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Demorará un año el edificio único para Ciencias Sociales

El decano Schuster criticó la toma

Viernes 05 de septiembre de 2008
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Además de vocación, los alumnos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) tomada por militantes estudiantiles desde hace dos días- tendrán que tener paciencia. Según los cálculos más optimistas, el edificio único para las cinco carreras de la facultad, sus 25.000 alumnos y 1700 docentes tardará todavía por lo menos un año en hacerse realidad.

"Mi expectativa era inaugurarlo completo en marzo de 2009 pero no va a poder ser", confió ayer el decano de la facultad, Federico Schuster, al recibir a LA NACION en un aula del Instituto Gino Germani, a la vuelta de la sede de Marcelo T. de Alvear 2230, donde se improvisó un "decanato de crisis" mientras persiste la toma, que probablemente se levante hoy.

Schuster interrumpe el diálogo para reorganizar reuniones, en una agenda modificada por el reclamo estudiantil, y anticipa que se sentirá el frío durante el diálogo: en el edificio de Uriburu 950 no hay gas.

Una combinación de burocracia estatal y universitaria, crisis políticas y renuncias de funcionarios que dejan sin firmar los papeles ha logrado retrasar al menos dos años la refacción del edificio único para la facultad, que hoy dicta clases en tres sedes distintas.

En 2003, la UBA compró una fábrica en la que había funcionado Terrabusi, en Santiago del Estero 1029, en el barrio de Constitución, por $ 2.600.000. El edificio tiene un total de 25.000 m2 que, según se anticipó entonces, se refaccionaría en tres etapas, que estarían completas a comienzos de 2007.

Cuando llegó esa fecha se había completado sólo el primer tramo, financiado con $ 3.500.000 que gestionó el entonces ministro de Educación, Daniel Filmus. Con ese dinero se habilitaron 17 aulas y otros espacios que hoy utiliza la carrera de Trabajo social y los posgrados de la facultad, los únicos que pudieron mudarse.

Carreras en tres sedes

En la sede de Marcelo T. de Alvear 2230 -una ex maternidad con pasillos cubiertos de azulejos y ascensores diseñados para transportar camillas- se dictan Sociología y Relaciones del trabajo, y en la de Ramos Mejía 841 -una fábrica reciclada-, las carreras de Comunicación y Ciencia política.

Semanas antes de terminar la primera etapa, en 2006, Filmus recorrió la obra y pidió que se acelerara el armado de los pliegos para poder conseguir el dinero y seguir con la obra. Sin embargo, sólo este año se logró autorizar los recursos, que vendrán del Ministerio de Planificación Federal, para continuar con la segunda fase.

En el medio, la UBA tuvo una crisis que la dejó sin rector por un año, lo cual retrasó el armado de proyectos; los pliegos para la licitación debieron hacerse varias veces, y la obra -inflación mediante- pasó de costar $ 14,4 millones a $ 28 millones.

Finalmente, el ministerio que encabeza Julio De Vido autorizó el llamado a licitación, pero hubo un último e inesperado retraso: el funcionario que debía poner la firma como subsecretario de Obras Públicas, Hugo Rodríguez, renunció a su cargo. Ahora, en la facultad esperan que asuma su sucesor, Abel Fatala, para que la licitación pueda finalmente convocarse.

"Toda la licitación y la obra pueden llevar entre ocho meses y un año", calculó Schuster. "En 2009 vamos a estar como ahora. Por eso estamos solicitando partidas especiales para el mantenimiento de los edificios actuales", dijo el decano. Terminada esta etapa, aún resta gestionar fondos para la tercera fase, que incluye la biblioteca y oficinas.

Cuestión de burocracias

El reclamo por el edificio único de Ciencias Sociales se inserta en una crisis presupuestaria más general, que alcanza a muchas facultades de la UBA. Según dijo Schuster, la facultad recibe $ 1 millón por año para todo lo que no sea pago de salarios. "En 2008 no vamos a llegar a fin de año, porque además pusimos $ 70.000 para reinstalar el gas en los edificios", anticipó.

Para el decano, el retraso en el logro del espacio único para la facultad tiene un responsable: "Hay una burocracia importante en todos los ámbitos del Estado, incluida la universidad". En el Rectorado comparten la primera parte de su afirmación, y se quejan de las demoras que cada trámite insume en el Ministerio de Educación, el intermediario entre la UBA y el Ministerio de Planificación Federal.

Sin embargo, Schuster -que pertenece a la minoría opositora a la conducción de la UBA- dejó fuera de la crítica al rector, Rubén Hallú. "Siempre actuó con buena disposición y se comprometió con el tema. De todos modos, la UBA podría haber acelerado los tiempos", advirtió.

El decano cuestionó a los estudiantes que mantienen tomados los edificios y calificó la protesta de "exagerada". "No comparto la toma; comparto el hartazgo. Los estudiantes creen que la única forma de reclamo enérgico es ésta. La toma provoca más daños que soluciones, y hay otras maneras de reclamar de modo enérgico sin afectar el funcionamiento de la facultad", dijo.

La facultad que conduce adhirió públicamente a las movilizaciones de protesta que se hicieron esta semana, motorizadas por los docentes de paro y algunos grupos de estudiantes, y reclamó por más presupuesto para todas las universidades del país.

"Las autoridades del Ministerio de Educación deberían prestar atención al problema. El presupuesto aumentó en salarios, pero sigue siendo insuficiente. Es difícil sostener así una educación de calidad", dijo Schuster, crítico en este punto del Gobierno, del que en general se ha mostrado cercano.

"El daño que se está produciendo en las universidades públicas del país es muy grande", agregó. Es un problema común a varias facultades de la UBA, pero sobre el cual en el Rectorado se hacen diferencias. Mientras la postura de Schuster es bastante compartida por las autoridades de la UBA, el conflicto en la Facultad de Arquitectura, que también reclama recursos mediante tomas y movilizaciones, se ve como "un problema de mala administración interna".

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