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Escalafón mundial

Universidades argentinas, lejos en los rankings

Cultura

Por Raquel San Martín
De la Redacción de LA NACION

Fáciles de mostrar, con la atracción del impacto y el rigor incontrastable de los números, los rankings universitarios se han multiplicado en los últimos cinco años. En todo el mundo están alentados por la disponibilidad de datos y la difusión que proporciona Internet. Pero aún son cuestionados en la Argentina y en América latina, cuyas universidades suelen tener presencia insignificante en las clasificaciones.

Los dos rankings de universidades más prestigiosos son el de la Universidad Jiao Tong, de Shanghai, que se hace anualmente desde 2003, y el del suplemento de educación superior del diario británico The Times, desde 2004; publican la lista de las 500 mejores instituciones, y las ordenan por continente, por área disciplinaria y por país.

Ambos rankings consagran a la Universidad de Harvard como la mejor del mundo, mientras que las británicas de Cambridge y Oxford, respectivamente, son las mejores de Europa. De las instituciones argentinas, sólo la Universidad de Buenos Aires (UBA) aparece en ambas clasificaciones: está entre los puestos 151° y 202° en el último ranking de Shanghai (a partir del puesto 100° se las ubica en bloques de 50, por orden alfabético), y en el 264° en el del Times, en el que las universidades en bloques de 50, por orden alfabético), y en el 264° en el del Times , en el que también aparecen las universidades Torcuato Di Tella, Austral y Belgrano, entre los puestos 401° y 500°.

Por encima de la UBA, aparece en ambas clasificaciones la Universidad de San Pablo y en posiciones similares se encuentran la Autónoma de México y las brasileñas de Campinas, Federal de Río Janeiro y Estadual Paulista.

Aunque algunos adjudican la escasa presencia latinoamericana a bajos estándares de calidad, otras voces han señalado que el modo en que están construidos los listados deja fuera a las universidades latinoamericanas y desconoce que la calidad, de este lado del mundo, puede significar no tanto hacer investigación de punta como lograr que los estudiantes terminen sus carreras.

Además de los dos rankings líderes, hay muchos otros: el de USNews para las universidades norteamericanas; el de Asiaweek , para esa región; The Complete University Guide , de Gran Bretaña; GoodGuides , de universidades australianas, y el más reciente Webometrics , que mide la presencia en la Web de las páginas institucionales de las universidades.

Mientras tanto, el mundo desarrollado es el mayor productor de listados de universidades prestigiosas y allí los rankings generan necesidad de pertenecer. El gobierno español acaba de anunciar su objetivo de que, para 2015, por lo menos 10 de sus universidades estén entre las 100 mejores de Europa en los rankings.

En América latina, donde predomina una "militancia antiranking", no hay mediciones regionales, aunque la revista chilena QuéPasa elabora una y en Perú se desarrolló otra para sus universidades.

En tanto, la Unesco prepara un "mapa de la educación superior" que promete dar idea de la calidad comparada sin armar listas.

Para el mercado

La presencia de un ranking suele indicar la existencia de un mercado. Por eso, dicen los especialistas, la modalidad prospera en sistemas en los que hay una alta competencia entre las instituciones e ingresos restrictivos, como en los Estados Unidos; en China, donde se buscan los mejores lugares del mundo para formar a los jóvenes y traerlos de regreso, y en Europa, con países preocupados por atraer estudiantes extranjeros.

"El mundo de la evaluación y la acreditación universitaria está en contra", dijo a LA NACION Ernesto Villanueva, experto en educación superior y miembro de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau).

"Los rankings tienen un problema metodológico: cómo cuantificar variables cualitativas", resumió Villanueva.

Según la metodología que expone la Universidad Jiao Tong, el ranking pone énfasis en los indicadores de investigación. Usa bases de datos accesibles en Internet y mide, por ejemplo, la cantidad de premios Nobel en graduados y docentes, las citas de sus investigadores, las publicaciones incluidas en índices internacionales y en revistas científicas. De las diez mejores universidades del mundo, ocho son norteamericanas y dos, europeas.

Por el contrario, el ranking del Times sopesa una encuesta realizada a unos 1300 académicos de casi 90 países, otra a 738 empleadores, la cantidad de estudiantes y docentes internacionales y la proporción entre docentes y estudiantes. De las diez primeras, seis son norteamericanas y cuatro, británicas.

En América latina, y en sus propios países de origen, los cuestionamientos a estos rankings han aumentado en los últimos años. Se objeta, por ejemplo, que dar peso a los premios Nobel deja fuera a muchas áreas de investigación que este galardón no premia -en particular, baja la puntuación para universidades volcadas a las ciencias sociales y humanas- y a otros reconocimientos académicos.

El peso del idioma

Por otra parte, el uso de ciertas bases de datos "favorece a los investigadores que escriben en inglés, tomando como justificación que este idioma es la lengua franca de la comunidad científica internacional", según escribió el investigador peruano Luis Piscoya, que trabajó en el diseño de un ranking para su país.

Según dice Piscoya, los rankings privilegian "los estudios de posgrado y la investigación científica intensiva que caracteriza a los países desarrollados", pero no considera el modelo latinoamericano de formación de profesionales para el sector de servicios.

"En los rankings se usan datos disponibles o fácilmente accesibles, pero no siempre son los más importantes", dijo Villanueva. "El producto elaborado es tramposo y la comparación entre universidades de distintos países tampoco es sencilla."

Según la Unesco, el "mapa de la educación superior en América latina y el Caribe", que está en elaboración, integrará las bases de datos de los países y datos propios sobre estadísticas de alumnos y docentes, graduación y cobertura; ofertas académicas; políticas de aranceles; patentes y publicaciones; transferencia a sus comunidades; servicios de apoyo al estudiante, y movilidad de alumnos y docentes al exterior.

"En América latina los rankings no sirven, porque un listado no dice cómo resolver problemas. Los rankings provocan que las universidades terminen peleando por aparecer en ellos y mejorar los indicadores que se miden, en lugar de mejorar la calidad", resumió un especialista argentino.

Basta un ejemplo: el ranking de Shanghai no considera la retención de estudiantes como señal de calidad, porque el 95% de los universitarios chinos se gradúa. En la Argentina, con casi un 40% de deserción en primer año, la universidad que logra mejorar la retención merecería subir una posición.

El IAE, un ejemplo

  • Más allá de las clasificaciones de la Universidad Jiao Tong, de Shanghai, y del suplemento de educación superior de The Times , existen rankings de escuelas de negocios, como los del Financial Times , The Wall Street Journal y América Economía , con un alto prestigio en el mundo académico y profesional. El IAE, por ejemplo, figura desde hace nueve años entre las 30 mejores escuelas de negocios según el diario Financial Times . En la última clasificación, la reconocida escuela de negocios de la Universidad Austral, cuya sede se encuentra en Pilar, ocupó el puesto 25° en el listado general y 11° en el de programas corporativos.
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