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Un patio de milonga en el Rojas

En la nueva obra de la coreógrafa Milena Plebs, el tango es fuente de belleza y fantasía

Viernes 26 de septiembre de 2008
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La sala Cancha del Centro Cultural Ricardo Rojas fue el espacio elegido por la coreógrafa y bailarina Milena Plebs para dar a conocer su nueva creación, en el marco del Festival Rojas Danza 2008, hoy, a las 23, y pasado mañana, a las 20. El ámbito resulta ideal: despojado al máximo, amplio, paredes blancas; el diseño de iluminación ayuda a crear la imagen del patio de una milonga de barrio.

Dos parejas de bailarines ingresan (Claudia Jakobsen, Ezequiel Farfaro, Cecilia García y John Galindo) y ellos comenzarán a aproximar el germen de una propuesta singular. Esos cuatro jóvenes intérpretes irán impregnándose de tango, mientras desarrollan unas coreografías en las que si bien los pasos se corresponden con las del mundo tanguero, algo de sus cuerpos, de sus imágenes e inclusive sus vestuarios, remiten a un tiempo contemporáneo que no coincide con aquello que la escena busca afirmar.

Pero algo se va modificando de a poco, esos cuerpos van recuperando otro valor. A medida que la propuesta se desarrolla los cuatro irán redefiniéndose. Y no sólo desde la actitud personal, sino en la relación con sus parejas. El tango, a través de sus pasos, en el encuentro y forma de tomar contacto con el otro, en ese juego sensual que posibilita que una pareja se torne un complemento perfecto, hacen que Sintonías , el espectáculo en cuestión, resulte de un atractivo particular.

Cuatro bailarines que, también, tienen su momento como espectadores
Cuatro bailarines que, también, tienen su momento como espectadores.

Más aún cuando la pareja de baile que conforman Silvia y Alfredo Alonso arribará al espacio y el tango "Ninguna" los exponga como unos bailarines tradicionales, es cierto, pero muy sabios a la hora de interpretar y transmitir las cualidades de un baile que, sin estridencias, conmoverá por su perfección.

Los cuatro jóvenes pasan a convertirse también en espectadores y en ese cruce: bailarín que observa, bailarín que se carga con algo de la historia de la danza tradicional, bailarín que pone en la observación un centro importante que le permitirá, después, hacer crecer el mundo que intenta transitar; la platea habrá confirmado que el tango, al cabo de las generaciones, es como esos cuentos populares que la tradición oral potenciará en interés mientras se divulgan. La imaginación los cargará de fantasías y el cuerpo registrará su belleza.

De lo que se trata es de estar en sintonía: con una pareja, con la tradición, con una imaginación que florecerá al abrazar a quien acompaña el baile, al seguir un compás que propondrá un juego inquietante que promoverá pasos y figuras múltiples. No habrá que dejar de lado, claro, este presente que, impregnado en el cuerpo, reclama recuperar siempre un sin número de sensaciones.

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