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Científicos en la escuela

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LA NACION
Miércoles 13 de agosto de 2008
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Thomas Cech, Nobel de Química 1989, decidió ser científico a los diez años. A los 13, David Gross, Nobel de Física 2004, ya era un ávido lector de libros de ciencia. Roy Glauber, que recibió el mismo premio en 2005, recuerda haber desarmado una radio a los cuatro porque estaba convencido de que adentro había un hombre. "Todavía revivo mi asombro cuando vi nada más que un puñado de tubos relucientes", escribe en su autobiografía.

Las raíces de la ciencia están en la curiosidad infantil. Por eso, el programa "Los científicos van a la escuela", en virtud del cual miles de escuelas argentinas recibirán el asesoramiento de investigadores en actividad para mejorar la enseñanza de las ciencias, tiene a los profesores expectantes y a los científicos, entusiasmados.

Si todo marcha como está previsto, a través de experimentos y de alentarlos a "meter la mano en la masa", la iniciativa ofrecerá a nuestros chicos una oportunidad inigualable, la de sentir la emoción del descubrimiento.

Y lo hará de dos formas: promoviendo visitas de los científicos a las aulas para contar lo que hacen, y rediseñando los programas y contenidos de las materias científicas con la estrecha colaboración de los propios investigadores.

Una de las metas de esta iniciativa -que es, sin duda, una de las más modernas y ambiciosas que se hayan emprendido- es estimular nuevas vocaciones científicas. Como afirma uno de los promotores de este programa, Diego Golombek, cronobiólogo, escritor y conductor del programa de TV "Proyecto G"), "ése sería un resultado nada desdeñable".

Sin embargo, no es el único. Como parte insoslayable de la cultura del siglo XXI, la ciencia tiene valores que no pueden faltar en la formación del ciudadano común.

"Las verdades en ciencia no responden al principio de autoridad, sino que tienen que ser demostradas; se basan en la observación, en la evidencia y en el pensamiento crítico -dijo el lunes Alberto Kornblihtt, profesor de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y destacado investigador del Conicet-. Es una manera de pensar y de mirar la realidad que puede inspirar pasión."

Si el esfuerzo se sostiene, dentro de algunos años sabremos si tuvo éxito: habrá sido el comienzo del fin de varios males argentinos...

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