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Opinión

Moyano aún no se enteró de la crisis

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La noticia de que la crisis internacional puede afectar a la economía argentina deteniendo su ritmo de crecimiento, destruyendo puestos de trabajo y aumentando los niveles de pobreza todavía no llegó a la CGT. Allí siguen de fiesta. El consejo directivo de la central obrera sesionó ayer durante más de dos horas. Los discursos de los secretarios generales que lo componen tuvieron, con matices, el mismo tono: el colapso global es gravísimo pero la Argentina está a salvo por el sesgo aislacionista de la política económica que lleva adelante el gobierno de Cristina Kirchner.

La tesis se parece a la de los principales funcionarios del oficialismo cuando reconoce la existencia de una hecatombe que sólo debe ser observada por si tiene alguna consecuencia sobre el país. Como si se tratara de un gobierno de astrónomos. El corolario de esa concepción es que no haría falta, en principio, tomar ninguna medida desagradable para ponerse a salvo del clima exterior.

Entre los abanderados sindicales de esa visión hubo algunos más entusiastas que otros. Fue llamativo el fervor que puso en su defensa el secretario general de la UOCRA, Gerardo Martínez, quien cantó una larga alabanza al "gobierno de Néstor y Cristina". Como su aliado de siempre, Andrés Rodríguez (UPCN), Martínez festejó que el país esté aislado de la crisis. La novedad es que ayer también Armando Cavalieri se sumó a ese coro oficialista. En una especie de "canto a mí mismo", el secretario general del Sindicato de Empleados de Comercio recordó que él había advertido durante los años '90 sobre los males de la desregulación y el imperio del mercado. Curioso, nadie se acordaba de esa saga. Cavalieri aplaudió que ahora reine en el país un intervencionismo que defiende el papel del Estado.

Enemigo acérrimo de Hugo Moyano hasta hace pocos meses, el representante de los mercantiles vive ahora un romance con el camionero. A tal punto que el líder de la CGT le encargó el documento económico que se difundirá en el Comité Central Confederal citado para el martes que viene. Como las afinidades entre sindicalistas se vuelven pronto operativas, Cavalieri y Moyano ya planean comprar juntos el viejo edificio de la fábrica de galletitas Canale, frente al Parque Lezama. Esperan, claro, una ayuda del Estado para el emprendimiento. Para eso también debe servir el intervencionismo, claro.

La pasión kirchnerista del cónclave de ayer tiene varias explicaciones. La más prosaica -también la más importante -hay que buscarla en una Resolución N° 852 que firmó el Superintendente de Salud Héctor Capaccioli el 30 de septiembre: allí la CGT renovó y amplió su intervención en el manejo de los fondos de las obras sociales a través de una "comisión consultiva" que presidirá Oscar Mangone (Gas), secundado por Vicente Álvarez, Hugo Vecino (SMATA), Gerardo Chiaradía (UOM), Mauricio Pascuali (Estibadores), Horacio Acerreygor (Televisión), Jorge Soria (Comunicaciones), Carlos West Ocampo (Sanidad), Juan Zanola (Bancarios) y Cavalieri.

Cuando Capaccioli firmó esa resolución todavía no sabía si permanecería al frente de la Superintendencia: carente del apoyo de Alberto Fernández, buscó respaldarse en sus colegas sindicalistas en la pelea contra Graciela Ocaña. Los gremios agradecieron que se los siga teniendo en cuenta en el reparto de subsidios -muchos de ellos revocados por Ocaña-con las manifestaciones de oficialismo de ayer.

Pero sería un error pensar que esa verticalidad sindical se inspira sólo en una conquista corporativa. Al negar la posibilidad de una crisis local, Moyano y los suyos se reservan el derecho a insistir con mejoras salariales. "Vamos a continuar con las paritarias que estén abiertas y a pedir sumas fijas desde ahora hasta fin de año" adelantó ayer uno de los secretarios generales cercanos al camionero. No mentía: Smata mantiene su reclamo en la industria automotriz, el sindicato de televisión lanzó un paro ayer y la semana que viene hará lo mismo el de los trabajadores del gas. Cuando el titular de la Asociación Obrera Textil, Jorge Lobais, describió la pésima situación en la que se encuentra su sector, Moyano le recomendó: "Hablemos estas cosas entre nosotros pero no las digamos afuera". A pesar del consejo, el metalúrgico Juan Belén consignó que en su sector ya comenzaron la caída de producción y los despidos, por lo que "el reclamo salarial debería pasar a un segundo plano".

Hasta ahora la negativa a conceder mejoras salariales se expresó con énfasis sólo desde la UIA. Su presidente, Juan Carlos Lascurain, expresa a sus representados, entre los que crece el temor a un proceso recesivo cada vez más agudo. Pero también habla por boca de Julio De Vido, con quien mantiene una llamativa afinidad.

De manera oficial, el gobierno sólo atinó a convocar una reunión con Moyano, que Néstor Kirchner le encomendó al ministro del Interior, Florencio Randazzo. La intención era descartar el pedido de una suma fija de $ 500 para fin de año. Pero Moyano no concurrió.

A partir de los planteos de ayer, no debería sorprender que los funcionarios adopten un papel más activo en relación con los salarios. Si no lo hacen, los industriales pedirán que lo hagan. En la UIA, como en otras cámaras empresariales, elaboran una agenda muy distinta a la de hace 15 días: pedirán salvaguardas para las importaciones brasileñas, alentarán que se profundice la devaluación del peso, que ya está en curso, y tratarán de ponerse a salvo de los aumentos de tarifas que estudia el gobierno desde que descubrió que el Tesoro no puede solventar subsidios como antes.

Cuando el clima recesivo para el que se preparan los empresarios se vuelva más visible, tal vez los sindicatos cambien también de temario y, en vez de pedir aumentos de salarios, comiencen a exigir que se reponga la doble indemnización para los despidos. Por ahora, para la CGT, la fiesta continúa. .

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