Crecen en la Argentina
Los fantasmas del default
Hay superávit fiscal y comercial, y la necesidad de tomar dinero prestado es baja; la situación debería ser cómoda, pero la suba del gasto, la inflación y los menores precios de exportación encendieron las alarmas
Por Francisco Jueguen | LA NACION
La Argentina, el país del eterno retorno. Hoy, cuando la conveniencia política todavía no dejó disipar totalmente la crisis, desde lo más oscuro del pasado nacional vuelve a tomar forma un renovado temor: el default.
La advertencia arribó desde los vigilantes ojos del centro financiero mundial. Los principales bancos de inversión de Wall Street aconsejaron a sus clientes desarmar sus posiciones en el país. En sintonía, la versión que salió del Fondo Monetario Internacional (FMI) fue contundente: “La Argentina enfilará hacia un iceberg”.
La mirada local es más prudente, pero no excluye la posibilidad de una cesación de pagos. En caso de existir, el default no sería inminente. No obstante, sin piedad, el cronómetro comenzó a restarle tiempo de vida a la política económica de los Kirchner. Esto, siempre y cuando no exista un volantazo en el camino hacia 2009.
Los datos no acallan la verdadera posibilidad de que la Argentina deje de pagar su deuda. Por lo menos, así lo siente el mercado. Por ejemplo, el costo de los seguros a los que recurren los inversores más sofisticados contra un posible default (credit default swaps) ubicó al país al tope del ranking de Bloomberg a fines de julio. El crecimiento del valor de este seguro fue de un 66% anual.
Pese a que los números locales son envidiables cuando la presidenta Cristina Kirchner los recita en los actos, los economistas consultados por La Nacion auguran una situación bastante más complicada.
La economía envía poderosas señales: el superávit fiscal de la Argentina, uno de los pilares del modelo, muestra signos de fatiga. Los mercados financieros, más allá de la costosa mano chavista, aparecen cerrados para el país. Los precios de las commodities se amesetaron. Todo con una creciente inflación real.
Para los economistas, tanto la pregunta como la respuesta son políticas. ¿Podrá el Gobierno terminar con lo que los expertos llaman “necedad”, apostar al cambio y evitar un futuro, pero ya instalado default? “En términos fiscales, 2008 ya está prácticamente jugado”, se afirmó en un informe de la consultora Prefinex. Este agregó que, a fines del año pasado, las expectativas alrededor del superávit fiscal primario giraban en torno al 4% del PBI en el marco de precios internacionales crecientes y la suba de retenciones decretada en noviembre de 2007. Para 2008, la sensación es de que la diferencia entre ingresos y egresos, aún positiva, será más ajustada. “El cóctel entre el conflicto agrícola y un gasto público incontenible se traducirá en un superávit que difícilmente supere el 3% del PBI”, dice el trabajo.
El dato del superávit de junio fue un reflejo de los problemas disimulados por las utilidades del Banco Central y por el freno en gastos de capital y en transferencias a las provincias. “El frente fiscal está débil a pesar de los resultados que el Gobierno dibuja mensualmente”, ironizó el titular de Infupa, Manuel Solanet. “Si en julio no se hubieran incluido los $ 1130 millones de utilidades del Banco Central, que ya triplican lo presupuestado, y se hubiera considerado el aumento en los atrasos de pagos, el superávit primario no hubiera alcanzado para cubrir los intereses de la deuda. Estamos, de hecho, en déficit financiero, lo que se corrobora por el crecimiento de la deuda pública”, agregó economista.
Desde Prefinex, estimaron: “Es necesario que los subsidios dejen de crecer durante el próximo año”, y para eso recomiendan terminar con el “desacople” de los precios locales de energía con los internacionales.
“La dinámica futura de los ingresos luce complicada”, pronosticó un trabajo de Ecolatina. “Se espera un menor dinamismo de la actividad y un estancamiento de los precios de las materias primas agrícolas. La presión tributaria es elevada y resulta difícil aumentarla”, finaliza.
A mediados de este mes, el cuestionado Indec admitió que el crecimiento de la economía durante junio fue del 6,5%, el menor en dos años. “Para que se disipen las dudas sobre un posible default se va a requerir un manejo muy prudente del gasto”, indicó el economista de Econviews, Miguel Kiguel, que también puso el acento en el crecimiento desbocado de los subsidios. “Ya no hay holgura fiscal”, dicen las conclusiones de su último reporte.
