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El resultado de la inequidad

Por Roxana Kreimer Para LA NACION

Lunes 08 de septiembre de 2008
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Los países con más inseguridad son aquellos que tienen mayor inequidad, aquellos en los que hay más diferencia entre el 10 por ciento más rico y el 10% más pobre de la población. Esta inequidad se mide con el coeficiente Gini, un número entre 0 y 1. El cero se corresponde con la perfecta igualdad (todos tienen los mismos ingresos) y el uno con la perfecta desigualdad (una persona tiene todos los ingresos y todos los demás ninguno).

Canadá o Suiza, donde la gente deja las puertas de su casa y de su auto sin llave, tienen menos de la mitad del coeficiente Gini que la Argentina, donde las últimas mediciones de 2007 registran un promedio del 0,49, cercano al de la mayoría de los países latinoamericanos.

Las cifras y la experiencia de otros países no dejan lugar a dudas: la violencia es el precio de la injusticia social. El determinante de los niveles de violencia social es la diferencia de ingresos entre ricos y pobres.

Es clara la correlación entre el aumento de homicidios y otros delitos y las grandes diferencias de ingresos en las sociedades más violentas. La evidencia proviene de estudios internacionales en países desarrollados y en vías de desarrollo. Las sociedades con mayor inequidad se caracterizan por tener relaciones sociales muy conflictivas: más homicidios, más crímenes, menos confianza, menor participación en la vida comunitaria, más discriminación.

Uno de los factores más relevantes para desencadenar la violencia es que las personas sientan que se les falta el respeto. Apenas esta percepción se generaliza, la violencia se expande como un huracán: no aumenta sólo entre ricos y pobres, sino también entre los que menos tienen.

Muchas sociedades como la nuestra prefieren criminalizar la pobreza, es decir, abordar un fenómeno evidentemente social como si se tratara de una problemática penal, aumentando el tamaño de las cárceles -habitadas en su mayor parte por los sectores sociales de menores recursos- y exigiendo leyes cada vez más duras para los delitos violentos.

Descriminalizar el tema de la inseguridad, es decir, abordarlo fundamentalmente como un conflicto social, implica responsabilizarnos como ciudadanos por la flagrante injusticia de la pobreza y también por la de la extrema desigualdad. Ambas constituían para Gandhi las peores formas de la violencia. La pobreza no sólo es una forma de violencia por las razones que cualquiera evidentemente puede imaginar, sino también porque logra imponer significaciones consideradas legítimas, disimulando las relaciones de fuerza en que se funda su poder.

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