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Perfiles

Juan Manuel Abal Medina: un paladín intelectual del libreto

Enfoques

Portador de un apellido cargado de simbolismo histórico, el politólogo Juan Manuel Abal Medina llegó a la primera línea de la función pública de la mano de Alberto Fernández y hoy es la mano derecha de su sucesor, Sergio Massa. Provocador y acérrimo defensor del kirchnerismo, aunque para algunos expresa una posible renovación generacional en el Gobierno, dice tener "la misma sintonía" que De Vido, Jaime y Moreno

"Yo tenía muchas ganas de quedarme", confiesa entre pocos el flamante vicejefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina (h), recién mudado a la Casa Rosada para secundar a su nuevo jefe, Sergio Massa. Le tocó en suerte un despacho con vista privilegiada, el que termina en uno de los míticos balcones que dan de lleno a la Plaza de Mayo: es el balcón de los actos, el de las postales de la historia.

Parece que el karma de Abal Medina es andar siempre cerca de los emblemas con peso histórico, empezando por el apellido que porta, cargado de simbolismos, buenos y malos, depende a los ojos de quién: es que Abal Medina padre -a quien físicamente se parece de manera asombrosa- fue delegado personal de Perón y secretario del movimiento justicialista en los 70, y su tío, Fernando, uno de los fundadores de Montoneros.

Devenido en una espada importante dentro del nuevo elenco de jóvenes funcionarios que, tras la partida de Alberto Fernández, rodean a la Presidenta, Abal Medina se recorta, a los 40 años, como una figura de fuertes claroscuros. Por un lado, es respetado en el ámbito académico por su formación intelectual irreprochable: es politólogo, investigador, docente -la tesis para su doctorado en la Universidad de Georgetown fue avalada por el prestigioso Guillermo O Donnell, de quien exhibe, con orgullo, una foto en su despacho y a quien considera uno de sus maestros-; por el otro, tiene una extraordinaria habilidad para defender, con convicción y argumentos, lo indefendible.

Y para explicar, con la misma convicción, lo inexplicable.

Digamos que Abal Medina es un defensor intelectual del kirchnerismo a libro cerrado; compra el paquete completo, incluido su lado más oscuro y violento -al menos, así lo manifiesta en su discurso público-, y cada tanto, suelta pensamientos que dejan pasmado a cualquiera.

Dirá, por ejemplo, sin que se le mueva una ceja: "Con De Vido, Jaime y Moreno tenemos la misma sintonía; son compañeros que han sido demonizados por los medios, a quienes les inventan cosas. A De Vido le inventan que es corrupto; a Moreno, que anda con un revólver. Yo me pregunto: ¿alguien lo vio? Lo que pasa es que, cuando hay instituciones débiles, a veces la regulación de los mercados requiere discusiones fuertes. Pero no hay un lado brutal, ni oscuro, en el kirchnerismo. Todos defendemos el mismo proyecto, sólo que con distintos perfiles".

Otro de sus pensamientos híper K: "La gente está mal por un 30% de inflación que no existe; el aumento de precios es una creación artificial de los medios, amplificada por el facilismo de una oposición incapaz de hacer nada. Yo, cuando salgo a comprar, gasto más o menos lo mismo que antes; quizá un poco más".

Politólogo con frases políticamente incorrectas ("me gusta desafiar al sentido común", explica), acaba de ser nombrado por Massa -a quien conoció en la gestión pública- como secretario de Gabinete y Gestión Pública. Es decir, como su mano derecha. Su tarea tendrá que ver con la coordinación del aparato del Estado -ministerios incluidos-, con su modernización y con la búsqueda de calidad institucional.

"Justamente, esto es lo que no se comprende de Juan Manuel, cuyo expertise es el Estado y los partidos políticos, dos herramientas democráticas que el kirchnerismo se ha encargado de destruir", observa el politólogo e investigador Marcos Novaro, del instituto Gino Germani. Novaro fue un intelectual de referencia de Chacho Alvarez en tiempos del Frepaso, fuerza que Abal Medina integró.

En la misma sintonía, María Matilde Ollier, historiadora y politóloga de la Universidad de San Martín, señala: "Es claro que este gobierno no está interesado en la calidad institucional, y es difícil que eso suceda de aquí en más porque, para eso, hace falta un presidente fuerte, con capacidad para autolimitarse. No parece ser este el caso. Lo peor es que, cuando no hay reglas claras, quienes más se perjudican son los que menos tienen porque, los que tienen, siempre se las arreglan. Los países del mundo con mejor distribución de la riqueza demuestran que el fortalecimiento de la institucionalidad va de la mano de la equidad. Igual, me parece valioso que los académicos participen de ese laboratorio, que es el poder real".

