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Un amor desbocado

En Body Art, dramaturga y director crean un mundo atractivo

Sábado 11 de octubre de 2008
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Body Art , de Sol Rodríguez Seoane. Con María Colloca, Ramiro Giménez y Sol Rodríguez. Escenografía y vestuario: Cecilia Zuvialde. Diseño de iluminación: Andrea Czarny. Dirección: Miguel Israilevich. Sábados, a las 23.30, en El Kafka. Duración: 65 minutos. En la Web: elsindromedelbodyart.blogspot.com. Nuestra opinión: buena

En Body Art dos personajes reconstruyen un vínculo amoroso entre una artista plástica con dejos vanguardistas y su asistente de perfil bajo, que, con el tiempo, irá ganando fichas hasta convertirse ella misma en otra artista con aires de modernidad, cierta cosa snob , disimulados toques mercantilistas y esa pizca de incomprensión permanente tan insoportablemente adorable. Así son estas chicas salidas de la imaginación de Sol Rodríguez Seoane, por cuyo trabajo obtuvo el premio Primera Obra, que organizaron Argentores y el Instituto Nacional del Teatro.

Como movimiento artístico, el body art , que en lo sesenta tuvo su momento de mayor auge, remite a los procesos artísticos en los que el artista en cuestión toma a su propio cuerpo como soporte de la obra. En ese sentido, a juzgar por la puesta, hay pocas conexiones entre el movimiento artístico como tal y la obra. A lo sumo, es posible pensar que el soporte de la obra es la memoria de estas especies de Thelma y Louise, la capacidad que tienen de recordarse y de confrontarse en el marco de una gran vernissage armada para desmontar el amor que las unió apasionadamente.

Colloca y Rodríguez Seoane, en acción
Colloca y Rodríguez Seoane, en acción.

En la puesta de Miguel Israilevich, el trabajo alcanza un buen ritmo y un cuidadísmo marco escenográfico que -junto al vestuario, la iluminación y las proyecciones- transforman el espacio escénico casi en una instalación en la cual las dos actrices, María Colloca y la misma Sol Rodríguez Seoane, logran desplegar una variedad de recursos actorales que sirven para que Elène y Aimée transiten una rica gama de matices.

Durante toda la obra, circula por allí un joven que podría ser una especie de álter ego de Andy Warhol (verdadero gurú de una de ellas) que sólo dirá algunos textos al final de la obra. Claro que -sea por lo desdibujado que está el personaje, por la marcación actoral o por la interpretación- pareciera no estar justificada su presencia en escena. De todos modos, si la apreciación fuera cierta, no palidece el resultado final de un trabajo a cargo de una dramaturga y un director que están haciendo sus primeras armas, y que con Body Art supieron crear un mundo sumamente atractivo en el cual el amor desbocado de estas dos desbocadas se contrapone con el atractivo minimalismo de la puesta.

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