Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan
Ver página en pdf

El dibujante entra en la Academia Nacional de Periodismo

"Lo fundamental en este trabajo es no mezclarse nunca con el poder"

Cultura

Para Hermenegildo Sábat, los gobernantes "son adictos a lo que dicen los diarios"

No puede caminar más de dos metros por la redacción de LA NACION -adonde se acercó para hacer la entrevista- sin que alguien lo salude emocionado, lo felicite o le recuerde que fue su alumno. Pide ver el lugar de trabajo de su hijo Alfredo, también ilustrador en el diario. "Tiene buena luz", se asegura, satisfecho.

Hermenegildo Sábat sumará el martes otro reconocimiento, más institucional: la incorporación a la Academia Nacional de Periodismo. Sábat es uno de los dibujantes más reconocidos y queridos -ilustrador político desde hace 35 años en Clarín-, artista plástico y maestro, como le dicen casi todos. Él prefiere definirse como periodista, aunque reconoce que no usar palabras le permite "contrastar la monotonía infranqueable de las noticias".

No quiere hablar del episodio en que, durante el conflicto con el campo, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dijo públicamente que una ilustración suya era "un mensaje cuasimafioso". Pero se anima: "Eso habla de la dependencia de los gobernantes con la prensa". Y, con el decir pausado pero contundente, asegura que la vocación por la caricatura política "es como un bacilo, se tiene o no se tiene".

-¿Qué diferencia a un dibujante de un periodista?

-Creo que para ser ilustrador en un diario uno tiene que tener entrenamiento periodístico. Yo hice durante 8 o 9 años un intensivo entrenamiento como redactor, titulador, diagramador, fotógrafo y eventualmente ilustrador. Creo que me sirvió para interpretar cómo actúa un periodista. Las ilustraciones que yo hago tratan de integrarse dentro del contexto de un diario. Y eso es muy importante, habida cuenta que yo elegí que mis ilustraciones no lleven palabras. Un ilustrador puede aprovechar sus cualidades y su talento en un intento de exposición de su propia obra. Mientras que lo periodístico es tratar de entender y tener compasión por el lector, que es el destinatario de todo el trabajo. Caras y Caretas y la actitud personal de quienes colaboraban allí han influido mucho sobre mí porque esa gente se ocupaba de su trabajo pero no trataba de frecuentar el poder. Eso es hasta diría ejemplificante.

-¿Cree que sus ilustraciones agregan algo a las notas, las complementan o dan opinión?

-La información es monótona, así que la inclusión del trabajo es particularmente difícil porque no hay mucho campo para experimentar. Cuando la noticia es dinámica, ahí pueden pasar cosas y hasta se puede jugar con la memoria del lector. Los trabajos que a mí más me interesan son los que permiten contar una pequeña historia, una secuencia. O cuando se pueden elaborar metáforas visuales, como estoy haciendo con Antonini Wilson. Como es un gran cantor, lo he puesto al lado de Pavarotti, de Caruso, de María Callas y de Frank Sinatra. Esas son las cosas que a mí me gusta hacer, contrastando con la monotonía muchas veces infranqueable de la noticia.

-En los últimos años los diarios diversificaron sus formas de ilustración. ¿Cambió el lugar del trabajo que usted hace?

-Creo que los que hacemos este trabajo pertenecemos a una raza que se extingue. El periodismo no va a dejar de existir, pero no estoy seguro de que este trabajo prevalezca. Cuando se dejan de publicar este tipo de trabajos es en la mayoría de los casos por censura, por amenazas o por temores, y la reincorporación es muy dolorosa, porque siempre genera sospechas.

-¿Los políticos argentinos han perdido el humor últimamente?

-Creo que los políticos no son miembros del club de humoristas, pero son vanidosos y hay veces en que, aun cuando no los representan de manera muy elegante, quedan encantados porque de todos modos aparecen. Eso se repite de manera contundente. Hay gente que no se preocupa del dibujo político y cito un caso concreto, que fue Menem. A Menem lo hice 8 años agarrado del sillón y nunca dijo nada. No es para elogiarlo, pero es para advertirlo.

-Lo contrario le pasó hace poco con la presidenta.

-De eso no opiné y no quiero opinar. Pasó. Pero evidentemente creo que también habla de la dependencia de los gobernantes de la prensa. Son adictos a lo que dicen los diarios. Pero Menem tenía otras cosas en qué pensar.

¿Cree que esa dependencia de los medios se acentuó en los últimos tiempos?

-No, creo que es permanente. Pero ha habido tiempos diferentes. Durante los años trágicos del 76 al 83 yo pude expresarme, pero no usaba palabras y el dibujo formaba parte de una edición. No soy inocente y de vez en cuando hacía alguna travesura, pero no las hacía todos los días. Lo fundamental en este trabajo es la continuidad, de la publicación y de no mezclarse con el poder. Resulta difícil explicarlo en una sociedad que está siempre deseosa de llegar al poder.

-¿Es también una continuidad estética?

-Eso es aparte. Del mismo modo que sucede con otros colaboradores en el diario, se genera una especie de diálogo con el lector, al que hay que cuidar. No hay que abusar del lector.

-¿Se puede enseñar a dibujar?

-Todos los niños nacen geniales y después les enseñan. En realidad, se pueden enseñar y aprender pocas cosas. Se puede enseñar cómo agarrar un lápiz, a mirar y a tratar de hacer un relevamiento visual. Hay gente que nace dotada, pero hay mucha gente dotada que al no tener oportunidades va orientándose por otro lado. Y acá todavía existe el prejuicio de que es un peligro que algún hijo salga artista.

-¿Tiene alumnos que quieren dedicarse al humor político?

-No, pero entiendo que eso es como un bacilo, se tiene o no se tiene. Mi abuelo fue caricaturista político y yo me crié mirando sus dibujos y Caras y Caretas. Pero hay que tener mucha paciencia: yo tardé 37 años para tener la oportunidad de expresarme de esta manera. Hay que defender la vocación y experimentar, porque este trabajo se trata de representar una idea sin palabras, y eso implica amor por el dibujo.

Perfil

  • Nacido en Montevideo en 1933, vive en Buenos Aires desde 1966 y es ciudadano argentino desde 1980.
  • En Uruguay, trabajó en el diario Acción y en El País. En Argentina, pasó por la editorial Abril, Primera Plana, Crisis, La Opinión y desde hace 35 años es ilustrador político en Clarín.
  • Es artista plástico y autor de más de 20 libros. Piazzolla, Pessoa, Troilo, Borges, Gardel, Charlie Parker y el mundo del jazz, y la mayor parte de los protagonistas de la escena política local, entre muchos otros, pasaron por su mirada.
TEMAS DE HOYLa relación EE.UU. - CubaMariano BeneditMercosurMundial de ClubesElecciones 2015