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Opinión

 
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Martes 05 de agosto de 2008 | Publicado en edición impresa

Editorial II

El futuro del Jardín Japonés

 
 
 

Durante un lapso ya extenso, el Jardín Japonés ha sido y sigue siendo manejado por la Fundación Argentino Japonesa, que lo ha mantenido en condiciones tales que lo tornan una fisonomía distinguida y querible de nuestra ciudad.

Se trata de una razón sobrada para que carezca de fundamentos la iniciativa de reintegrarlo al dominio público, promovida durante el mandato de Jorge Telerman y ahora sometida a revisión por las actuales autoridades locales. El Jardín nació merced a la creatividad artística y el buen gusto en esta materia de la colectividad de origen japonés, cuya asimilación y aportes al país enaltecen a nuestra sociedad, en el ángulo formado por la intersección de las avenidas Figueroa Alcorta e Intendente Casares. A partir de entonces, disfrutó del favor popular: alrededor de 4500 visitantes diarios y 10.000 en igual período durante los fines de semana, atraídos por su bella y armoniosa presencia y por el hecho distintivo de su aire oriental.

Es cierto que el Jardín Japonés tiene un restaurante y un vivero que, en principio y por tratarse de actividades comerciales, estarían reñidos con la legislación vigente para los espacios verdes. También lo es que a lo largo de un siglo y medio de existencia esa alhaja urbana que es el parque 3 de Febrero ha sido mutilada en su vasta superficie por concesiones que le restaron alrededor de la mitad de su extensión. Pero esa particular actividad es parte de los atractivos del Jardín Japonés y en otros casos su restricción ha admitido excepciones, mientras que restituir los terrenos de Palermo a más o menos su condición original daría lugar a situaciones conflictivas y pleitos por de más irritantes y hasta difíciles de dirimir. Todo ello al margen de que, sin duda, la peculiar conformación del Jardín sólo puede correr por cuenta de especialistas duchos en las técnicas propias de la jardinería japonesa.

Confiarle su cuidado y mantenimiento a manos no especializadas equivaldría, sin exagerar, a condenarlo a desaparecer a corto plazo o, quizá peor, a que fuese desvirtuada su finalidad original. Es positiva, entonces, la intención de las autoridades locales de darle confirmación legal, por vía de la sanción de una norma, a la continuidad de la existencia del Jardín Japonés, tal cual funciona actualmente, previa revisión de sus condiciones de operación, ingreso y seguridad.

La ciudad no puede ni debe desentenderse de ese espacio que podría ser calificado como "público sometido a manejo privado". Mas el ejercicio de ese legítimo derecho debe congeniarse con una realidad que avala la subsistencia del Jardín Japonés y torna deseable su continuidad en su carácter de reconocimiento, por cuanto de mucho y bueno hizo y hace por nuestro país la colectividad de ese origen. .

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