El Gobierno gastó en el primer semestre $ 12.319,1 millones en subsidios. Pese a la actualización de hasta un 30% de las tarifas de la energía eléctrica, la actual gestión invirtió diariamente casi $ 68 millones en subsidios, lo que significó un alza interanual del 215 por ciento. Aunque los datos son preocupantes, la solidez fiscal no es aún, por sí sola, una causa para que el país caiga en cesación de pagos.
“Antes de 2001, el déficit, la deuda y el alto riesgo país eran unas de las causas de la angustiosa situación económica. Ahora, algunos piensan que podría ocurrir al revés: si hay dificultades económicas de otro orden, el Estado podría tener problemas de financiamiento a pesar de que las cuentas públicas están, por ahora, en equilibrio”, afirmó el economista de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), Lucas Llach.
Para él, los riesgos vienen por el lado de una puja de ingresos exacerbada en un contexto de inflación alta o creciente y desaceleración brusca de la actividad. Por eso, cree que el Gobierno aún tiene la posibilidad de evitar una situación de ese tipo.
El marco el financiero tampoco escapa al diagnóstico. Datos del Ministerio de Economía procesados por el estudio Bein & Asociados muestran que los vencimientos de capital e intereses ascienden a US$ 4811 millones en el tercer trimestre de este año y a US$ 4880 millones en el cuarto, mientras que en 2009 sumarán US$ 19.104 millones. Con escasos recursos por ingresos tributarios, el Gobierno deberá afrontar esos pagos con los mercados financieros cerrados por la imposibilidad de arribar a un acuerdo con el Club de París y los acreedores que quedaron fuera de la renegociación de la deuda en 2005. En ese contexto, el único salvoconducto será el venezolano Hugo Chávez .
El inverosímil dato del IPC de julio, que mostró una caída en el valor de los alimentos, sumado a la baja en la nota que las calificadoras de riesgo asignaron a la deuda local en las últimas semanas, impulsaron el riesgo país y afectaron el programa de recompra de bonos. La deuda es menos atractiva para los inversores. Por eso, es el Ministerio de Economía el que adquiere títulos públicos como plan para calmar las ventas privadas. “La recompra de bonos no reducirá los problemas de inconsistencia y de coordinación en materia de política económica, así como tampoco el inflacionario y de precios relativos”, estimó un reporte de RSH Macroeconomía. La consultora indicó que el Gobierno deberá enfrentar una brecha financiera de entre los US$ 8750 millones y 10.750 millones entre 2009 y 2011, según si sigue financiándose con la venta de bonos a Venezuela.
Según el informe de Estrategia y Programa Financiero 2008 elaborado por el Ministerio de Economía, en los próximos años se enfrentarán fuertes vencimientos. El peor será 2016, aunque no tendrá ya a la Presidenta en su actual cargo. Hoy, el total del pasivo público está en los 144.000 millones de dólares, un 56% del PBI, una porción mucho más baja que en 2002 (166%), pero por encima de 2000 (46%) y 2001 (54%).
Las alertas sobre la situación fiscal y financiera se amplifican dentro del contexto inflacionario. “Tiene que haber un programa antiinflacionario coherente y convincente; de lo contrario, ese sinceramiento podría ser caótico y, además, espiralizarse”, subrayó Solanet.
Algunos caracterizan a la subas de precios como una estrategia. “Las transferencias de recursos vía inflación al Estado nacional, los últimos dos años, por medio de la licuación de sus pasivos vía impuesto inflacionario y manipulación del IPC, no fueron gratuitas para el Gobierno”, subrayó un informe de Econométrica.
“Además del costo político y el generalizado rechazo a la deuda pública que limitó aún más el acceso a los mercados financieros, también terminó quemando el modelo económico instaurado en 2002”, clarificó el reporte de Ramiro Castiñeira.
Pese a las señales económicas, algunos son más positivos. “Existe margen técnico, por los indicadores macro, micro y del escenario internacional para dar consistencia a las cuentas fiscales y a los requerimientos financieros, pero se necesita de un plan integral de política económica que asuma los nuevos dilemas que tiene el país”, admitió Bernardo Kosacoff, director de la oficina de la Cepal en el país.
Para las miradas privilegiadas, aquellas que ven el problema de cerca, el riesgo de entrar en cesación de pagos no es inminente. Pero sin un cambio en las políticas económicas en el corto plazo, el margen de maniobra oficial se achicará. Por ahora, el default sigue siendo eso: sólo un fantasma. .
