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Guía de colegios / Vigencia de la Escuela Nueva

La experiencia educativa que abrió un camino

Cultura

Un colegio de Capilla del Monte mantiene la pedagogía de las hermanas Cossettini, que pone al alumno en el centro de la práctica escolar

"Una de las mejores cosas que me pasaron en la vida fue asistir a la escuela Serena y tener una maestra como Olga Cossettini. Mi escuela primaria me abrió un camino, me enseñó a sentirme segura, a disfrutar de la naturaleza, la música y la lectura", dice del otro lado del teléfono desde Rosario, Amanda Paccotti, una de las ex alumnas de la escuela Carrasco, dirigida a principios del siglo XX por las hermanas Olga y Leticia Cossettini.

"Yo fui feliz en la escuela. Prácticamente, todos los días salíamos de excursión. Esto era muy criticado por la gente que pensaba que perdíamos el tiempo. Pero no era así", se la escucha decir a Patricia, otra ex alumna, en el excelente documental que Mario Piazza realizó sobre la escuela de la señorita Olga.

En una experiencia que bien podría aplicarse hoy, en esos paseos se aprendía, por ejemplo, matemáticas y ciencias naturales. "Medíamos el tiempo y la distancia contando las cuadras que había desde la escuela hasta un campo vecino. En la plaza veíamos la forma de los canteros y de las fuentes y calculábamos el volumen de agua que contenía la fuente. Aprendí tocando, experimentando, mirando la naturaleza", recuerda hoy, a la distancia.

Animarse a innovar

El movimiento que iniciaron Olga Cossettini y su hermana Leticia, llamado Escuela Nueva, rompió con los cánones de la escuela tradicional, enciclopedista, que tenía al castigo como recurso pedagógico y al maestro como centro de la institución.

Las hermanas Cossettini pusieron al alumno como centro del aprendizaje, aprendieron a escucharlo y observarlo, le dieron protagonismo, voz y voto; abrieron la escuela al barrio; se encargaron de impulsar un aprendizaje activo, fuera de las aulas y comprometido con la comunidad.

Las innovaciones fueron múltiples: en lugar de bancos en hilera las aulas se equipaban con mesas hexagonales donde se agrupaban los alumnos; en vez de contar con el típico timbre para llamar al recreo, la música era el indicio del comienzo del receso.

En vez de calificación clásica cuantitativa, las evaluaciones eran informes exhaustivos que los padres recibían para que supieran las fortalezas y debilidades de sus hijos. No se hacían comparaciones entre chicos y el énfasis estaba puesto no tanto en los resultados, sino en el camino de aprendizaje individual de cada alumno.

"Mi escuela primaria me marcó de por vida. Lo que más me ayudó en mis posteriores estudios y actividades, aún en la docencia universitaria, no fue la regla de tres ni el interés compuesto, las fechas de batallas o los nombres de próceres o ríos, sino aquel sistema de aprender investigando libremente dentro de un plan", agregó Armando Sarrabayrouse, otro ex alumno.

Generación marcada

La pedagogía que nació con la señorita Olga, una educadora culta, inteligente e innovadora, marcó positivamente la vida y el destino de quienes asistieron entre 1935 y 1950 a la Escuela Experimental N° 69 del barrio de Alberdi, en Rosario. Todos la conocían como la "escuela de la señorita Olga", un centro de enseñanza y aprendizaje que se proyecta a los tiempos de hoy, como tampoco se olvida al colegio Domingo de Oro, en Rafaela, cuya riqueza traspasó las fronteras de la provincia de Santa Fe.

La Biblioteca Popular del colegio era un centro de consulta y lectura para todo el barrio. "Olga abrió las puertas de su casa (vivía arriba de la institución), y de la escuela a la comunidad", insiste Paccotti, una de las actuales impulsoras de la pedagogía de la Escuela Nueva, también conocida como Escuela Activa.

En lugar de tratar a los estudiantes como grupo y homogeneizar la enseñanza, las maestras observaban a cada chico y lo seguían individualmente. Así, cada uno aprendía a su ritmo y según sus posibilidades.

"Esa comodidad le hace sentir al niño que la escuela es suya, que le pertenece y esto lo hace crecer en autonomía y responsabilidades", comentó una docente de la Cooperativa Educacional Olga Cossettini, de Capilla del Monte, en Córdoba, donde se desarrollan hoy los principios pedagógicos de la recordada docente.

En la escuela Serena el cuaderno de clase era propiedad del alumno y un documento que los docentes debían respetar, evitando invadirlo de correcciones.

La escuela nueva dio protagonismo al alumno; fomentó el autoaprendizaje y la autocorrección. El arte, además, dominaba la jornada escolar y formaba parte de lo cotidiano. Eran frecuentes en las escuelas las obras de teatro, la visita de personajes ilustres (Gabriela Mistral, Javier Villafañe, Juan Ramón Jiménez, quienes les leyó por primera vez Platero y yo), el teatro de títeres; los concursos de barriletes, las misiones culturales, el laboratorio de ciencias y el coro de pájaros donde los alumnos imitaban el silbido del gorrión, el canario o la paloma.

Era un aprendizaje activo, que aún hoy tiene vigencia, en medio del laberinto que encierra a la educación argentina. .

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