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Una parábola sobre la enfermedad del poder

Antonio Alamo hizo un inteligente texto que pone a dictadores de la historia universal como protagonistas

Miércoles 08 de octubre de 2008
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Los enfermos, de Antonio Alamo. Dirección: Iris Pedrazzoli. Con Guido D Albo, Héctor Sinder, Ricardo Salas, Daniel Mancuso, Pedro Alperowicz, Guillermo Tassara, Hilario Quinteros, Federico Cerisola y Nicolás López. Voz en off: Beatriz Dellacasa. Luces: Leandra Rodríguez. Escenografía: Salvador Aleo. Vestuario: Ana Clara Uhrich. Sonido y música original: Gonzalo Morales. Producción: Héctor Fraind. Asistentes: Luciano Fraind y Marisol Sousa. Sábados, a las 21, en Espacio Ecléctico, Humberto 1° 730. Duración: 90 minutos. Nuestra opinión: buena

Los enfermos es una inteligente parábola que hizo el dramaturgo español Antonio Alamo sobre el poder y el dominio de las masas. Son tres obras cortas, unidas no sólo por su hilo conductor temático sino por sucesos históricos que tienen un correlato. En la primera, Hitler prepara su desaparición; en la segunda, Churchill visita a Stalin para repartirse los restos de Europa; y en la tercera, el dictador ruso se reúne con sus colaboradores más cercanos para dejar sentada la moraleja: qué tan cercanos pueden estar polos aparentemente opuestos como el nazismo y el fascismo con el stalinismo comunista.

Lo interesante de la obra de Alamo no son los datos históricos sino el paralelo que traza en torno del enfermo y la enfermedad. Cómo ésta se propaga y, en consecuencia, provoca que sea el miedo el único aire que se respire, hasta en los mismos estratos cercanos al poder. El virus del asesinato y la persecución parece no detenerse cuando personajes como éstos se perpetúan. Ni siquiera en el ocaso de ellos pareciera haber un atisbo de esperanza. Aunque decisivo, es en el tercer cuadro donde está el mayor problema de la propuesta, la falta de síntesis y cierta redundancia.

Héctor Sinder y Guido D Albo, en dos actuaciones ajustadas
Héctor Sinder y Guido D Albo, en dos actuaciones ajustadas.

Alamo pintó su cuadro con colores farsescos que, gracias a la buena mano de la dirección de Iris Pedrazzoli, no se contaminan con la caricatura. Para eso contó con el aporte de un buen elenco, en el que se destacan Guido D Albo (exacto y potente, como Hitler), Héctor Sinder (tan despiadado como ridículo, como Stalin), Ricardo Salas e Hilario Quinteros. A su vez, sobresalen el diseño de vestuario de Ana Clara Uhrich y la creativa escenografía de Salvador Aleo.

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