A jugar a las grandes ligas del poder K lo llevó Alberto Fernández, quien en 2005 lo nombró subsecretario de la Función Pública. Después, subió otro escalón al ser promovido a secretario. Pero Fernández nunca le anticipó a Abal Medina su decisión de renunciar; ni siquiera lo alertó sobre su malestar político cada vez mayor a medida que se profundizaba la pelea con el campo.

Pero, volviendo a sus colegas del mundo académico, es Sergio Berensztein, politólogo de la Universidad Di Tella, quien define a la nueva espada del gabinete cristinista como parte del "kirchnerismo racional". A la hora de evaluar a Abal Medina y su tarea, dice: "Se ha preparado para llegar al poder, es una cara políticamente presentable, de esas que siempre querría mostrar Cristina. Lo malo es que este nuevo grupo de jóvenes no podrá avanzar demasiado contra el lado más brutal del kirchnerismo, que es el verdadero constructor de poder político, aunque no de un poder político democrático, porque son dos cosas distintas".

Efectivamente, poco antes del cambio de Gabinete, Abal Medina, junto con Massa, el chaqueño Jorge Capitanich y el salteño Juan Manuel Urtubey, habían comenzado a darle forma a un nuevo espacio generacional K, que todavía no tuvo difusión y al que llamarán "Generación del Bicentenario". La idea es agrupar a funcionarios y militantes kirchneristas de entre 30 y 45 años.

Nueva generación K

La noche está helada en Buenos Aires, Cristina viajó a Mendoza con Massa, y Abal Medina trabaja en su despacho, con el noticiero encendido pero sin voz. Fuma un Parisien tras otro, sin parar. De pronto aparece en pantalla Julio Cobos, con ropa de gimnasia, corriendo sobre una cinta. Abal se enoja con la imagen: "Pero este tipo es inconcebible Ningún vicepresidente de ningún país serio hace lo que hizo; ya se van a dar cuenta en cinco años. Lo de él fue puro oportunismo". De la misma manera, por TV, se enteró de la renuncia de Alberto Fernández.

Su primera reacción fue pensar que era mentira. No lo podía creer. Así que, "el joven brillante", como lo había calificado Fernández al incorporarlo como funcionario del Gobierno, después de 15 días, todavía no volvió a hablar con él, aunque es sabido que a su ex jefe y a su entorno más íntimo no le cayó en gracia que Abal Medina quedara tan expuesto mediáticamente abrazando a Massa después de su renuncia. "Yo nunca fui del grupo político de Alberto y lo cierto es que nadie renunció porque él se haya ido", dijo ante sus íntimos.

De su anterior jefe político, Aníbal Ibarra, también está distanciado, como lo está todo el kirchnerismo puro, y Abal es uno de ellos. Es que, en ese núcleo duro, evalúan al ex jefe porteño como un oportunista que hace mero "seguidismo" de la opinión pública porteña. La razón del enojo es la falta de apoyo en la pulseada con el campo. Así que, sin aludirlo directamente, Abal Medina habla de la existencia de un progresismo bobo, discursivo, de café, que no se define. Y la referencia va indudablemente para el ex aliado de la Capital, quien, cuando era jefe porteño, le encargó el Plan estratégico de la ciudad, en tiempos en los que Abal Medina formaba parte de la mesa de conducción del Frente Grande, entonces el partido de Ibarra. "Me parece que los que estuvieron y ahora se abren porque el proyecto está en problemas son cobardes. No es lo mismo que irse cuando el proyecto se ha desviado, que no es lo que ha pasado aquí".

Tampoco con Chacho Alvarez los vínculos están tan aceitados como antes, cuando compartían juntos una cátedra en la Universidad de Quilmes, apenas Alvarez renunció a la vicepresidencia de la Alianza. Chacho dejó trascender últimamente muchas diferencias con la forma en que los Kirchner manejaron el conflicto con el agro. Abal Medina, en cambio, no tuvo ninguna. Dio un respaldo sin fisuras. Y si bien es prematuro saber si alguien podrá reemplazar el lugar que dejó Alberto Fernández, algo va quedando en claro en el nuevo esquema: parte de la historia oficial será asumida -y defendida- por este joven politólogo, portador de un apellido setentista que polariza.

