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Gran concierto de la Sinfónica Nacional

El ciclo Los Sonidos Prohibidos fue la excusa para que el organismo enfrente y resuelva un desafío con holgura

Domingo 13 de julio de 2008
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Orquesta Sinfónica Nacional. Director: Pedro Ignacio Calderón. Solista: Víctor Torres, barítono. Concierto del ciclo Los Sonidos Prohibidos. Programa: Schreker: Obertura fantástica Op. 15 (1» audición): Eisler: Suite para orquesta Op. 23 (1» audición); Mahler: Canciones para los niños muertos; Schulhoff: Sinfonía Nº 1 (1» audición). En la Facultad de Derecho. Nuestra opinión: muy bueno

El ciclo Los Sonidos Prohibidos está generando conciertos que superan las expectativas. Sucede que, más allá de traer a la vida las obras de aquellos compositores que vieron interrumpidas sus carreras por las prohibiciones y las iniquidades del nazismo, cada uno de los conciertos se está transformando en un verdadero evento. En esta ocasión, Pedro Ignacio Calderón y los músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional interpretaron cuatro obras dificultosas y de estéticas muy diferentes, tres de las cuales fueron ofrecidas en primera audición en Buenos Aires, un desafío de grandes complejidades, afortunadamente resuelto, incluso, con cierta holgura.

La Obertura fantástica, de Franz Schreker, comienza densa, oscura y conmovedora, ideal para la apertura de un concierto de esta naturaleza. Pero después de la introducción, la obra presenta la característica expresividad del romanticismo tardío, muy bien llevada adelante por la Sinfónica, más allá de algunos desajustes ocasionales y algún sonido un tanto estrepitoso de los vientos. Con una orquesta más pequeña, Calderón dirigió, luego, y también con carácter de novedad, la Suite para orquesta Op. 23, de Hanns Eisler, una especie de resumen de todas las caras de un compositor que, como si de algo lógico se tratara, se pasea por la atonalidad y el expresionismo de la Escuela de Viena, por los ritmos y las melodías del music hall y de las músicas populares alemana y estadounidense, y por canciones populares rusas. Sin embargo, la obra es tan cambiante y sorprendente como atractiva. Y no hay reparos a una interpretación concentrada, efectiva y musical.

Conforme pasan los años y los recitales, el barítono Víctor Torres parece haberse adueñado del podio del canto de cámara
Conforme pasan los años y los recitales, el barítono Víctor Torres parece haberse adueñado del podio del canto de cámara.

Barítono notable

En la segunda parte, llegó Víctor Torres para ponerle la voz a las Canciones para los niños muertos, de Mahler. No es Víctor el único barítono notable ni el único recitalista argentino destacado, pero, conforme pasan los años y los recitales, Torres parece haberse adueñado del podio del canto de cámara. Su voz fluye con naturalidad, sus fraseos son irreprochables y de su voz y de su afinación impecable aparecieron la melancolía, la tristeza, la desolación y el abatimiento que trasuntan estos textos de Rückert, que Mahler musicalizó en estado de iluminación.

En el final, superados algunos desconciertos iniciales, llegaron Schulhoff y su primera sinfonía. Schulhoff es, esencialmente, un iconoclasta que asume diferentes vestimentas. Su multiestilismo es bandera y su universo sonoro es imprevisible, zigzagueante e inmarcesible. La obra es apasionante, desarrollada con elementos aparentemente irreconciliables, pero que están ensamblados en un discurso coherente y homogéneo. El largo aplauso tributado a Calderón y a la Orquesta fue ampliamente merecido. La tarea que habían realizado había sido meritoria y ardua.

Con todo, el final es para Los Sonidos Prohibidos. Este ciclo está logrando que todos los involucrados en su ejecución, una infinidad de músicos y cantantes argentinos, ofrezcan performances que van mucho más allá del mero armado de las obras. Las piezas son, casi todas, desconocidas, espinosas y de interpretación dificultosa. No obstante, sus presentaciones no lo denotan. Tal vez, porque en esta tarea de homenaje y justicia en contra del nazismo y sus atrocidades hay una motivación agregada que hace que, efectivamente, todos den lo mejor de sí. Así de simple.

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