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Hernando de Soto: "La crisis dolerá mucho en el Sur"

Para el reconocido economista peruano, ningún país escapará a los efectos de la crisis financiera porque todas las economías están hoy interconectadas. "Estornudó el gigante, estornudamos todos", resume. Y si bien traza un pronóstico pesimista de cara al futuro, la prioridad en la región, dice, es que los gobiernos encuentren formas para que la burbuja estalle de manera controlada

Domingo 12 de octubre de 2008
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LA NACION
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Insólitamente, el habitual predicamento del Primer Mundo parece haberse vuelto ahora su principal pecado. Como si fuera una irónica jugarreta del destino, la crisis financiera internacional que aporrea los fundamentos del capitalismo moderno en los países desarrollados surge a causa de lo que puede sonar como un trillado reclamo al llamado tercer mundo: "El enorme nivel de informalidad".

Este es el diagnóstico, "sumamente interesante pero pavoroso", al que arribó Hernando de Soto, economista peruano y presidente del Instituto Libertad y Democracia (ILD), uno de los dos centros de investigación más importantes del mundo según The Economist .

La falta de transparencia legal o la "opacidad" -como él denomina al fenómeno- en las transacciones con instrumentos financieros estructurados, en los que se involucraron las denominadas hipotecas subprime, derivaron en la imperante crisis de desconfianza y la actual contracción del crédito.

Para De Soto, considerado como el "latinoamericano más influyente del planeta" por las revistas Prospect y Foreign Policy , el mundo enfrenta un temblor peor al vivido durante la Gran Depresión de 1929 y más parecido al que golpeó al capitalismo en 1873. En este sentido, el economista peruano prevé una recesión que tendrá consecuencias de largo plazo. "Nuestra forma de vivir va a cambiar radicalmente. Todas las agendas, cualesquiera que sean, tanto de personas como de gobiernos, van a ser irrelevantes en una o dos semanas", pronostica este ex funcionario de Alberto Fujimori, quien hoy abrirá en esta ciudad la Conferencia Anual 2008 de la Asociación Internacional de Abogados.

"Estornudó el gigante, estornudamos todos", señaló De Soto para describir la interconexión mundial. Y pese a que estimó que América latina goza todavía de una economía "extralegal" que puede, en algún punto, desenchufarse de la crisis, admitió que el cimbronazo dolerá -y mucho- en la región.

-Después de las medidas tomadas por el Tesoro de los EE.UU. y la Reserva Federal, los mercados no han reaccionado. ¿Cree que es irreversible el arribo de una recesión mundial?

-Es tan grande la burbuja que habrá consecuencias de muy largo plazo. El Banco Central de Inglaterra estima que durará más de cinco años, mientras la Fed habla de dos. Lo cierto es que no sabemos exactamente qué pasará. Pero sí lo que ocurrió: hemos salido del patrón de derechos de propiedad registrados, que es el que nos indica quién tiene la deuda y de qué tamaño es. Los marcos legales o sistemas de propiedad, al dar información, permiten inferir cuáles son buenas o malas apuestas. Además, así se mide el exceso en el mercado para saber quién carga el bulto. Hoy se han creado lo que podríamos llamar títulos de propiedad superabstractos. Hay un documento legal sobre un activo al cual se le agrega otro paquete legal que puede ser una hipoteca, que carga el valor de ese activo, y éste se empaqueta, a su vez, en otro nivel de abstracción, habitualmente sobre un instrumento securitizado. Y esto sigue y sigue. A partir de los dos niveles de abstracción ya no hay registros o información. Por eso, nadie sabe quién tiene y qué cantidad de papeles tóxicos. Esto lleva a la desconfianza y, parafraseando a Milton Fridman, se llega a lo que se llama la contracción de crédito. La forma de cooperar entre bancos, industrias, etc. está quebrada.

-Como economista, ¿cómo vive este momento histórico? ¿Cuáles cree serán las consecuencias?

-Esperaba que la credibilidad se recuperara con las grandes manifestaciones de fuerza de los países centrales. Parecía que el paquete de US$ 800.000 millones de dólares podría proveer confianza. Pero se ha extendido en el mundo una noción de que los gobiernos no tienen los recursos para salvar a un mercado que ya es más grande que los recursos que posee el mismo gobierno. Irlanda garantizó los ahorros de todo el mundo en ese país, pero resulta que los ahorros son cinco veces su PBI. La pregunta es: ¿de dónde va a sacar esos recursos si todos quieren salir de los bancos? Tendrían que emitir dinero y entraríamos en una crisis inflacionaria. Esto tiene olor a un reajuste muy grande, que obligará a todos en el mundo a coordinar acciones. Es bastante claro que nuestra forma de vivir va a cambiar radicalmente, que todas las agendas, cualesquiera que sean, de las personas y los gobiernos, van a ser irrelevantes en una o dos semanas. Hay que replantearse el mundo. No sabemos si los ahorros serán respetados, si los activos tendrán valor, o en qué momento recuperarán su normalidad. En el fondo, hay también una crisis de información.

-Ante la magnitud del actual temblor global, ¿es comparable esta crisis con la de 1929?

