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El fin del boom económico

Por la crisis, los españoles ahora emigran

El Mundo

Por   | LA NACION

MADRID.- Acorralados por la doble pinza de la crisis económica y su freno en la construcción, así como por la suba de precios, miles de ciudadanos de la España campesina vuelven a emigrar, como lo hicieron ya hace muchos años, en busca de mejor trabajo y de mejor sueldo para alimentar a los suyos.

"Nos vamos a Marsella a recoger la uva, que allí pagan mejor y nos tratan bien", dice Tomás Galindo, del poblado granadino de Montejícar, en Andalucía.

"Además, aquí no hay nada que hacer; está todo parado. Hay 2500 personas en el pueblo, no se mueve nada y, si te acercas, verás que no queda casi nadie: somos muchos los que nos vamos a la vendimia francesa a ganar 2000 euros en tres semanas", añade, en diálogo telefónico con LA NACION.

Hasta hace muy poco, Galindo era un operario bien pago en la industria de la construcción. Su puesto era el de capataz de obra. Pero hace meses que no tiene nada, el bolsillo empieza a apretar y, al igual que miles de españoles, decidió recoger a la familia y partir a ganarse el pan, doblando la espalda a 1500 kilómetros de su tierra.

"España está en problemas, y los españoles volvemos a emigrar", dice, en lo que aquí empieza a verse como indicador social del alcance de una crisis que, en términos macroeconómicos, se expresa en 2.500.000 personas sin trabajo; un sistema de seguro de paro con problemas de financiamiento; caída de la actividad y pocas perspectivas de mejora en el futuro inmediato. Y esto se suma a una inflación que los precios alcancen el pico más alto desde diciembre de 1992.

No se trata, ni mucho menos, de un aluvión de jornaleros españoles que corre desesperados por un trabajo en Francia. Pero sí de un importante incremento en una emigración que, de la mano de la prosperidad del "milagro español", había disminuido a niveles casi simbólicos.

"Lo que estamos viendo es un aumento notable en el éxodo", explica María Angeles Repilado, de la Federación Agroalimentaria de la Unión General de Trabajadores (UGT), una de las dos grandes centrales sindicales del país.

Las estimaciones hablan de un aumento de entre el 15 y el 20 por ciento en el contingente español que parte a la vendimia francesa. Eso, en lo que refiere a la contratación formal. Las cifras son mucho más altas si se considera a quienes parten sin contrato previo.

Hay discrepancias sobre lo que implica un fenómeno que, tradicionalmente, se vio como un termómetro de la economía nacional: si van pocos jornaleros españoles a Francia, las cosas están bien en la península ibérica. Si, por el contrario, muchos parten en caravana, es que algo no marcha.

Visiones contrapuestas

Pero en el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero la corriente que lleva a cruzar el Pirineo es leída como el retorno a una vieja costumbre, sin más afán que redondear un ingreso en tiempos de vacas flacas.

"Hace treinta años, iban 100.000 españoles a la vendimia francesa, mientras que ahora van 25.000, como mucho", matizan en el Ministerio de Trabajo.

Pero otros lo toman como síntoma de un cambio de tendencia mucho más profundo. "Esto que estamos viendo es consecuencia directa del frenazo en la construcción", insiste Repilado. Muchas de las personas que se anotan son, de hecho, expulsados de ese sector vital de la economía.

Encima, a eso se suman las mejores condiciones laborales. "A mí lo que me atrae es la paga. En Francia gano el doble de lo que ganaría aquí por hacer el mismo trabajo: recoger la uva", dice Gregorio Ramos, quien parte junto a su mujer, Magdalena Castañeda, y sus dos hijos, de 19 y de 16 años, rumbo a un chateau de las afueras de Burdeos.

"Yo ya he ido otras veces al mismo sitio y está todo bien organizado. Me esperan con alojamiento, comida y trabajo. La novedad es que, esta vez, llevo a toda la familia", explica Ramos.

Calcula que, de ese modo, "en menos de un mes" se harán "de unos 7000 euros", dinero que -dice- "jamás podríamos ganar en España haciendo el mismo trabajo y que nos permitirá respirar tranquilos durante meses".

Empresarios

Esa es otra de las cuestiones. El éxodo de jornaleros españoles a Francia se produce al mismo tiempo en que empresarios españoles claman para que no se les cierre el grifo de la contratación temporal de extranjeros, tal como se deslizó durante la disputa interna que esta semana tuvo el gobierno socialista del presidente José Luis Rodríguez Zapatero.

La razón es simple. En España, el trabajo de cosechero -contratado de modo formal- se paga a un promedio de seis euros la hora; mientras que en Francia ese empleo llega a los nueve euros. El problema adicional es que, en muchos de los casos, las contrataciones son en negro, con lo cual, el pago baja a tanto como tres euros la hora.

"No hay español que vaya a trabajar por ese dinero", dice Galindo a la hora de explicar la aparente incongruencia en el hecho de que, mientras miles de españoles emigran a la vecina Francia, en la península se contrata a inmigrantes de América latina o de Europa del Este para levantar las cosechas que bien podrían levantar los que van a buscar trabajo fuera.

"El campo tiene sus propios problemas. Si podemos contratar personal español, lo haremos encantados. Pero hay que saber si están dispuestos a aceptar el empleo en las condiciones actuales que se ofrecen", coincidió Ricardo Serra, de la delegación andaluza de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja), una de las entidades mayoritarias en la actividad.

La entidad se viene quejando de que "no encuentra" mano de obra y que, por eso, es necesario apelar a jornaleros de Rumania y de Polonia, así como de Ecuador y de países africanos.

De allí que le llovieran críticas al ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, cuando anunció esta misma semana la decisión de limitar al extremo la contratación de mano de obra extranjera para dar prioridad a los españoles que, sin trabajo, viven sólo de cobrar el seguro de desempleo.

Tan duras fueron las reacciones por el anuncio de Corbacho que, al final, la decisión quedó sin efecto luego de la intervención de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega.

Los españoles emigran para hacer, en Francia, el trabajo que aquí hacen inmigrantes extranjeros. Y la gran diferencia, al parecer, está en el sueldo y en las condiciones de trabajo. .

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