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El feliz retorno de Alberto Félix Alberto

Vuelve trascendente una obra menor de Sarraute

Viernes 26 de septiembre de 2008
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Por un sí o por un no, de Nathalie Sarraute. Elenco: José Manuel Espeche, Alejandro Caprile, Adriana Díaz, Daniel Volonté y Pedro Gómez. Traducción, escenografía (libremente inspirada en una fotografía de Gilbert Garcin), puesta de luces y dirección general: Alberto Félix Alberto. Teatro del Sur, Venezuela 2255. Nuestra opinión: buena

"Lo que uno se obliga a decir es más peligroso que lo que se abstiene de decir", opina Roland Barthes. Y su colega Nathalie Sarraute (nacida Natacha Tcherniak en Ivanovo, Rusia, 1900, y muerta en París en 1999), suma sacerdotisa del "nouveau roman" francés de mediados del siglo XX, lo corrobora. En sus novelas y en su teatro, indaga en "el universo de la subconversación" y se demora en analizar sutilmente "los innumerables pequeños crímenes que provocan en nosotros las palabras de los demás". En resumen, Sarraute amplifica y extrema el recurso utilizado por su compatriota Antón Chejov, al revelar, sin explicitarlos, fragmentos del discurso oculto de sus personajes.

Es lo que les ocurre a los dos protagonistas de este texto, originalmente escrito para la radio. Íntimos amigos desde la infancia, ambos trabajan, se supone, en el terreno intelectual. Uno de ellos es un triunfador, el otro -no se sabe bien por qué- permanece en un discreto segundo plano. Pero este último ha obtenido inesperado éxito y su amigo, el famoso, al enterarse lo ha felicitado con un "Qué bien, che". El receptor del saludo no queda satisfecho: recela, en una mínima transición entre las dos últimas palabras -un espacio en apariencia imperceptible-, una condescendencia y una ironía apenas disfrazadas de afecto. La entonación de esa brevísima frase es el detonante de una ruptura de la vieja amistad, y será inútil todo intento del emisor de la felicitación por hacer entrar en razón al ofendido.

El diálogo, brillante, ingenioso, es tensamente sostenido por la hábil dirección de Alberto Félix Alberto, felizmente devuelto, tras un largo paréntesis, a una tarea que siempre ha desempeñado con talento singular. La pieza es, sin duda, menor, pero él le otorga un vuelo que roza lo trascendente y mantiene al público en vilo. Cuenta con intérpretes eficaces y, como es habitual en él, una ambientación sobria y elegante. Interesa, además, para quienes vieron una puesta anterior de esta misma obra, en 2001, en el teatro de la Alianza Francesa, dirigida e interpretada por Daniel Ruiz, con Aldo Pastur, Rita Terranova y Mario Pasik (que aparecían proyectados en video), comparar ambas versiones: Ruiz (fallecido hace unos años en España) la entendió en clave de comedia, cercana al Oscar Wilde de La importancia ; Alberto la prefiere más dramática.

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