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“Los norteamericanos se miran el ombligo, también en el deporte”

Luego de escribir su último libro sobre cricket, el intelectual critica la sociedad de los Estados Unidos

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LA NACION
Miércoles 13 de agosto de 2008
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NUEVA YORK.– El novelista irlandés Joseph O´Neill se tomó siete años para escribir su último libro, Netherland . "Lo bueno de estar escribiendo una novela sobre el cricket en Estados Unidos –dice, sonriendo– es que al menos uno puede estar tranquilo de que nadie le va a robar la idea."

Para O’Neill, nacido en 1964 y radicado ahora en los Estados Unidos, una peculiaridad de este país, en el que los deportes más populares son el béisbol, el básquetbol y el fútbol americano, es que se mira el ombligo en todo, incluso en las inclinaciones deportivas. Sostiene que los deportes que movilizan al resto del mundo no les interesan a los norteamericanos, y ni siquiera se sienten atraídos por los que sí les gustan cuando los practican equipos o jugadores de otros países.

Por eso, cuando O´Neill (entre sus libros anteriores figura una memoria de su familia turco-irlandesa en la Segunda Guerra Mundial, seleccionado como uno de los libros notables del año por The Economist ) contaba a sus amigos el tema sobre el que estaba trabajando, todos pensaban que se había vuelto loco. "Pobre Sally, lo va a tener que mantener el resto de su vida", asegura que comentaban todos sus conocidos, en alusión a su mujer, Sally Singer, editora de moda de la versión norteamericana de Vogue .

Sin embargo, Netherland se convirtió en una sensación literaria. The New Yorker lo llamó uno de los mejores libros poscoloniales que se hayan publicado, "comparable a los de Rushdie y Naipaul". The New York Times lo calificó de espectacular y lo comparó con El gran Gatsby . El Times Book Review lo puso en la tapa y lo llamó "el libro más inteligente sobre la vida post-11 de Septiembre". Acaba de ser nominado para el Premio Booker, en Gran Bretaña, con las casas de apuestas garantizando que ganará. Pero lo realmente llamativo que logró Netherland es que puso al cricket de moda en Nueva York.

"Yo solía creer -explica O´Neill a LA NACION en un café a pocas cuadras del departamento que tiene en el Chelsea Hotel- que publicar era el castigo por haber escrito un libro. Uno recibía un par de reseñas lindas y luego no pasaba nada, nadie estaba interesado, no se vendían los libros, nadie pagaba. Ante esta cosa catastrófica, sólo se podía empezar a escribir otro libro. Jamás imaginé que este tipo de éxito existiría."

Netherland saldrá publicado en castellano en febrero próximo, por el sello El Aleph. En el libro, el cricket es el vehículo a través del cual se exploran el crisol de razas en Nueva York y la vida en los Estados Unidos después del 11 de Septiembre.

-¿Hubiera sido lo mismo hacer el libro sobre el rugby o el fútbol, en lugar del cricket?

-A los norteamericanos el cricket, con esa gente vestida de blanco, les resulta un chiste, un símbolo de todo lo ridículo y extranjero. Empecé a jugar al cricket en Nueva York en el 95 y enseguida me di cuenta de que era un tema potencialmente interesante para explorar. Era un deporte invisible en Estados Unidos, jugado por los inmigrantes invisibles de las Indias Occidentales. Estaba bien alejado de la sociedad norteamericana, pero desde allí se la podía observar, así que usé esta mezcla de ser yo mismo inmigrante más mi amor por el cricket como una forma de explorar los propios límites de mi imaginación.

-¿Sólo le gusta el cricket o es un amante de los deportes en general?

-El cricket tiene que ver con mi biografía personal. De chico era un fanático, pero creo, en general, que el amor por el deporte es una parte subanalizada del comportamiento humano. Por qué tantos hombres le dan semejante importancia es una pregunta interesante. Supongo que tiene que ver con que el deporte presenta una alternativa al mundo real, con sus propios ganadores y perdedores, personalidades y dramas. Sin embargo, no me queda claro por qué este fanatismo no es igual entre las mujeres. Yo sé que ustedes, los argentinos, están obsesionados con el psicoanálisis. Para mí, tiene que ver con la psicología evolutiva: hay resonancias demasiado tribales en los deportes.

-¿Cómo ve los deportes típicamente norteamericanos, como el béisbol o el básquetbol?

