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LA NACION, en México

Sinaloa, tierra de narcos, violencia y devociones

Información general

Cómo se vive en la cuna de los jefes máximos de los carteles

CULIACAN, México.- "Sinaloa es cuna de narcos", dice a LA NACION Efraín Benítez Ayala, sentado en un banco de cemento junto al puesto donde vende velas, frente a la capilla de San Jesús Malverde, el santo de los narcotraficantes.

Aquí nacieron o vivieron los jefes de jefes de los máximos carteles de la droga que hoy dominan México: Joaquín "el Chapo" Guzmán Loera, capo del cartel de Sinaloa; Amado Carillo Fuentes, que lideraba el de Juárez; Arellano Félix, del grupo de Tijuana, y los lugartenientes de todos, vivos o muertos en la guerra que libran las bandas entre sí y el Estado contra ellas.

Esa batalla llegó a la Argentina luego del hallazgo de una "cocina" de droga sintética en Ingeniero Maschwitz, partido de Escobar, y con los asesinatos de los tres jóvenes empresarios argentinos dedicados al negocio de las droguerías. Esa matanza está ligada al narcotráfico y, según sospechan la justicia de aquí y la de Buenos Aires, a las operaciones del cartel de Sinaloa.

En lo que va del año, en este estado mexicano se cometieron 726 homicidios, incluido uno por decapitación. De ese total, prácticamente el mismo que en todo 2007, sólo el mes pasado se registraron 94. Los muertos son producto de los enfrentamientos entre los carteles que combaten por el dominio del territorio, pero también por venganzas.

El estado de Sinaloa, cuya capital es esta ciudad, está situado junto al Pacífico, tiene poco más de un millón de habitantes y está rodeado de sierras verdes, donde se cultiva la mayor producción de tomates y hortalizas del país. Pero también amapolas, para procesar heroína, y miles de hectáreas de marihuana.

Por aquí pasa la cocaína peruana y colombiana rumbo a Estados Unidos y se producen metanfetaminas que terminan en ese mercado.

La capilla de San Jesús Malverde (su nombre real es Jesús Juárez Mazo) se alza a cien metros del Palacio de Gobierno de Sinaloa. Malverde, un bandido rural que robaba a los ricos para darles a los pobres, se convirtió en santo milagroso, luego de que fue ahorcado el 3 de mayo de 1909, junto al río. Cuando la gente empezó a adorarlo, dejándole ofrendas, se robaron su cuerpo. "Estuvo enterrado ahicito, donde está el McDonald s", señala Efraín, un humilde vecino.

En la capilla, con un busto del santo de pelo renegrido y bigotes finitos, hay cientos de placas de agradecimiento a Malverde, pero ninguna lleva la firma de un narco. La única evidencia es una gran foto de 50 cm por lado de un plantío de marihuana en la sierra, que su dueño le dejó al santo en agradecimiento por darle una buena cosecha.

Vienen aquí a pedirle prosperidad en sus negocios y que los ayude a conservar la vida. Un viejito campesino de sombrero de paja de ala ancha toca de fondo un acordeón. "De cien que vienen acá uno o dos son narcos, pero al Chapo no lo conozco. Vienen, pero no sabemos quiénes son", murmura.

Hace 40 grados este mediodía en Sinaloa, demasiados para el ventilador de plástico de Efraín. Barba de pocos pelos y ojos inyectados en sangre, apoya uno de sus pies descalzos en el mostrador donde vende velas a 14 pesos. Se alza la remera transpirada y dispara: "Estaba pacífico, pero llegó el Ejército y se puso la guerra".

En mayo último, el gobierno federal lanzó el operativo conjunto Culiacán-Navolato, y envió 4000 soldados, policías para retomar la posesión de la zona.

El Chapo Guzmán y su mano derecha Ismael "el Mayo" Zambado, se enfrentan con quien fuera su viejo socio y amigo, Arturo Beltrán Leyva. Su hermano Alberto Beltrán Leyva fue detenido y Arturo cree que Guzmán lo denunció al Ejército.

