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Cómo sumar vegetales a la dieta infantil

Expertas en nutrición aportan consejos para vencer la habitual resistencia de los niños a incorporar ese tipo de alimentos

Domingo 07 de septiembre de 2008
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Podrá ser difícil, pero tampoco es una misión imposible. Lograr vencer la resistencia que muchos chicos presentan ante las frutas y las verduras requiere de paciencia, ingenio, perseverancia y, por sobre todo, de convicción en la importancia de adoptar desde la infancia una alimentación saludable.

"El bajo consumo de frutas y verduras en los niños es un problema que vemos habitualmente en la consulta, aquí en la Argentina como en todo el mundo", dijo a LA NACION la licenciada en nutrición Beatriz Grippo, investigadora del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni) y coautora de una serie de libros que buscan por medio del cuento despertar en los chicos la atracción por las frutas y por las verduras.

Una atracción que no se ve reflejada en los estudios locales sobre alimentación infantil. Según mostró la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud realizada recientemente por el Ministerio de Salud de la Nación, sólo el 7% de las calorías que incorporan los chicos de entre 2 y 6 años provienen de las frutas y las verduras.

"Distintos estudios sugieren que lo aconsejable sería que los niños incorporen el 17% de sus calorías a partir de las frutas y las verduras, cuando en la Argentina no llegamos ni a la mitad de esa recomendación", comentó la licenciada Paula Pueyrredón, también del Cesni y coautora junto con Grippo de los libros Verdulín y Frutilandia (Ed. Lumen, 2008), que incluyen recetas sencillas con frutas y verduras (ver Cuatro recetas ).

Pero no sólo se come poca fruta y verdura, advirtió Pueyrredón: "Es muy pobre la variedad de estos alimentos que se les ofrece a los niños. La encuesta del Ministerio mostró que las verduras consumidas en mayor proporción son la papa, la cebolla, el tomate en conserva y la zanahoria; la fruta más consumida es la banana".

De muchas frutas y verduras, los chicos no conocen ni el nombre, agregó Grippo. "Para los niños que vemos a los 8 u 11 años, que llegan al consultorio por problemas de obesidad, hay verduras que no saben que existen, que jamás las han visto siquiera. La idea de los libros es tratar de llegar a muchos más niños y muchos más padres de los que vemos en el consultorio."

Neofobia y rechazo

Neofobia, ése es el nombre que los nutricionistas le han puesto a la cara de "no me gusta" que ponen los bebes ante un alimento desconocido. Y, vale la pena tenerlo siempre presente, es una reacción universal que nada tiene que ver con las virtudes culinarias de cada madre o padre. "Es un mecanismo natural ante cada nuevo alimento, que hay que vencer insistiendo, pero sin forzarlo al niño a comer", aconsejó Pueyrredón. Hay estudios que sugieren que hay que insistir en un mismo alimento 15 veces antes de desistir.

Quizá lo peor de la neofobia es que, una vez superada, a veces vuelve. "A partir de los 2 o 3 años, es común que un niño empiece a rechazar un alimento que le gustaba. Esto tiene que ver con un momento en que el niño comienza a formar su carácter y lo demuestra a través de la comida. Hay que tomárselo con paciencia."

A veces, la lucha por incorporar frutas y verduras al menú infantil resulta ser eso: una verdadera lucha. Es por eso que las licenciadas Grippo y Pueyrredón aportan unas cuantas ideas para salir airosos en la batalla:

Evitar la monotonía: no ofrecer al chico siempre las mismas frutas y verduras, y tratar de variar incluso su preparación. "No hay que aburrirlo, ya que la monotonía puede hacer que pierda la preferencia que habíamos logrado que tenga por cierto alimento."

No complicarse: las comidas que requieren mucha elaboración pueden volverse en contra. "Hay que preferir preparaciones sencillas que se pueden reproducir en lo cotidiano, ya que hoy los padres no tienen mucho tiempo para cocinar."

Cocinar con los chicos: hacerlos partícipes de la preparación de comidas con frutas y verduras es un buen incentivo. "Cuando los chicos ayudan en la cocina, siempre prueban la comida, y que prueben un alimento que no conocen es un punto a favor."

No disfrazar las verduras: procesarlas para disimularlas en las comidas puede aumentar su consumo, pero no hará que los chicos las consideren como una posibilidad. "El disfraz no permite que el niño conozca las verduras, sus sabores y sus texturas."

Por último, dijo Grippo, los padres son quienes deben decidir qué comen sus hijos. "Cuando es uno el que les pregunta qué quieren comer, está perdido", afirmó.

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