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Festival Pepsi Music, día 5

Crónica de una noche de ensueño

Espectáculos

La Dave Matthews Band brindó en dos horas un show perfecto, en conexión permanente con el público

¿Hay algo más humano que una máquina? Sí, una máquina humana, un engranaje perfecto que funciona aun cuando lo demás falla. Veamos: la Dave Matthews Band ya tocó el inicial "So Much To Say", tema que se usó en la radio para promocionar la visita del septeto, y al arremeter con los primeros acordes de "Anyone Seen The Bridge" el sonido desapareció. Sin previo aviso y ante 12.000 personas expectantes (muchas de las cuales llegaron sobre la hora del último show) el sonido se "cayó". Pero la banda siguió tocando "desenchufada", la gente hizo silencio y el capitán del barco que recién había zarpado se acercó al público para saludar y aguardar con paciencia que el problema pase y se convierta en anécdota.

Tras el imprevisto, el engranaje volvió a funcionar y lo hizo con tal precisión que no fueron pocos los que se preguntaron por qué Matthews no llamó a su grupo ensamble. El violín de Boyd Tinsley es un compendio de sonidos americanos, desde los pantanosos bayou y cajún hasta el country; la batería de Carter Beauford se planta en la intersección del rock y el jazz, por momentos sutil, leve, por otros potente, avasalladora; el bajo de Stefan Lessard es el sueño de todo baterista: completa la base a imagen y semejanza de Beauford. Puede resultar tan atronador como imperceptible y cuando esto último sucede el resto de la banda no tiene más que tirarse a descansar en el colchón que crean las líneas de bajo. Los siete bajan los decibeles y proponen un clima introspectivo, en el que la comunión entre músicos y público alcanza niveles místicos. Es decir, nadie puede definir a ciencia cierta qué le está sucediendo, pero el estado de plenitud es tal que excede a los cuerpos y se eleva.

Siempre con su guitarra acústica a cuestas, Dave Matthews es un líder carismático, dueño de una portentosa voz grave y de un falsete preciso, utilizado con cuentagotas para no apagar la sorpresa de su efecto. Cuando se planta al frente la banda navega sobre aguas calmas; en cambio, cuando se hace a un lado el vendaval interno aflora. La trompeta del gigante Rashawn Ross y el saxo de Jeff Coffin (miembro de los Flecktones de Bela Flek y reemplazante del fallecido LeRoi Moore) colorean lo que las cuerdas dibujan, desde el arte abstracto hasta el impresionismo más paisajista. En tanto, una segunda guitarra se encarga de la rítmica. Por momentos, cuando se suelta para cortarse sola, recuerda al Santana de los 70, el más lisérgico e inspirado. Pero junto con los siete está el funk, suerte de adhesivo, de hilo conductor que hace que cada una de las partes vuelva a ensamblarse para que siempre el rompecabezas construya la misma imagen.

De "Corn Bread" a "Two Step" y de "Louisiana Bayou" a "All Along The Watchtower" (de Dylan), la DMB eligió un repertorio que paseó por buena parte de los mojones de su discografía. Claro está, LeRoi Moore, que fue parte fundacional de la banda y que falleció en agosto pasado, tuvo su reconocimiento. Luego de que Matthews presentó a cada uno de los músicos, el público coreó el nombre del saxofonista. Dave agradeció el gesto y enseguida la banda arremetió con un tema en homenaje a Moore.

Circo rock

Antes de los norteamericanos hubo un muy buen show de Fito Páez. Acompañado por Coki & The Killer Burritos y Emme en coros, el rosarino sacó a relucir el rockero que duerme en su interior, apostó a clásicos irresistibles como "Polaroid de locura ordinaria", "Track Track", "11 y 6", "Circo Beat", la más nueva "Buenos Aires" y dejó una gran postal festivalera: invitó a Fernando Ruiz Díaz para una versión de "Ciudad de pobres corazones", en la que el líder de Catupecu Machu se lució como un "guitar hero".

Por la tarde, La Portuaria probó varias de sus nuevas canciones; el Bahiano apeló a Bob Marley en más de una ocasión; Gran Martell demostró en el tercer escenario que debió haber ocupado un lugar más relevante en la grilla, y luego Gillespi predispuso los oídos para lo que iba a venir, dos horas de ensueño con Dave Matthews Band.

La fiesta de la canción

  • Escenario 1. Estelares (15.55), Los Tipitos (18.10), Los Auténticos Decadentes (19.50) y Andrés Calamaro (21.30).
  • Escenario 2. Ella es tan Cargosa (15.20), Smitten (16.40), Sponsors (17.25), Loquillo (19.05) y Nikita Nipone (20.55).
  • Escenario 3. Bestiario (15.05), Lea (15.35), Las Trampas de Lily (16.05), Mil Astillas (16.35), Banda de Turistas (17.05), Pablo Moro (17.35), Pablo Sbaraglia (18.05), Mama Pulpa (18.40), Custodios (19.15), Set sorpresa (20.40), Rescate (20.25) y Rosal (21.05)
  • Club Ciudad de Buenos Aires. Avenida del Libertador y Crisólogo Larralde. Las puertas se abrirán a las 14. Entrada, $ 100 (en venta en el ex estadio Obras).
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