-La peculiaridad de Estados Unidos es que es un país que se mira al ombligo, y sus deportes lo reflejan, es decir que también con eso se miran el ombligo. El año último hubo una copa del mundo de béisbol, con equipos de la República Dominicana y México, por ejemplo, pero los medios de comunicación no le prestaron la menor atención ni como dato de color, lo cual me pareció extraordinario. A un argentino no le hubiera pasado eso con el fútbol...

-¿Qué efecto cree que puede tener este aislacionismo, por llamarlo de alguna manera, en los deportes?

-Para mí, de chico, seguir el fútbol, fueran los mundiales o la Eurocopa, era una parte fundamental de mi educación geográfica y cultural. Lo primero que supe sobre la Argentina fue a través de los partidos entre River Plate y Boca Juniors. El Mundial de 1978 fue una educación muy vívida, en términos de nacionalismo y emoción de masas. Chuck Ramkissoon, uno de los protagonistas de mi novela, aprende sobre el mundo de una manera muy similar, siguiendo el cricket. Yo estoy seguro de que muchos chicos argentinos, sobre todo varones, toman un primer interés por Manchester, Liverpool, Milán, Río de Janeiro y Caracas por el fútbol. Por el contrario, los chicos norteamericanos (y puedo hablar del tema porque tengo tres propios) crecen entre el béisbol y el fútbol americano y el básquet, con lo cual no se benefician de este flujo de información básico. Eso puede servir para explicar por qué tantos adultos en este país son incapaces de marcar en un mapa dónde están Londres, París o Buenos Aires, y es algo que no puede dejar de tener consecuencias políticas.

-¿Usted votará en Estados Unidos en las próximas elecciones?

-Sí, acabo de sacar el pasaporte norteamericano. Y tengo una calcomanía de Obama en la puerta de casa, si eso te da una idea de mi orientación política En realidad Obama es demasiado de derecha para mi gusto, pero está teniendo un impacto gigantesco en el resto del mundo. Creo que es una persona que ante una cuestión determinada va a evaluar racionalmente el problema. Luego dará una respuesta acertada o equivocada, no importa, pero al menos habrá algún tipo de reflexión en vez de una acción inmediata ante cualquier situación diseñada para beneficiar a los amigos ricos y a la industria del petróleo, como lo hace la administración actual. Un presidente americano interesado en el bienestar de la población norteamericana será un cambio interesante. Las ramificaciones de lo que podría ser un triunfo de McCain son impensables.

-No sé si vio una reciente nota de varias páginas en The New York Times sobre los neoyorquinos que se sienten desplazados por los turistas europeos en su propia ciudad

-Sí, claro, pero no creo que Nueva York esté en absoluto amenazada por los europeos, que llegan sacudiendo sus euros a diestra y siniestra. ¿Cómo no darse cuenta de que los necesitamos para mantener la economía funcionando?

-¿El personaje de su libro es el nuevo Gatsby, como dicen los medios?

-El tema de mi libro se parece, de muchas maneras, al de El gran Gatsby . Scott Fitzgerald y yo exploramos el mundo, esencialmente, de la misma manera: un soñador americano que se ahoga en su sueño es recordado por un melancólico personaje secundario que, en realidad, es poco más que un observador. En realidad, pensándolo bien, no ocurre demasiado en ninguno de los dos libros, pero Gatsby es mucho mejor. Scott Fitzgerald lo pudo escribir de joven, y yo tuve que esperar hasta bien pasados los 40.

-Se dice que su libro explora la crisis de la mediana edad

-Sí, pero yo creo que, para cualquier persona medianamente sensible, la vida es crisis constante. Es sólo que con el paso del tiempo las crisis se vuelven peores y las preocupaciones se acumulan, porque se siente la muerte más cerca.

-Al principio de la charla mencionó al psicoanálisis y el fútbol. ¿Qué más sabe sobre la Argentina?

-Sobre la Argentina he leído a un compatriota irlandés, Colm Toibin, y a Borges, cuando leía en serio. Yo vivía en Europa cuando entraron en guerra con Gran Bretaña, y me quedó grabado Galtieri: me resultaba como esos personajes de historieta, el malo irredimible, sin tonos de grises que lo hagan más humano, como en las películas de Hollywood en las que se mezclan dibujos animados con situaciones de la vida real. Pero debería saber e investigar mucho más de la Argentina. Tenemos unos amigos que viven en nuestro mismo edificio y que compraron un departamento en San Telmo, adonde van todo el tiempo. Siempre estamos a punto de viajar, pero por alguna razón cada vez que planeamos ir a la Argentina terminamos visitando la India. Aunque es sólo cuestión de tiempo: sé que ustedes tienen alguna pequeña tradición de cricket y me fascinaría conocerla en detalle.

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