Combates y muertes

Desde entonces la lucha provocó la ejecución de un jefe policial que había detenido a 14 pistoleros y matado a tres sicarios de los Beltrán Leyva el 30 de abril, y después, la muerte de Edgar Guzmán, uno de los hijos de "el Chapo".

Las esquinas de Culiacán, una ciudad extendida junto a un río, sin edificios altos y con una iglesia de 100 años, se recuerdan por "las balaceras" que tuvieron lugar allí. Hoy se ven en la calle caravanas de tres camionetas Hummer militares, con una docena de soldados cada una, que apuntan con una ametralladora pesada apoyada en el techo. Meten miedo. Hacen operativos sorpresivos de control y paran vehículos en el centro y en los municipios de alrededor, como Navolato, donde tienen su residencia los Carrillo Fuentes o Bandiraguato, donde nació Guzmán.

Eligen las camionetas de lujo, gigantescas Dodge Ram, preferidas por "los gatilleros" de los narcos. En mayo, cuando empezó el operativo, era tal la psicosis de recibir una bala sólo por estar en el lugar equivocado, que la gente no salía a la calle. "El Día de la Madre, estaban los restaurantes vacíos", recordó Rosa Medina, una joven camarera que ese día no recibió propinas.

Ahora el miedo cedió o los sinaloenses ya se acostumbraron y regresaron a sus mariscos frescos, ya que en las últimas horas se levantó la veda anual y los pesqueros volvieron al mar. No obstante, cada noche se repiten las muertes.

Todos saben los nombres de los jefes y de sus "gatilleros". Héctor Palmaza Salazar, "el Güero", o Juan José Esparragoza Moreno, llamado "el Azul" -de tan osucura que es su piel-, Ignacio Coronel Villareal, "el Nacho Coronel" y Sandra Avila Beltrán, "la reina del Pacífico", ahora presa, quien inspiró al escritor Arturo Pérez-Reverte para hacer su novela La reina del Sur.

Está nublado, pero la humedad empapa de transpiración la camisa. Una camioneta Chevrolet, blindada, con vidrios polarizados, me conduce hacia uno de los cuarteles del operativo militar en busca de información oficial. Los dos fusiles semiautomáticos en el asiento trasero, a mi lado, parecen obvios en este contexto. Pregunté a los policías de civil si todo estaba tranquilo, pues el diario muestra en primera plana una foto sangrienta de un camionero asesinado a tiros en la cabeza. Se registraron otros cuatro homicidios ese día.

"Hoy venimos limpios", me respondieron y tomé conciencia que la guerra se libra en ese momento. La información oficial dice que desde el comienzo del operativo Culiacán-Navolato se decomisaron cinco toneladas de marihuana, se desmantelaron dos laboratorios, se secuestraron 11 millones de dólares, 24 autos blindados y un avión. El procurador general de la República, Eduardo Medina Mora, llegó anteayer a esta ciudad caliente para presentar los resultados de la gestión del presidente Felipe Calderón, en sus dos primeros años de gobierno. Dio una conferencia en un hotel, rodeado de francotiradores.

Afirmó que redujeron la capacidad económica de los narcos al decomisar, desde diciembre de 2006 hasta hoy, sólo en este estado, 14,6 millones de dólares, 1000 autos y 250 aviones. "Va a haber más bajas, la curva de violencia no ha llegado a su fin", dijo. Eludió responder sobre "el Chapo" Guzmán y "el Mayo" Zambada. Se fue como vino, custodiado por una caravana de camionetas blindadas con guardias armados.

Efraín, en la capilla San Jesús Malverde, está escéptico. Como cuando no creía en un milagro del santo de los narcos. Un hombre que se iba "de mojado" a los Estados Unidos dejó a su mujer y a su hijo recién nacido en Culiacán. A la semana estaba en Tijuana y sin poder cruzar la frontera. Allí vio a un niño como el suyo en brazos de una señora, a quien la increpó y le dijo que era su hijo, pues se lo habían robado. El santo, al que se había encomendado, fue el que permitió al padre recuperar a su bebe. "Un milagro de ese pelo puede alejar la violencia de este estado, cuna de narcos", sostuvo Efraín. .

Por Hernán Cappiello Enviado especial
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