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El enigma de las vidas ajenas

Sábado 13 de septiembre de 2008
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Gallo Por E.I.Yetati

Mondadori/320 páginas/$ 38

Eduardo Levy Yeyati (Buenos Aires, 1965) posee un destacado currículum como economista: doctor en Economía de la Universidad de Pensilvania, asesor financiero del Banco Mundial, consultor del FMI, profesor de Economía en la Universidad Torcuato Di Tella, investigador y colaborador en importantes medios locales y académicos sobre finanzas internacionales. Pero su carrera tiene también otra dimensión: la literaria. Su primera novela fue El juego de la mancha (2005); ahora se presenta la segunda, Gallo .

Otro dato biográfico del autor nos brinda una clave de lectura: Yeyati pasó también por las aulas de la facultad de Psicología. Gallo es un detective que falta a las prerrogativas canónicas del género policial. Una marcada inclinación a bucear en la subjetividad de las víctimas que investiga lo acerca a la figura de esos metafísicos detectives europeos de las primeras producciones cinematográficas de Wim Wenders o Lars von Trier.

En Gallo, se practica una subversión genérica en la que la psicología de los personajes, que en el policial suele quedar en un retirado segundo plano, cobra protagonismo. El investigador es contratado para aportar información sobre el paradero de una adolescente desaparecida. La singularidad del caso se relativiza de inmediato por dos circunstancias: el recuerdo de otro similar en el que Gallo había trabajado diez años antes y que guardaba muchas semejanzas con el presente; a su vez, los destinos de ambas adolescentes tienen un apremiante parentesco con la vida de la hija del detective.

Sin embargo, estas cajas insertas no agotan los juegos narrativos. Yeyati trabaja sobre un delicado borde que aúna recursos provenientes de las experiencias vanguardistas de principios del siglo XX (fragmenta y pone una distancia máxima entre los componentes del relato para avanzar secretamente hacia un acercamiento imprevisto que resignifica los hechos) con otros de la novela posmoderna: sobre el protagonista se cierne de manera cada vez más asfixiante la sombra de otro personaje, el Escritor.

La obsesión temática de la novela es la intrusión. Los reveses del caso son desplazados en su desarrollo por una constante preocupación por la indiscreción que se ejerce sobre las vidas ajenas: el detective examina la vida de las víctimas, la de su hija; el Escritor, la de los personajes que crea.

Como contraste a esta urgencia por lo personal, la novela construye una toponimia incierta: la acción transcurre en una ciudad sin referentes reconocibles. Con su fraseo cerebral y esmerado y una sutil y equilibrada estructura, Yeyati piensa su literatura como ejercicio de identidad: ¿no es acaso la ficción ese largo y oscuro rodeo por lo ajeno para atisbar algo de lo propio?

© LA NACION

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