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La Matanza, donde reina el miedo

Los vecinos enrejan sus casas y temen salir a la calle, aunque admiten que hubo una baja del delito

Miércoles 17 de septiembre de 2008

LA PLATA.- "¿Inseguridad? Tenemos para repartir. Agarrá toda la que quieras".

Alfredo Tegazza no dudó un segundo antes de lanzar la ocurrencia. Tiene el martillo en la mano y una de esas sonrisas que la ironía tuerce hacia abajo. LA NACION lo encontró terminando de colocar una imponente reja en uno de los locales que tiene en el barrio Independencia, en González Catán. Es que, como explicó, "ya reventaron tres veces la puerta". Se refirió así a la pesada puerta de la cortina metálica que cada noche resguarda la carnicería. Harto de los robos, contó, decidió duplicar la protección.

No es, por supuesto, el único vecino del partido de La Matanza que se siente acosado por la sensación de inseguridad. En una recorrida por varios puntos del distrito del sudoeste del conurbano bonaerense, LA NACION comprobó que, aunque muchos reconocen que en los últimos tiempos disminuyó la cantidad de delitos, circular por la vereda es un motivo permanente de temor.

Lo ilustró claramente una vecina de San Justo a la que se consultó mientras esperaba el colectivo, y que ni siquiera se animó a identificarse: "Cuando cruzaste la calle para donde estaba yo, pensé que venías a asaltarme", dijo.

Los problemas de La Matanza no difieren de los de otros distritos del Gran Buenos Aires pero aquí todo es más grande. Se trata del distrito más poblado de la provincia, con una cifra oficial de 1,1 millón de habitantes según el último censo, pero con casi el triple según la estimación del intendente, Fernando Espinoza, que reclama una mayor cuota de coparticipación para el municipio.

"En los últimos tiempos la situación mejoró mucho", dijo Walter Conforti, uno de los comerciantes más conocidos de La Matanza, propietario de una casa de uniformes frente a la estación de Gregorio de Laferrère. Es miembro de la Cámara de Industria y Comercio del partido y conoce los centros comerciales de la zona como la palma de su mano. Por eso, aunque LA NACION llegó en su propio vehículo, se ofreció a llevar al cronista en una recorrida por barrios como Independencia, La Loma o Luján, rodeados de asentamientos con distintos grados de precariedad. Conforti iba señalando calles, negocios, encrucijadas; redujo la marcha al llegar a las zonas céntricas. Pero el auto parecía reacio a llegar hasta las cuadras aledañas al río Matanza, la zona supuestamente no edificable donde se levantan las construcciones de los menos afortu- nados. Hacía pocos minutos había explicado: "Mis hijas se lo pasan encerradas jugando con la Play Station; tengo miedo de dejarlas salir".

El subsecretario de gobierno matancero, Daniel Barrera, aseguró que hay entre 80 y 100 villas y asentamientos irregulares en el distrito. También estimó que entre el 10 y el 15 por ciento de la población vive en villas y asentamientos irregulares. Una cuenta rápida habla de entre un cuarto de millón y 450.000 residentes en estos enclaves precarios.

Mientras Barrera se rehusaba a establecer una relación clara entre la asiduidad de los delitos y la procedencia de sus autores, desde el otro extremo, Gabriel Lombardo lanzó sin más la siguiente frase: "Llamame nazi, llamame fascista, pero los malandras están en las villas".

Lombardo es presidente de la ONG Vecinos en Alerta de Lomas del Mirador (Valomi), una especie de observatorio de la seguridad en el distrito. Justo frente a su casa, situada en esa localidad del Norte (la zona de mayor poder adquisitivo de La Matanza), comienza el barrio 12 de Octubre o "de los paraguayos", al que Lombardo califica como "villa VIP".

Los menos favorecidos

También en el sur de La Matanza, la zona menos favorecida, los vecinos señalan los asentamientos como una fuente constante de preocupación. Juan López, dueño de una gomería en Altos de Laferrère, dijo que los asaltos en la calle "son constantes".

Pero no todos los matanceros comparten la posición del presidente de Valomi: "A veces se les echa la culpa a los villeros, pero ellos no joden a nadie", argumentó Juan Antonio Tapia, un remisero de 60 años que recorre todo el partido diariamente.

Barrera dijo que el índice delictivo en La Matanza está en baja y que a eso ayudó la llegada, a mediados de este año, de 350 efectivos de la Policía Buenos Aires 2, que se sumaron a los 1800 policías de las 23 comisarías. Próximamente se instalarán unas 200 cámaras de video en el partido, agregó. Y, si bien admitió que para muchos vecinos el clima de temor no se ha disipado, dijo que, "muchas veces, la inseguridad es una sensación".

Opinan los vecinos

WALTER CONFORTI Comerciante de Gregorio de Laferrère

"Aunque en los últimos tiempos la situación mejoró mucho, mis hijas se lo pasan encerradas jugando con la PlayStation; tengo miedo de dejarlas salir."

JUAN ANTONIO TAPIA Remisero de Villa Luzuriaga

"A veces les echan la culpa a los villeros, pero ellos no joden a nadie. En mis años de colectivero y remisero nunca me asaltaron. Ellos no son. Recorro el partido todos los días."

RAUL OSVALDO SOSA Vecino de Villa Luzuriaga

"El barrio [en la calle Arieta] parece tranquilo, pero en cualquier momento te llevás una sorpresa. En esta cuadra, por ejemplo, a un vecino lo robó un chico de 14 años armado."

ALBERTO DIAZ Telefonista, vive en San Justo

"Son comunes los robos cometidos por menores, que entran y vuelven a salir [de la cárcel o las comisarías]. Vos tenés que vivir entre rejas y los ladrones, en cambio, en la calle."

GABRIEL LOMBARDO Presidente de Vecinos en Alerta de Lomas del Mirador

"Un chico de ocho años que se crió en la villa no es una criatura. Hay que bajar la edad de imputabilidad penal. Los malandras están en las villas."

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