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Explosión de fe por la Virgen de San Nicolás

Una multitud festejó los 25 años de la primera aparición

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LA NACION
Viernes 26 de septiembre de 2008
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SAN NICOLAS.– Tres minutos habían pasado de las 15 y la multitud estalló en vítores. Desde el techo del templo, miles de pétalos de rosa volaron sobre la gente y comenzaron a caer sobre la imagen de la Virgen del Rosario de San Nicolás, que cada año convoca a más fieles.

Las cifras de la policía bonaerense y de la Secretaría de Turismo del gobierno local dicen que en las últimas 24 horas una cifra superior a los 800.000 peregrinos pasó por la basílica que venera a la Virgen del Rosario.

Ayer, durante la procesión y la misa central que le siguió, unos 100.000 fieles soportaron bajo el sol que terminaran los festejos con los que se recordaron los 25 años de la primera aparición de la Virgen a Gladys Motta, vecina de esta ciudad.

Cuando la imagen de la Virgen del Rosario comenzó su lenta peregrinación por las calles aledañas al "campito", bombas de estruendo saludaron el inicio de la marcha, y desde la abigarrada esquina en la que los peregrinos esperaban ver pasar la impoluta talla de madera nació a coro el canto de un feliz cumpleaños.

"Hace algunos años, llegué hasta aquí desahuciada por un tumor progresivo, y una voz, que luego me enteré de que era Gladys Motta, me dijo que siguiera adelante. Hoy ya no lo tengo. La Virgen me cambió la vida", contaba emocionada María del Carmen, que llegaba desde Rojas.

El obispo local, monseñor Héctor Cardelli, instó a los fieles a abandonar actitudes cómodas y rutinarias y pidió a la Virgen paz constante y prosperidad completa para los argentinos.

Pasión de multitudes

Devotos de los más distantes puntos del país convergieron sobre las humildes calles de tierra que rodean al santuario levantado a orillas del Paraná.

Miles y miles de rostros desfilaron a veces en silencio, a veces entonando himnos religiosos, y otras repitiendo mecánicamente y a coro los rezos del rosario.

Miles de manos se posaron sobre el cristal que protege la imagen venerada durante la multitudinaria procesión. Miles de sobres, cartas y pedidos fueron apoyados contra ese vidrio, con la esperanza o la certeza, tal vez, de que la gracia pedida se transforme en el milagro concedido.

Fotos, fotos y más fotos le sacaron. Celulares en mano, los fieles se acercaron a la Virgen para retratarla de frente, de espalda y de perfil, en una interminable procesión difícil de mensurar.

La fe, sin embargo, parecía ayer también tener sus límites. Fuera del predio, en las calles circundantes, otra era la realidad que se vivía.

Allí, la kermesse le ganó al dogma y la imagen de la Virgen apareció en toda chuchería capaz de ser vendida. Envases plásticos de medio litro o de un litro para cargar agua bendita, con la imagen de María a cinco pesos la unidad. Bidones de cinco litros, blancos, rosas o celestes, a diez pesos cada uno. Medallitas, estampitas, rosarios y toda la colección de almanaques, pósteres o postales. Todos de María, pero a dos pesos cada uno.

Por allí andaba también un émulo de Barnie, sofocado bajo el implacable sol y encerrado en su ridículo disfraz. Los globos que vendía se cotizaban a dos pesos. Posar para la foto tenía otro precio.

No faltó el viejo fotógrafo de plaza con una llama que supo de mejores tiempos, pero lista para la ocasión. Cinco, quince o veinte pesos se cotizaba la foto, dependiendo del tamaño de la copia; eso si el pequeño retratado tenía siempre la opción de un breve paseo sobre el lomo del escuálido camélido.

El emporio de la baratija hizo su agosto desde la mañana hasta las primeras horas de la tarde.

Fervor y emociones

Después, cuando la imagen de la Virgen salió del templo, ya nadie tenía interés en otra cosa. Los pétalos que cayeron del techo del templo fueron recogidos con unción por los peregrinos, que vieron en ellos un trofeo. Cientos de miles de pañuelos y banderitas blancas, rosadas y celestes saludaron el paso de la Virgen, que iba precedida por otra, de San Nicolás de Bari, patrono de la ciudad, escoltada por policías, prefectos y soldados del Ejército.

Todo duró hasta las 17, punto final de la misa y del encuentro.

Una hora después, San Nicolás comenzaba a recuperar su ritmo habitual. Por la avenida Alberdi, los peregrinos comenzaban a desandar el camino de regreso a sus hogares.

Cuchicheaban entre ellos y programaban, en todo caso, la esperanza de un nuevo viaje hacia estas tierras, ese que harán para agradecer la concesión de ese anhelo que, según afirman, sólo esta Virgen puede darles. Cuestiones de la fe que, en realidad, por estos pagos, nadie se atreve a discutir.

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