Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

"Debemos intentar salvar la producción y no los bancos"

Lo afirma Roberto Mangabeira Unger, ministro de Asuntos Estratégicos de Lula

SEGUIR
LA NACION
Miércoles 22 de octubre de 2008
0

BRASILIA.– Bajo el sol sofocante, las chicharras aturden. Parecen quejarse, como los empresarios en plena crisis financiera. No hace lo mismo Roberto Mangabeira Unger, el hombre que eligió el presidente Luiz Inacio Lula da Silva para pensar el futuro de Brasil. Dice que, después de la crisis, los países de la región tendrán la posibilidad de acoplarse a un nuevo orden mundial para un verdadero desarrollo.

Ministro de Asuntos Estratégicos desde hace un año y medio, filósofo, jurista y profesor de Harvard, los consejos de este carioca de 61 años que habla con acento norteamericano acaso hayan influido en uno de sus alumnos predilectos de la universidad: el candidato presidencial Barack Obama, de quien dice: "Es más progresista de lo que se muestra".

Respetado como intelectual, Mangabeira Unger se declara de izquierda, pero algunos de sus conceptos pueden resultar sorprendentes. Dice que los bancos centrales de la Argentina y de Brasil no deberían perder el tiempo sosteniendo el valor de sus monedas, que las naciones que progresan en el mundo son las que siguen el libre mercado, pero con herejías, que el New Deal fracasó y que él les hubiera soltado la mano ?tranquilamente? a Lehman Brothers ?y a varios bancos más? para destinar los famosos 700.000 millones de dólares a actividades productivas.

"El sistema financiero no está al servicio de la producción y de la economía real", dice Mangabeira Unger
"El sistema financiero no está al servicio de la producción y de la economía real", dice Mangabeira Unger. Foto: O Globo

El ministro tiene un plan para el Mercosur. Se reunió en estos días con dirigentes argentinos ?entre otros, el vicepresidente de la Unión Industrial Argentina, José Ignacio de Mendiguren? para diseñar una agenda común y viajará el mes próximo a Buenos Aires.

-¿Qué les puede pasar a la Argentina y a Brasil?

-Sería un gran error enfocar nuestra atención en las manifestaciones de esta crisis. Es natural que haya preocupación por la caída del real, porque va a complicar las relaciones comerciales entre ambos países. Pero sería una pérdida de tiempo y de dinero de nuestros bancos centrales intentar manipular nuestros tipos de cambio. Es una batalla que vamos a perder contra los mercados.

-¿Está mal que intervengan los bancos centrales?

-No estoy diciendo que tenemos que cerrar nuestros bancos. Hay una tarea coyuntural, pero su foco no es manipular la tasa de cambio: es mantener el nivel de crédito, sin prejuicios ideológicos. Como está haciendo Estados Unidos, que demuestra una vez más que ellos son libres de los prejuicios ideológicos que les recomiendan a otros. Nuestra respuesta a esta crisis debe ser encararla como una invitación a construir un nuevo modelo de desarrollo juntos. Veamos lo que ocurre con el Mercosur y con la Unión Sudamericana. Les faltan corazón y cerebro. Queda claro cuando los comparamos con la Unión Europea. La esencia de la UE no es el comercio ni el dinero: es un ideario. Y eso nos falta, porque nosotros dedicamos el 90% del tiempo a debatir cosas materiales: comercio e interacción logística y energética; 9% a discutir la posibilidad hipotética de instituciones comunes, y menos del uno por ciento a discutir ideas.

-Ya veo por qué lo acusan de idealista.

-Yo no veo cómo cambiar el mundo sin ideas. Las ideas solas no cambian el mundo, pero sin ideas no se cambia el mundo.

-¿Y en la Argentina y en Brasil no lo sabemos?

-Nosotros creemos que estamos siendo prácticos cuando tratamos sólo de cosas materiales. Y con eso fundamos un pragmatismo antipragmático. No tenemos un proyecto desde mediados del siglo XX. En las últimas décadas hubo dos grandes lecciones. La primera es que quien avanzó fue quien se abrió al mercado y al mundo. La segunda es que los que avanzaron fueron los que, al abrirse al mercado y al mundo, lo hicieron de una forma herética respecto del mapa diseñado por las autoridades económicas, políticas y académicas de los países ricos. La parte del mundo más obediente, que fue América latina, fue la que más sufrió.