-Todos los indicios demuestran que es una crisis mayor. Entre la gente con la que consulto se debate incluso si se parece más a la de 1929 o la de 1873, que fue aún peor. No me gusta dar malas noticias, pero todo parecería indicar que hay un quiebre de confianza importante y que nunca hemos estado tan interdependientes. Nos conectan inversiones, bolsas de valores y la división internacional del trabajo. Estornudó el gigante y ya estamos estornudando todos. Por eso, todo indica que es algo para tomar muy en serio y que nos podría perjudicar durante mucho tiempo.

-Pero las economías han crecido en la cantidad de instrumentos disponibles, ¿cómo es posible que hoy no encuentren una salida a esta crisis?

-Es que lo que ha ocurrido es algo sumamente interesante si no fuera tan pavoroso. Los 2000 millones de personas que manejan la economía con valores compartidos, la economía globalizada, crearon un sistema de valores representativos, entre ellos los bonos subprime, que dejaron de ser registrados como deberían. La propiedad es un sistema legal cuyo objetivo es, según normas de derecho, dar claridad a la relación entre los sujetos y los objetos con los que la gente trabaja en el mundo. Este mundo que maneja los valores globalizados comenzó a crear un título de propiedad opaco, que ya no representa los valores sobre los cuales está anclado. El sistema de propiedad pasó de un sistema certificado por normas avaladas por el Estado, a manos de banqueros o especuladores que emiten certificaciones a las que no pueden responder. Esta es una quiebra del sistema de propiedad. Lo que ocurrió en el mundo globalizado es que entraron en un nivel de informalidad enorme. La informalidad es la falta de formas que los representan. Occidente se olvidó de qué es lo que verdaderamente le otorga superioridad: la base de su éxito no es una ventaja cultural, sino un mejor sistema legal, una seguridad sobre la propiedad que les permitía hacer transacciones transparentes, una serie de instituciones a las que no hemos dado importancia en el sur.

-¿Cómo impactará entonces la crisis en América latina?

-Hay dos factores. Si yo pienso en un país indoamericano como el mío, hay una economía extralegal, por lo tanto, no está directamente enchufada a la economía global. Ya sabe cómo convivir fuera del enjambre de conexiones entre anónimos. Por otro lado, nadie está totalmente desacoplado. Evidentemente, nuestros países van a sufrir lo que ha ocurrido. La crisis dolerá mucho en el sur. Habrá que rediseñar el sistema a la luz de sus fracasos. Los países tendrán que encontrar una forma de que la burbuja estalle de forma administrada y controlada.

-¿Cuál debería ser la reacción de los gobiernos de la región ante tal cimbronazo?

-La labor de los políticos va a ser sumamente importante. Van a tener que aprender a administrar el desasosiego. La gente va a pensar que, al principio, esta es una crisis de la que no se sale. Aquí el liderazgo será muy importante. A medida que entren los datos y que la información se consolide, habrá que encontrar salidas y comunicar a todo el mundo por dónde se rompió la pita. Se buscará a los culpables, una serie de ingenieros financieros cuyos ingresos, esos sí, están bien registrados. Será muy importante encontrar una manera no violenta, civilizada, de hacer las correcciones.

-Después de varios años de crecimiento en América latina, ¿se ha perdido la oportunidad de alcanzar lo que los economistas denominan desarrollo?

-No, yo creo que las crisis tienen la enorme ventaja de aterrizarnos para poder pensar bien. Esa idea de incorporar a todo el mundo a la sociedad está muy ligada a la democracia, y ahí no hemos avanzado mucho. En otras palabras, las reglas de juego son producidas por políticos y estos grupos en varios países del mundo hace tiempo que están desvinculados de sus bases. Además, no aparecen normas para que la sociedad controle, lo que hace a la calidad del gobierno. Otra vez aparece la opacidad.

-La Argentina anunció el pago al Club de París y la reapertura del canje de su deuda para conseguir financiamiento externo. ¿Será posible colocar algún bono en este contexto?

-Todas las agendas planteadas van a ser irrelevantes dentro de días, semanas o meses. En este momento, no hay liquidez internacional. Yo me temo que todo va a tener que ser replanteado. En todo caso, si fuera ministro de Economía, esperaría a ver qué pasa.

-Usted fue parte del gobierno que terminó con la hiperinflación en su país, ¿cree que los acuerdos de precios sirven para contener la suba de precios? ¿Qué opina de la manipulación de las estadísticas públicas?

-No creo en los controles de precios. Medidas de ese tipo debe ser de muy corto plazo. La manipulación de datos es, de nuevo, la opacidad. Si eligió la economía de mercado, se necesita saber qué es lo que ocurre. Una enorme parte del éxito de esta economía es no sólo gozar de sus éxitos, sino también conocer sus fracasos. Aprender de los errores, qué es lo que no hay que repetir. Esos fracasos nos permiten ajustar. Los precios son símbolos, son el lenguaje del mercado.

El perfil

Libertad y Democracia

Hernando de Soto nació en el estado peruano de Arequipa, en 1941. Es presidente del Instituto Libertad y Democracia, considerado como uno de los think tanks más influyentes del mundo.

Su paso por la política

Fue funcionario de Alberto Fujimori a partir de 1990 en el área económica. Renunció dos meses antes del "autogolpe" del 5 de abril de 1992. El otro sendero. La respuesta económica al terrorismo y El misterio del capital son algunos de sus libros.

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