente puedan decidir pasarse a otros cultivos", explicó a LA NACION un ministro de estrecho vínculo con el matrimonio presidencial. Así, en el Gobierno pretenden incentivar otras producciones, aunque para el campo la incertidumbre continúa.

En la Casa Rosada se muestran optimistas ante la votación en el Senado. La Presidenta cree, según se la escuchó decir, que los senadores Carlos Reutemann (Santa Fe) y Roberto Urquía (Córdoba) deberían abstenerse en la votación. "Ellos tienen intereses en el conflicto y no deberían votar ni a favor ni en contra", sostuvo un ministro. Aunque si votan con el Gobierno, algo hoy impensado, mejor.

Sucede que la sumatoria de votos en el Senado obsesiona al matrimonio Kirchner después del ajustado margen de siete diputados con el que lograron aprobar el proyecto en la Cámara baja. Por eso, en Balcarce 50 decidieron que el actual subsecretario de la Pequeña y Mediana Empresa, Eric Calcagno, regrese a su banca de senador por Buenos Aires para asegurarse la votación.

Prometen, según una alta fuente del Gobierno, que permanecerá allí hasta concluir su mandato. "Fue una buena manera de regularizar esa situación", consideró un funcionario después de la jugada oficialista. "Quedará definitivamente en su banca", amplió.

Pasadas 48 horas de la agitada sesión del fin de semana, en la Casa Rosada persisten los ecos de la votación. El blanco de la bronca de Néstor y Cristina Kirchner es el ex gobernador bonaerense Felipe Solá, que votó en contra del proyecto oficial.

"Se suicidó y esto en política se paga", desafían en lo más alto del poder. Consideran que Solá "jugó el partido para la oposición", y agregan: "Siempre se construyó políticamente desde la soledad y ahora lo volvió a hacer. No tiene retorno", plantearon cerca de los Kirchner.

Está claro que a los senadores del PJ que sigan el mismo camino que Solá les espera un destino similar preparado por parte de la Casa Rosada: es decir, el destierro político.

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