-¿Quiénes fueron heréticos?

-China, la India y Rusia siguieron las instrucciones sólo parcialmente.

-Disculpe, pero son países que empezaron a desarrollarse cuando se abrieron al capitalismo.

-Sí, pero lo hicieron de forma heterodoxa. Nosotros somos los más obedientes. Y la lección de la historia es que los obedientes son castigados y los rebeldes pueden ser premiados. En los últimos años, la Argentina y Brasil siguieron caminos diferentes. La Argentina tuvo un rapto de rechazo tras la convertibilidad. Eso creó un margen de maniobra para formular una estrategia de desarrollo. ¡Pero no es una estrategia de desarrollo contentarse con organizar una transferencia forzada del excedente agrícola para financiar el consumo urbano! En Brasil, nosotros seguimos otro camino: lograr la confianza financiera tolerando una tasa de interés muy alta y, por lo tanto, un crecimiento económico muy bajo. Mire lo que pasó: la Argentina y Brasil partieron de dos puntos de vista distintos que nos llevaron al mismo lugar. Fueron tácticas, no estrategias. La esencia del problema es organizar el crecimiento socialmente incluyente. Tenemos que organizar una economía de guerra sin guerra. Hay que promover el ahorro interno. Los capitales externos financieros son útiles en tanto y en cuanto no se dependa de ellos. Tenemos que tomar una parte de la ortodoxia y rechazar la otra. Mantener el realismo fiscal: no se puede gastar más de lo que se gana. Eso vale para los privados y para el Estado. Eso significa tolerar impuestos aparentemente regresivos, como el IVA. Las izquierdas, en general, no comprenden que lo que determina el sentido progresista de un sistema tributario es mucho menos el diseño que el nivel agregado de la receta pública y la manera de gastarlo. Ese es un enigma que las izquierdas no comprenden.

-Usted se considera de izquierda, pero muchas de sus ideas parecen de la escuela de Chicago?

-No, no soy de Chicago. Yo me considero un radical y un izquierdista, pero ésos son rótulos, interpretaciones. Vamos a ubicar primero el contenido.

-Si hubiera sido Bush, ¿habría aplicado el rescate?

-No en esta forma. Algo tenían que hacer, pero había más de una manera de resolver el problema: es una fantasía ideológica imaginar que si no se hubiera rescatado así habría sido un desastre. Se dice que Roosevelt recuperó la economía americana con el New Deal: no es verdad. La depresión siguió toda la década del 30 y se agravó violentamente después.

-¿El New Deal fracasó?

-Todos los programas de Roosevelt fracasaron, pero el New Deal como un todo fue un gran suceso. No es verdad que Roosevelt recuperó a Estados Unidos con el New Deal. Lo que hizo fue democratizar la economía, aún deprimida. Y lo que recuperó la economía americana fue la guerra, porque generó una producción forzada de recursos nacionales. Democratización primero y recuperación segundo. Fue trabajo, no alquimias financieras. Entonces, ahora, volviendo al rescate, sería muy bueno que se colocara el dinero del Estado no en el rescate de los financistas sino en oportunidades para los emprendedores, para la economía real.

-Lo que consiguió la guerra en su momento.

-Exacto, lo que hizo la guerra.

-Supongamos que esos 700.000 millones no hubieran ido a los bancos. Se hubieran caído...

-Eso es lo que quería la mayoría de la gente.

-¿El dinero hubiera ido a actividades productivas?

-No automáticamente. Lo que yo digo es que el Estado podría haber encontrado otra forma. Es falso, es un dogmatismo, es un mito imaginar que es el único camino. Había otros, como una asociación estratégica entre el Estado y los productores. Y dejar que el sistema financiero se fundiera y fuera reconstruido. La idea apocalíptica de que con el fin de los bancos hubiera desaparecido la economía real es un argumento antojadizo formulado por ese sector.

-Usted hubiera dejado que se cayera Lehman Brothers...

-Sí, claro, y muchos otros...

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas