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El desafío de convivir con chicos inquietos

Un estudio revela que muchos no necesitan tratamiento

Sábado 18 de octubre de 2008
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LA NACION
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Son las cinco de la tarde y desde la puerta de la escuela se escucha el timbre que anuncia la hora de salida. Los gritos de los chicos se confunden con los de las maestras que piden silencio en el patio, mientras tres madres jóvenes dialogan con una abuela, como pidiéndole consejos sobre un problema común: cómo lograr que los chicos se queden quietos aunque sea un minuto y ellas no se sientan desbordadas.

"Es como si tuvieran hormigas en el cuerpo...", dice la abuela con una sonrisa, mientras se apura a recibir a su nieto de primer grado y atender el pedido de la maestra: "Lleva una nota en el cuaderno; tengo que hablar con los padres. ¡Está insoportable. No para de moverse en clase!"

Cada vez más padres, desbordados por la conducta hiperactiva de sus hijos, llegan a las consultas con psicólogos y psicopedagogos en busca de una terapia que les asegure la calma en el hogar. Sin embargo, no siempre se trata de un problema en los chicos. La ansiedad, el estrés y la angustia de los adultos puede ser una parte importante del problema.

Un estudio de la Fundación Aiglé, una organización no gubernamental que se dedica a la investigación y la capacitación en salud mental, demuestra que el 70% de los chicos considerados ?insoportables? tienen un comportamiento totalmente normal para la edad y no necesita terapia ni medicación. En un 20% de ellos, basta alguna orientación a los padres.

?Es normal, por ejemplo, que un bebe de un año de vida toque todo, abra todos los cajones y se mueva porque está en pleno estallido la etapa de la exploración en su desarrollo. Pero si eso ocurre en un chico de 12 años, es una conducta que justifica la consulta?, puso como ejemplo la doctora en psicología Edith Vega, coordinadora de actividades docentes de la Fundación Aiglé.

Para la especialista, es llamativo que hayan aumentado las consultas de padres preocupados porque sus hijos, de entre 2 y 4 años, son difíciles de controlar. ?Por un lado ?dijo?, los chicos son muy sensibles y reaccionan a la exposición a un entorno social más amenazante y atemorizante social, pero por el otro está la dificultad en los adultos de poder enfrentar esas conductas. Es normal que los padres se sientan frustrados y agotados.?

La psicopedagoga Ivana Corrado, de la fundación, coincidió en que si los padres tienen una inquietud sobre la conducta de un hijo, puede ser muy útil consultar con un profesional, pero aclaró enfáticamente que eso no implica que ese chico tenga que recibir psicoterapia o medicación.

?En nuestra sociedad hay una cultura de la psicologización de los problemas, cuando en realidad no toda consulta debe terminar en una terapia ?comentó?. Muchas veces, en hogares donde el padre está muy estresado y la madre pasa muchas horas fuera de casa, los chicos piden como pueden que se les preste más atención.?

¿Cuándo un chico puede ser considerado ?insoportable? por los adultos? Según la psicología Paula Preve, de la Red de Profesionales de la Fundación Aiglé, el límite es cuando en casa o el aula la pregunta surge naturalmente. ?En ese momento se puede hacer una consulta y el especialista deberá descifrar la vulnerabilidad biológica del chico, pero también la vulnerabilidad del grupo familiar al estrés.?

Como bien lo explicó la especialista, no es lo mismo una escuela sin lugar adecuado o suficiente como para que los chicos jueguen cómodamente en el recreo, que una escuela con mayores recursos físicos. Como tampoco todos los chicos responden por igual a las exigencias que se les plantean: uno puede sentir mucha necesidad de moverse, otro de estar más tranquilo, otro percibir más estímulos que sus hermanos o amigos, o bien necesitar que le expliquen algo varias veces.

?Todo esto también debe formar parte de la evaluación?, agregó Preve.

Una tendencia riesgosa

Etiquetar a los chicos como ?insoportables? o con mala conducta esconde, según las especialistas consultadas, un grave riesgo para la salud mental y orgánica de los chicos. Las más graves son la medicación innecesaria y el diagnóstico apresurado e improvisado del trastorno de déficit de la atención con hiperactividad TDAH.

?Consultar porque un hijo es demasiado inquieto es una tendencia que vemos que va más allá del hogar: se está extendiendo a los establecimientos educativos y a los consultorios pediátricos. Se llama enseguida a los padres y se le hace a los chicos un diagnóstico rápido y muy orientado al déficit atencional. Esto es un problema muy grande?, dijo la licenciada Miriam Mazover, directora de Centro Dos.

Ante esta situación, una segunda opinión o una interconsulta es lo más indicado. ?Es muy probable que si la consulta la recibe un profesional ético y responsable, la inquietud de los padres termine con una orientación para calmar la angustia y la ansiedad que le trasladan a los hijos ?dijo?. Lo mismo ocurre con la angustia, el desborde y la ansiedad en la escuela. La mayoría de los chicos son revoltosos y ansiosos porque sus padres y el medio educativo también lo son.?

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