A fines de los 90, mientras él disfrutaba de la apacible vida académica en la Universidad de Georgetown, Sergio Massa, su jefe actual, recorría el país de Ushuaia a la Quiaca subido al tren de la esperanza y la victoria, en plena campaña presidencial: es que, en aquella época, Massa era el operador de Ramón "Palito" Ortega, a quien por entonces promocionaba con devoción. "Eramos tan jóvenes", se perdona ahora Abal Medina.

Pese a compartir generación, no hace tanto que Abal Medina y Massa se conocen. En realidad, recién se cruzaron cuando Abal era subsecretario de la función pública y Massa se encargaba de los jubilados desde la Anses. Pero cuando Massa fue nombrado en reemplazo de Alberto Fernández, no dudó en acercarse.

Entre la academia y el PJ

Se define como un "peronista-progresista" y asegura que siempre estuvo en el mismo lugar, aunque algunos de sus antiguos compañeros del Frepaso aseguran que las cosas no fueron exactamente así.

Veamos qué dice el ex diputado nacional frepasista Rafael Flores, un abogado santacruceño hoy replegado a la actividad privada: "Abal Medina es una figura secundaria y su trayectoria ilustra muy bien el sistema de cooptación kirchnerista, que hizo que varios dirigentes del Frepaso dejaran de lado consignas y principios, fascinados por el poder y sus ventajas. Ahora parece que muchos de ellos pretenden que la experiencia política del Frepaso no existió y se reperonizaron . Es que, para quedarse, siempre hay un buen argumento a mano".

Sobre este punto, Novaro arriesga una explicación: "Muchos progresistas se han reconciliado con el peronismo a través de las teorías populistas, del estilo de [Ernesto] Laclau, que sugieren que el populismo tiene muchas más chances que la socialdemocracia para hacer innovaciones políticas desafiando a los factores de poder. Pero el conflicto con el campo demostró que una cosa es desafiar instituciones que reflejan el statu quo y otra muy distinta es la polarizarización estéril".

En efecto, Abal Medina se reconoce en Laclau y en la politóloga belga Chantall Mouffe, esposa de Laclau e inspiración de Cristina. Desde ya que, entre sus amores intelectuales, figuran los que firmaron la Carta Abierta, con el decano de Ciencias Sociales de la UBA, Federico Schuster, a la cabeza, seguido del filósofo José Pablo Feinmann. También hay que apuntar que, como académico oficialista, Abal Medina hizo muchas veces de puente entre la intelectualidad y el mundo K.

El recorrido de su familia está atravesado de historias y leyendas. Su infancia, por ejemplo, transcurrió en un exilio interno familiar: se educó en escuelas rurales, en la localidad bonarense de Navarro, mientras su padre estaba asilado en la embajada de México; un exilio que duró casi toda la dictadura, hasta la guerra de Malvinas, cuando los Abal Medina en pleno lograron partir hacia México.

Cuenta la leyenda que fue la ministra Nilda Garré quien le salvó la vida a su padre -entonces eran pareja- al lograr su asilo en territorio protegido mientras la represión lo buscaba. Garré es la madre de su hermana María Paula, una socióloga que sigue sus pasos en el mundo académico.

En México hizo parte de la escuela secundaria, aunque su último año lo terminó en la Argentina, en 1985, y, por esas piruetas del destino, le tocó disputar el centro de estudiantes con el ex sushi Lautaro García Batallán, con quien años más tarde volvió a medirse en las contiendas políticas estudiantiles de la UBA.

Claro que, si de extrañas piruetas se trata, no es menor la que lo hizo profesor de Patricia Bullrich, el año pasado, cuando la dirigente de la Coalición cursó el doctorado de Ciencia Política en la Universidad de San Martín, donde Abal Medina enseña. "Me pedía permiso para hacer campaña con Lilita, y yo se lo daba", cuenta ahora en broma.

Lo único que lamenta -dice- es que, en estos días febriles de poder K, una noche en que llegó a su casa a cualquier hora encontró a su hija de seis años esperándolo para preguntarle: "¿Qué pasa papá que ya no vivís más acá?"

Quién es

De Navarro a México

Juan Manuel Abal Medina nació en Buenos Aires en 1968. Su infancia transcurrió en Navarro y durante la guerra de Malvinas partió con su familia a México. Retornó cuando cursaba el último año del secundario.

Trayectoria académica

Casado y padre de dos hijas, tiene un doctorado en Ciencia Política (Georgetown - Flacso). Está especializado en el estudio del Estado y los partidos políticos y es docente de la UBA y de la Universidad de San Martín. .

Por Laura Di Marco
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